Alejandro Aura

Mis poemas y otros escritos.

Chapulines

Posted by aura en Jueves, 23 agosto, 2007

Deveras que somos juguetes del azar. La casualidad está por encima de la previsión. La voluntad misma, que uno pensaría que es una flecha que va en línea recta hacia el blanco de su destino no es más que una errática lombriz que se mueve por donde la condición de dureza o blandura de su tierra le permite. Ayer, por ejemplo. Venía a comer con nosotros Carlos Cruz de Castro. Ah, pues ya sé, pensé, hago unos ratones con estos bisteces delgaditos de carpacho que tengo en el refrigerador. Puse entonces a cocer papas, zanahorias, pimiento, calabacín y apio; cada cosa la puse con su tiempo de pocos minutos para que no se cociera de más porque luego tendría una segunda oportunidad cuando ya hechos los envoltorios con la carne los metiera a la salsa de tomate, que puse a cocer aparte. Porque los ratones son eso, unos rollos de carne rellenos de verduras picadas y hechos en su salsa. Pero ya que estuvo el relleno mínimamente cocido y picado me di cuenta de que los cortes de carne eran demasiado pequeños para el propósito y aunque estaban muy bien acomodaditos en su bandeja de unicel al extenderlos se dejó ver que eran irregulares y que su vocación no estaba orientada en la dirección que yo había pensado.

Bueno, me dije ante la circunstancia, pues hago carpacho y una ensalada de verduras semi cocidas. A la carne cruda le hice una vinagreta con abundante cebolla finamente picada, soja, aceite y un condimento balsámico blanco italiano que está hecho con vinagre de vino y mosto de uva. Y a las verduras les puse aceite, vinagre de sidra, sal gorda, pimienta blanca, tocino (bacon) dorado y una inspiración que le surgió a Milagros en ese momento, mientras le agregaba garbanzos: chapulines de Oaxaca –todavía tengo en el refri unos pocos de una bolsita bien provista que me trajo Ernesto Lumbreras cuando la presentación de los libros de Calamus, el mío entre ellos-, unos chapulines pequeñitos, o desmenuzados, de tal suerte que no se aprecia que son bichitos saltamontes pero sí se disfruta su sabor ligeramente ácido. Pues creo que fue muy afortunado el aderezo, la ensalada obtuvo muy buena respuesta en la mesa, y no sólo, sino que Carlos se entusiasmó con los chapulines que vinieron a la mesa en un pequeño cuenco y los comía con pedacitos de pan mojado en aceite y con su pizca de sal.

Presenté también en la mesa una cazuela con langostinos aderezados con ajo, perejil, un poquito de chile ancho, sal y abundante aceite; no digo que estaban de rechupete porque últimamente no he tenido aciertos espectaculares sino correctas aproximaciones. Así es la inspiración. No sé por qué los griegos no le pusieron musa a la cocina, quizás porque su dieta de carne asada no había alcanzado la altura del arte; hoy la pondrían entre las primeras. Hubiera hecho una ensalada de lechuga, cebolla y tomate; habría puesto quizás a cocer un poco de arroz para acompañar los ratones, pero quiso el destino, con sus actos burlones, que mientras cocinaba todo cambiara y que los chapulines se volvieran protagonistas. Juguetes del azar es lo que somos.

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2 comentarios to “Chapulines”

  1. Excelente receta, Alejandro. La probaré, en en el mercado de la Boquería, en Barcelona, hay una tienda especializada en insectos y puedes encontrar, de vez en cuando, chapulines. Creo que mis amigos finalmente los probarán gracias al azar afortunado que guió tus andares culinarios. Ah! Pero no olvido que el toque milagroso fue, precisamente, de Milagros. Así que gracias también a ella.

    pd. Por cierto, ese guiso al que tu llamas “ratones” se conoce como “niño envuelto” en algunas zonas del estado de Hidalgo. Nunca voy a olvidar la cara y los comentarios de una de mis amigas catalana: su cara era algo así como: ¡pero cómo pueden llamar así a lo que se van a comer! Hablamos un poco de ello y cambió la cara cuando le dije que ella solía comerse como postre un “brazo de gitano” (jaja). En cuanto la vea al regreso de vacaciones le diré que tu comes ratones, esto la llevará, seguro, a un estado de shock ¡JA!

    Qué sigas mejor y un abrazo.

  2. Estimado Alejandro,

    Los españoles tiene una frase maravillosa con la suelen ponderar las bondades odoríferas de lo que se van a comer y tienen delante, sobre la mesa: “¡Huele que alimenta!”. Pues bien, la minuciosa descripción de la comida que hiciste para tu amigo Carlos no sólo me ha hecho escuchar la habilidad con la que cortas las verduras o el hervor de las cazuelas, también me ha alimentado “con sabrosos pensamientos”. Sabrosos, claro, en la medida en la que imaginaba el vaporcillo que despedían esos ratoncitos tan añorados por un servidor y esos chapulines que parecían estar de rechupete, cómo no.

    Por cierto, ahora que mencionas lo de los chapulines… Sé que divulgar la gastronomía mexicana no es uno de tus objetivos, pero de vez en cuando remitiré a más de un curioso aquí, para que conozca de primera mano las delicias de las tierras aquende el Atlántlico. Espero que no te importe.

    Un abrazo.

    ps. Por cierto, ex jefe, qué años los de ICCM.

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