Alejandro Aura

Mis poemas y otros escritos.

Archivo de 23/01/08

A propósito de desayunos

Publicado por aura en Miércoles, 23 Enero, 2008

Estoy humildemente sentado en la cama articulada escribiendo la página que habrá de justificarme el día de hoy y esperando a que Milagros me avise que ya está el desayuno. La veré pasar por el pasillo con la bandeja cargada de platos y la seguiré hacia la mesa del salón donde nos sentaremos a desayunar y a charlar de los acontecimientos de la noche. O me llamará a la cocina diciéndome que ya está servido, porque también existe la opción de desayunar allí. Tantas minucias tiene el transcurso de la noche que aunque durmamos uno junto al otro, cada cuerpo percibe de manera diferente lo que sucede en esas horas en las que la razón no actúa y la memoria tiene sólo una puertecita para recibir datos que después habrá de procesar. Aparte del buzón de los mensajes cifrados del sueño. Qué lejanas suelen estar las personas cuando están dormidas. Se necesita el soplo de la vigilia para saber que se está junto a alguien, porque de otra suerte ni siquiera sabe uno que está solo. Caes y la caída es tan profunda que no se nota hasta dónde llega; si no fuera porque mientras vivimos despertamos…

Si todo es como debe ser habrá una chirimoya lista para comerse; ayer me pareció que en la canasta de la fruta una de las tres se ofrecía ya como candidata diciendo que tenía las mejores intenciones, que le diéramos su oportunidad, que aunque la viéramos desaseadita le podíamos tocar la consistencia y juzgar por nosotros mismos –yo, la verdad, si me animé a tocarla-; habrá una rebanada de papaya, que es fruta que poco se come en España pero en el desayuno mexicano es indispensable, y qué distinta es ahora, de otro sabor y otro color que las papayas de mi infancia, aquellas enormes papayas amarillas de antes de la ingeniería genética que maduraban con el calor de las miradas de deseo; piña, plátano, fresas; habrá alguna manzana pero no sé si repita porque anoche me comí una. Y tomaremos una taza de té; de esas mezclas que cada vez le quedan más exquisitas a Milagros: rojo, negro, verde y especias, y comeremos un bizcocho o una rebanada de pan negro alemán con miel o con mermelada de naranja amarga.

Lo que de plano se alejó del horizonte de mis desayunos son los platillos salados: huevos, chilaquiles, quesadillas, peneques (no, peneques en España, ¡qué esperanzas!), molletes o aquellos bistecitos encebollados con los que me sentía listo para lanzarme a conquistar el día, ya no, ahora son antojos de la noche. Cuando lo pienso siento nostalgia por los desayunos de ciertos años de mi vida en México, los diez últimos sobre todo. Me veo a mí mismo, recién bañado, enérgico, contento, vestido para la batalla, desayunando en aquella vajilla preciosa de Uriarte y charlando con alguien en el comedor luminoso de la casa de Tiépolo, con un apetito de tractor. Y ahora que lo digo no sé ya si de lo que tengo nostalgia es de los desayunos o del vigor con que los disfrutaba. Pero bueno, ese vigor en general no ha cambiado, lo que ha cambiado es la composición del desayuno; cada país tiene sus hábitos, ¿verdad?

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La persecución

Publicado por aura en Miércoles, 23 Enero, 2008

LA PERSECUCIÓN

1

Te persigo con muy escaso tino;
no soy buen cazador
pues de entre mis propias armas
te escabulles doliente
y me gritas de lejos que te escapas.
Mañana pondré siete veces más trampas
y procuraré que no queden resquicios;
atacaré de frente y con venablo;
si logras evadirte
no dejes de tirar en algún lugar visible
tu pañuelo.

2

Te persigo para que vengas
a mi casa de juglar indeciso.
Tuve una amante en días pasados
cuyos senos abundantes
se me escurrieron de las manos,
pero he cambiado las sábanas
y renovado las flores de mi casa;
abrí las cortinas
y compré latas de leche
y un tarro grande de miel.
También tengo un libro para ti,
quiero que vengas a mi cuarto por él.

3

Te persigo para despedazarte;
cuando me miras
se me afilan los dientes y las uñas;
tus carnosos labios
también son tu enemigos,
me despiertan una falárica de aguda punta
que anoche estuve en un tris de sacar a relucir.
Cuídate mucho, Teresa.

4

Te persigo con rosas y palabras gentiles
y sé que acabarás
desnuda e indefensa
en un gustoso campo de derrotas.
Allí mismo destilaré el licor de tu alma,
lo verteré en odres previamente entibiados al sol
y lo beberé;
te beberé, muchacha.

5

Te persigo en vilo;
anoche mostraste voluntad
al decirme que no;
tampoco el acometiente de amor
tiene los pies en la tierra.

6

Te persigo
para que te sientas perseguida
y tus hermosas piernas ágiles
conserven esa prisa
que ha de traerte a mi casa
a conversar conmigo
de gustos, de razones,
de zonas de la piel…

7

Te persigo para envolverte
en el resguardo de mis manos,
para que nadie te toque
mientras seas mi amiga,
para quitarte los zapatos
con cuidado.
Hoy traías una blusa tan ligera
que también sentí necesidad
de proteger tu pecho.

8

Te persigo suavemente
para no ahuyentarte, gacela;
donde tú te detienes
me detengo,
si husmeas el redroviento
me disfrazo de flor
pero detrás de aquellos matorrales
donde irás a beber agua
te está esperando sonriente
mi guarida.

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