Alejandro Aura

Mis poemas y otros escritos.

La trama de los gemelos

Posted by aura en Miércoles, 22 agosto, 2007

El problema con Agamenón es que era incorregible. Ya había tenido el encontronazo con Aquiles por el asunto de Briseida. No sé si se acuerdan, pero toda la cólera del Pelida, por lo que estaba recluido en sus naves y se negaba a pelear contra los troyanos a pesar de que les estaban dando a los aqueos hasta por debajo de la lengua, fue a causa de que al abusivo de Agamenón le exigieron sus consejeros que entregara a Criseida, una chiquita que tenía como botín de guerra de las piraterías que hacían en los alrededores mientras cercaban Troya, porque el papá la vino a rescatar de buen modo y con muchas riquezas a cambio y el Atrida se negaba a entregarla; Crisos, que tenía cierta influencia con los dioses, se quejó con ellos por la injusticia y Apolo mandó una peste de cólera que diezmó al ejército griego en unos cuántos días. Todo mundo le pidió entonces a Agamenón que se dejara de berrinches y la entregara y éste a regañadientes aceptó pero mandó que le quitaran a Aquiles a la bonita Briseida, que también era fruto de piratería y se la dieran a él a cambio. Fueron y se la trajeron porque ni modo, era el rey; pero aquel se quedó con tal cólera que hizo que Homero escribiera la Ilíada.

Bueno, pues ya cuando tomaron Troya porque se metieron urdiendo la astucia del caballo y mataron a todo mundo y comenzaron a saquear y a recoger el botín, Ayax, uno de los héroes griegos más conocidos (no el gigante Telamonio sino el hijo de Oileo, que de por sí era chaparro, antipático y conflictivo), entró al templo de Atenea y se encontró allí con Casandra, la hija menor del rey Príamo -a quien ya habían pasado por las armas- porque tenía dotes de vidente y la estaban preparando para sacerdotisa de la diosa que tanto había ayudado a los aqueos durante el cerco de Troya enojada como estaba con Paris Alejandro que había sido juez en un certamen de belleza y había dicho que Afrodita era la más hermosa de las diosas. Pues Atenea se encolerizó porque adentro de su templo Ayax quisiera violar a una de sus elegidas y en castigo hizo que el viaje de regreso de los griegos a su tierra fuera tan accidentado.

Pero el caso es que después del zafarrancho, Agamenón, a quien no le importaba que otros las hubieran visto primero, tomó para sí a Casandra a sabiendas de que había sido ya motivo de conflicto ante Palas Atenea –y aquí sí hay que reconocerle que con tal de quedarse con la muchacha, porque era empecinado en el tema, no quería emprender el regreso hasta hacer sacrificios a los dioses para aplacarlos y congraciarse con ellos, y porque como quiera que sea tenía la responsabilidad del buen retorno de todos, pero su hermano Menelao lo carrereó y se tuvieron que ir antes de resolverlo-; en el largo trayecto de regreso la tuvo como compañera y la muchacha le dio unos gemelitos, Teledamo y Pélope. Si de por sí ya la señora Clitemnestra estaba furiosa contra su marido por lo que les conté el otro día, imagínense la muina que le causó que el marido le llegara con una esclava joven y bella y con dos retoños. Clitemnestra cortó por lo sano y mató al marido y a la amante. Lo que nadie cuenta es qué pasó con los gemelitos. El detalle se les escapó a Esquilo, a Eurípides y a Sófocles, o a lo mejor se perdió con el montonal de tragedias que no nos llegaron.

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2 comentarios to “La trama de los gemelos”

  1. Querido Alejandro, durante mis vacaciones te tuve presente casi todos los días no sólo por el asunto de la página robada sino por tus lecturas homéricas.
    Confieso que emprender la lectura de la Ilíada en su forma poética y en traducción fiel es algo que me está vedado por ahora. Sin embargo me encontré con una versión en prosa y modernizada, producto de un proyecto de lectura pública del escritor italiano Alessandro Baricco.
    Investigando un poco para ver si valía la pena intentar su traducción al español como proyecto propio para ejercitarme en esta difícil tarea, me di cuenta que ya existe publicada, al menos en Argentina, por Anagrama. Te recomiendo su lectura si te topas con ella; el punto de vista escogido por tu tocayo itálico es el de algunos de los personajes, que narran lo ocurrido en su calidad de testigos y participantes de los hechos. Además, la apostilla de Baricco sobre la guerra, su “belleza” y exaltación en el texto clásico y sobre la necesidad de encontrarnos “algo más bello que la guerra” para evitar irnos al carajo en estos días, es digna de reflexión.
    Reciban abrazos desde una Milán lluviosa y casi fría (también yo, desde ayer, me puse ya el sweater).

  2. No cabe duda que mis parientes del Olimpo estaban bien dañados.

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