Alejandro Aura

Mis poemas y otros escritos.

Los dulces de mi vida

Posted by aura en Domingo, 19 agosto, 2007

He sucumbido a una pasión desastrosa. Cualquiera que me conozca bien, que se precie de ser mi amigo y de tener cierta intimidad compartida con el que esto pregona, puede meter la mano al fuego, seguro de que no se quemará porque la diosa de la verdad lo protege mientras declare que yo jamás como caramelos. Ni complementos azucarados ni otros alimentos o entretenimientos de boca dulces. Nada de irritantes había sido mi lema cuando me ofrecían al final de la comida la carta de postres, y natillas, duraznos en almíbar, arroz con leche, jamoncillos de cielo, jericallas o fresas con crema pasaban a engrosar la satanizada lista de lo que no podía pasar la frontera de mis labios que se negaban a recibir tan empalagosas sustancias habiendo cosas tan serias como el ron o el anís, como el coñac o los divinos mezcales que proveen al cuerpo de las azúcares que pueda requerir para equilibrar su dieta benéfica al corazón tanto como al estado de ánimo y a la conservación de la línea. Vade retro, decía yo cuando alguien me ofrecía un sugus.

Y quien me conociera más a fondo sabría y podría ser testigo ante todos sin ensuciar su honra con la mentira, que por las mañanas consumía frutas naturales, que en mi mesa de desayuno solía haber papayas y melones, mangos y mameyes, ciruelas y duraznos, plátanos, guayabas, chicozapotes, piñas, peras y manzanas, y que si algo faltó siempre en mi plato fue la sandía porque no la puedo ver ni en pintura –con perdón del maestro Tamayo- desde una vez que me comí una rebanadota y me puse rete malísimo del estómago, con unos horribles retortijones seguidos de un chorrillo que ya por poco me deshidrataba y me mandaba hecho papel secante a donde no se vuelve a comer nada sino se es comido. Y que tomaba una taza de café con unas gotas de leche y una cucharada de azúcar, de preferencia morena, sin refinar, azúcar moscabada. Y deliciosos panes dulces que no nombro ni enumero por su vastedad y exquisitez tan añorada desde que vivo acá.

Pero he sucumbido, decía, a una pasión que me preocupa doblemente: mi imagen pública, labrada con tanto tesón y ahínco, la de un hombre severo, de una pieza, inconmovible ante la provocación, dueño de sí y seguro de su entorno; y mi aspecto físico que durante más de seis décadas he cuidado meticulosamente para evitar malformaciones y prominencias fuera de control, aunque hace ya algunos años, Dionicio Morales, en Morelia, me dijo delante de todo el mundo, a voz en cuello, Alejandroaura, es la primera vez en la vida que te veo panzón. Y eso lo decía por la ligera curva de la felicidad que entonces lucía ya bajo la camisa suelta. Primero fue la tarta de Santiago que ofrecían de postre en La trucha y que Rodrigo el mesero regaba generosamente con moscatel; luego aflojé la tirantez y acepté comer helados y natillas; me aficioné al membrillo (así llaman al ate en España, yo creo que porque sólo de esa fruta lo hacen) con queso fuerte; y finalmente caí. En la tienda El pozo, de la calle Magdalena, donde compro el café, hay un despliegue de caramelos que un día me pareció irresistible y compré un puñito de estos y uno de aquellos. Y desde entonces, pecador de mí, no he parado, chúpate que chupa los caramelitos. A ver si ahora que vaya a México me corrijo.

5 comentarios to “Los dulces de mi vida”

  1. Y no, Alejandro. Cuando pises tierras mexicanas dos cosas querría que hicieras.
    La primera es buscar el jamoncillo de pepita, dulce que en mi niñez conseguía muy fácilmente en Orizaba y que luego vi que vendían en el D.F. relativamente poco tiempo antes de transferirme en Italia. Dicho dulce lo hacen precísamente con las pepitas (semillas) de la calabaza, y es el recuerdo dulce más sabroso que tengo desde que nací. El “original” ostentaba una etiqueta que decía que eran hechos por las monjas de ve tú a saber qué convento.
    La segunda es que te consigas una buena porción de esos dulces de tamarindo (que solían vender en Acapulco). Pero ojo, compra ese con azúcar, porque el picante es bastante ácido para mis gustos.
    Ambos dulces son (o deberían ser; no sé si ya los industrializaron) rigurosamente artesanales.
    Entre los industrializados hay muchos que me gustan, pero el primero que me viene a la memoria son los caramelos “Salvavidas”.
    De regreso de vacaciones, reciban un abrazo Milagros y tú.

  2. Estimado Alejandro:
    Conocí su página a través del blog de Gem@, al que últimamente acudo con asiduidad para tratar de aprender algo sobre este mundo virtual. Me dirijo a usted lleno de admiración por sus escritos, tengo debilidad por la poesía y las suyas tienen un ingrediente delicioso: El humor; que tantas veces echo en falta en otros poetas. Frecuentaré su espacio, por el cual le felicito ya que, para mi gusto, es una de las mejores páginas que he visitado. Un amistoso saludo desde Asturias, norte de España.
    Julio.

  3. Paty de Aguascalientes said

    Mi infacia fue tan dulce gracias a los sugus y a los “tarugos” de tamarindo. Y las deliciosas paletas de limón a la salida de la primaria.
    Un saludo respetuosísimo, don Alejandro.
    P.D. Casi llegamos a otros diez mil.
    ¡Felicidades!

  4. MaE Reynaldos said

    A mí me gustaban de niña… y me siguen gustando hoy, ya cuasi-vieja los chocolates… de los de barra el tin-larin y el Carlos V (el chocolate emperador), tambien los kisses de los gringos… De los artesanales me encanta el calabazate y la viznaga (creo que se escriben con z, pero no estoy muy segura).
    En otro tema, Don Alejandro, ojalá de verdad se publique en papel lo que aquí va relatando usted de su vida y milagros… ¡y Milagros!
    Saludos

  5. Luis hernándedz Romero said

    Estimado Alejandro:
    Hemos tenido grandes esperanzas en el partido al que tal vez nunca perteneciste, pero que te llamaron e hiciste una enorme labor. Ahora ese partido se despedaza en una serie de broncas internas, verdaderamente incomprensibles. Incomprensibles por el oportunismo de ciertas tribus demasiado cavernícolas. Pero bueno, creo que los hombres de las cavernas eran más sensatos o te pregunto: ¿No crees que al menos ellos tenían la necesidad de ser unidos ante tanto problema con la naturaleza y entre ello la fieras salvajes? Ahora además de presentarse desunidos ante las fieras salvajes (lease la derecha), le quieren pedir que no se los coma. ¡Hasta donde hemos llegado!
    Y por favor cuida mucho tu salud:
    luis hernández romero

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