Alejandro Aura

Mis poemas y otros escritos.

Celebración de Baco

Posted by aura en Sábado, 18 agosto, 2007

Yo creo que ya alguna vez les conté en estos mismos anales que en casa bebemos cotidianamente un vino que nos recomendó hace años una amiga de Milagros y que guarda una magnífica relación calidad precio. Es un vino de la región riojana de Labastida, en la frontera con el País Vasco; tiene como inconvenientes que lo venden sin etiqueta, como si fuera hechizo, que no tiene denominación de origen y que sólo me mandan el pedido a casa si pido al menos diez cajas. Pues las pido, qué me duran. De tres a cuatro meses y vuelta al pedido. Cuando estaba aquí María Cortina se llevaba una o dos cajas de cada entrega y eso nos aminoraba la culpa; ahora cargamos con ella solos. Pero si se piensa bien, no es tanto, ciento veinte botellas; si abres una cada día para comida y cena –porque nosotros, al contrario de lo que aquí se acostumbra, comemos y cenamos en casa casi todos los días- tienes abasto para cuatro meses, pero no faltan los días, por fortuna, en que los amigos nos acompañan y entonces se descorcha otra botellita u otras dos…

Y andándonos, pues, paseando por esos alegres campos, vi de pronto anunciado en carretera el camino a Labastida. Veníamos por una tierra feraz, copiosa de viñedos orgullosos de sus racimos que pronto se vendimiarán y revelarán su secreto; será el agua del Ebro, serán las pendientes onduladas del paisaje, será la mano de los que siembran o será el sereno pero el caso es que cada año el vino sale distinto. Ojalá que este año sea uno de los grandes; cantemos y glorifiquemos a Baco. Oh Bromio, Bromio, escúchanos loarte a los que andamos por la carretera a cien por hora en promedio por lo que en menos tiempo abarcamos más, para celebrarte, el territorio donde despliegas tu poder divino; que tus bacantes alegren tus gustos y te hagan sabrosos sacrificios y homenajes y tu alegría perversa y carcajeante toque estos campos para que sean óptimos sus frutos y su sabor te halague y al encantarnos celebre tu poder.

Perdone, señor, ¿usted sabe en dónde quedan las bodegas Ibisate? Nos anduvieron trayendo para un lado y para otro del pueblo hasta que dimos con ellas. El propio señor Ibisate está afuera cortando unos sarmientos. Hola, señor; nosotros somos unos clientes suyos de Madrid que le compramos por teléfono desde hace como cinco años; andábamos por aquí paseando y decidimos buscar su bodega para conocerla. Ah, pasen, ¿van a llevar vino?, metan el coche para no cargar. Y nos baja a la bodega; nos abre dos botellas distintas para que probemos; nos habla del oficio; le compramos una caja de una cosecha tal que nos recomienda luego de dárnoslo a probar; hmmm, delicioso. Bueno José Mari, pues nomás pasábamos; en el próximo pedido que te hagamos te encargaremos unas cajas de éste y otras del de siempre. Venga, que les vaya bien. Seguro con éste –se refiere a Fernando con quien ya hizo rápidas migas- no se aburrirán en el camino. No, Josemari, nosotros jamás nos aburrimos; tenemos la alegría metida en el forro de los entusiasmos. Hasta la próxima.

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