Alejandro Aura

Mis poemas y otros escritos.

Archivo de 3/02/08

La defensa es el ataque

Publicado por aura en Domingo, 3 Febrero, 2008

En el manual universal de la defensa hay capítulos curiosos: una compañera temperamental, cuando llegaba tarde a los ensayos de teatro tenía la estupenda táctica de entrar de mal humor, de modo que a todos inhibía para reclamarle porque conocíamos sus groseras respuestas y no nos gustaba la idea de pelear con ella porque la queríamos. Yo no soy jugador de ajedrez pero en ese juego hay tácticas de defensa inagotables según sé. Y en política también. La Conferencia Episcopal Española, sin que nadie la llamara a intervenir, citó a una rueda de prensa y orientó el voto de los españoles para las próximas elecciones a favor, aunque sin decirlo explícitamente, de la derecha y lo desaconsejó, aunque sin decirlo explícitamente, para el partido de lo que aquí se llama izquierda. No hay más partidos con posibilidades de gobernar. Como la iglesia católica tiene en España privilegios inverosímiles para un país occidental moderno, el gobierno reaccionó diciendo que le parecía injusto lo que habían dicho. Cosa que a los obispos les sonó a insulto inaceptable y claman que están siendo atacados por un gobierno intolerante y represor. Y el partido de la derecha, claro, abona el terreno. Digamos que el gobierno, hasta donde se va viendo, cayó en el garlito.

La cosa es calcular qué tanta fuerza tiene el gobierno y sobre todo, hasta dónde la tienen los sectores progresistas del país, que lo votaron en las anteriores, para enfrentar a esa derecha casposa, retrógrada y agresiva que se está levantando por los fueros que la democracia le ha quitado, o ha dejado en stand by a partir de una transición en la que la derecha franquista pactó pero no fue derrotada. En los gobiernos del periodo democrático, después de la consolidación económica y política con Felipe González, la derecha tuvo ocho años con Aznar en el poder para hacerse a la idea de que había vuelto a donde tenía que estar, a recuperar lo legítimamente suyo, por eso fue tan desgarradora e inaceptable para ellos la derrota a manos del PSOE en las elecciones pasadas y por eso resulta tan virulenta y agresiva la campaña como ha sido la oposición durante toda la legislatura. Zapatero se cansa de buscar buenas maneras para desactivar las crispaciones y el PP, auxiliado por la iglesia y por una inenarrable asociación de víctimas del terrorismo, encuentra en todo nuevos motivos de acusación y rechazo.

Y seguirán hasta donde vayan sintiendo que esa parte bronca, cerrada y altanera de los españoles les de alas para seguir. Sólo los viejos se acuerdan de la Guerra Civil, y lo que recuerdan es que derrotaron a los rojos; los que nacieron durante el franquismo quieren olvidar la dictadura, que nada bueno les recuerda, y los que nacieron después, que son los que ahora empiezan a votar, no tienen idea de que aquí hubo una Guerra Civil. A la hora de pactar para la transición, las fuerzas progresistas aceptaron echar tierra sobre el pasado y volver a él puede costar sangre. Como yo no soy político no sé lo que convenga hacer pero dan ganas de que ahora que gobiernan y les ha ido bien, sacaran la casta y le pusieran un hasta aquí a esa derecha pre democrática y sobre todo a esa iglesia de siglos pasados que tantos dolores de cabeza le puede dar todavía a España. No está fácil, claro, pero la amenaza de otra guerra o de una dictadura disfrazada tampoco es baba de perico.

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Memoria de Tlatelolco

Publicado por aura en Domingo, 3 Febrero, 2008

MEMORIA DE TLATELOLCO
a Andrea Huerta, sobreviviente

El día de la ciudad no tenía precio,
se dejaba caer amablemente sobre los buenos y los malos;
no había historias en común,
cada quien descansaba de su terrible eternidad
disimulando.

Sucedía el yesero al albañil,
el carpintero al albañil,
el pintor al albañil
y al albañil el habitante.
Y el habitante era sencillamente un profesor,
un viudo, una muchacha amante, un vendedor de cosas,
un púgil esforzado, una católica morena, un tío…

Y la noche en la ciudad,
la noche veleidosa en los zaguanes,
la noche del heredero de la sangre
que camina y camina su melancolía
por el viejo jardín,
era la noche civil del sueño devengado.

El velador de la pirámide me dijo
que de noche
se levantan las ánimas
de los primeros tlatelolcas
a preguntar los apellidos
de los nuevos respirantes
de estos aires.

Ay, el veneno incubado durante un largo año
en mi corazón;
ay, el fruto de la semilla sembrada a fuego
en mi corazón;
ay, el pabilo triste de mi triste corazón.

Era el dos de octubre de mil novecientos sesentaiocho,
Pedro de Alvarado, el Presidente, o Dios,
o quien les dé la gana,
cercó la plaza
harta de gentes que danzaban al son de la palabra.

Arriba, desde los helicópteros,
estalló el último sol nocturno
y las estrellas cayeron a millares
sobre los cuerpos asombrados.

Los aires promovieron entonces
cuarenta minutos de azahares
para las novias de los muertos
(en las julias azules hacinaban los cadáveres),
cuarenta minutos de azahares
para los desesperados
(porque las balas entraban en el punto justo de la paz),
cuarenta minutos de azahares
para los estudiantes,
para callar las bocas
enormemente abiertas
de los vivos,
para toda condición humana,
para los vigilantes del orden y concierto
de toda esta desgracia;
cuarenta minutos de azahares
para los fusiles,
ebrios de pura pirotecnia,
en la maldita,
en la maldita noche
tlatelolca.

Dicen que fue mentira,
pero Bernal Díaz,
mi maestro,
tomaba fotos
para la historia,
con el corazón
despedazado.

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