Alejandro Aura

Mis poemas y otros escritos.

De uniforme

Posted by aura en Domingo, 16 septiembre, 2007

Siempre he tenido un rechazo espontáneo por los uniformes. No que no respete a los uniformados; a veces sí y a veces no, depende; eso es otra cosa. Pero los vestuarios diseñados para hacer desaparecer lo que es individual y marcar la pertenencia del miembro del rebaño a un mismo dueño, ya sea la patria o la empresa o el equipo o la religión, me dan rasquiña. No me acuerdo si de niño tenía la misma idea porque ya ven que los niños se ilusionan mucho con esos vestuarios y suelen tener y manifestar el deseo de uniformarse; lo que sí recuerdo, por ejemplo, es que mi hijo Juan a los nueve años, necesitaba tener un uniforme de un equipo de futbol, costara lo que costara, aunque eso en su momento lo achaqué pura y cabalmente a los efectos de la desmedida promoción de los equipos, al endiosamiento que la mercadotecnia hace de los jugadores para tener en sus devotos seguidores un mercado cautivo. Pero ahora que recuerdo Juan quería el uniforme de uno de los jugadores, con su número, no cualquier uniforme del equipo, ni mucho menos cualquier uniforme de futbolista. O sea que quería un uniforme para diferenciarse y no para parecerse a los demás, qué curioso.

Claro, supongo que en las jerarquías religiosas debe ser lo mismo: sotana negra y alzacuello lo llevan miles y miles de curas, pero sotanas de color morado o púrpura sólo las llevan los obispos y los cardenales y nada más hay uno que la lleva distinta de todos los demás; aunque sea el uniforme de la profesión bien diferenciado queda el que lleva la sotana única. Y algo semejante pasa con los militares: no es lo mismo el uniforme talla 36 a 42 que hacen por millares en grandes fábricas con tela sintética que el uniforme hecho a la medida del general, con una tela del mismo color, más o menos, pero de otro material y otro tejido y con el agregado de los adornitos dorados y esmaltados por doquier. Se nota a leguas, aunque vayan todos uniformados, quién es el que manda. Y allí también el uniforme uniforma a unos, a la mayoría, pero destaca a los escogidos y sobre todos al mandamás, que es el que va menos uniforme que los demás aunque lleve una imitación del vestido reglamentario común.

Esto vino a cuento porque últimamente me visto con uniforme, que es una manera de llamar a un pantalón y una camisa vaqueras, de mezclilla azul (ver mezclilla en el glosario); salgo poco de casa y tengo dos pantalones y dos camisas iguales que compré el año pasado en San Luis Potosí, a muy buen precio, y con la certeza de que son prendas de larga duración y resistencia, como que originalmente, antes de que se volvieran el uniforme social de la modernidad, eran la ropa de los obreros. Se pueden comprar pantalones y camisas de mezclilla en las tiendas caras de diseño, y se nota, se les ve la clase; como a mi uniforme, sólo que a mí no me importa que se vea que lo compré en el mercado. Alterno los dos juegos, camisa y pantalón que me pongo tres o cuatro días, con el otro juego que es idéntico, así que si me ven pasar siempre con la misma ropa ya quedan advertidos de que sí hay espacio para lavarla porque tengo dos.

Anuncios

4 comentarios to “De uniforme”

  1. Angel Rivera said

    Hola Alejandro: A propósito del tema del uniforme, ya lo dice Orwell en la Rebelión en la granja: “Todos somos iguales, pero unos somos más iguales que otros”. Recibe un saludo trasatlántico.

  2. El uniforme, al menos si hablamos de la escuela primaria, fue la salvación de la economía de muchas familias, entre ellas la mía. Porque un uniforme estaba hecho para durar, con una tela extraña que en verano te cocinaba en tu propio jugo y en invierno te congelaba para que duraras hasta el año siguiente. Recuerdo que mi pobre madre me mandaba a la escuela en diciembre, época fría en México, con el pantalón recién planchado para que sintiera calientito… lo malo era que apenas ponías un pie en la calle el pantalón alcanzaba el cero absoluto.
    Pero el caso es que si algo le pasaba al pantalón o al sweater se remendaban muy fácilmente, se parchaban con unos trozos de tela que se “pegaban” a la prenda pasándoles la plancha encima, evitando así que el agujero creciera. Eso, o se cosían alrededor del agujero parches de telas menos innovativas tecnológicamente hablando.
    Todo ello evitaba a las mamás comprar ropa nueva cada semana… si es que duraba una semana un pantalón: podía durar menos. Había compañeros bastante juguetones, hoy los llamarían hiperactivos pero a mí me gusta más llamarlos ladillas, sobre los que se decía que todo el uniforme original había desaparecido debajo de tanto parche, esto es, las mamás pegaban o cosían parche sobre parche porque eran tantos los remiendos de agujero que la tela original había desaparecido.
    Y por esto, al menos yo, tengo un buen recuerdo del uniforme de la primaria.
    En secundaria poco cambió, sólo que además de sweater teníamos que usar corbata. Me tocó cursar la secundaria cuando nos vestían con un uniforme de un verde horrible con el que parecías militar.
    Un año, en época de calor nos permitieron no llevarla puesta, pero se arrepintieron cuando se abrió la temporada de los corbatazos, porque para eso usamos la corbata apenas pudimos quitárnoslas del cuello: se enrrollaba la terminal más gruesa de la corbata en el dedo índice de una mano (una vuelta, dos al máximo), mientras con la otra mano sostenías la terminal más delgada y, tensando la corbata, apuntabas a un objetivo -casi siempre las nalgas de un compañero o las piernas de una compañera de clase- y ¡zaz!, soltabas la terminal delgada, que iba a estallar como un látigo en la parte elegida como blanco. Entonces nos dijeron que entregáramos todos nuestras corbatas escribiendo detrás de ellas nuestro nombre y número de clase, y que nos las devolverían al finalizar los calores. ¡Ja! Todos teníamos corbata de repuesto y las técnicas del corbatazo se fueron afinando, desde mojar la punta que daba el latigazo hasta deshilacharla y mojarla para que doliera más. Todo temrinó cuando a todos nos bajaron puntos en conducta porque a un compañero casi le sacan un ojo: ante la imposibilidad de detectar al culpable (¿conciencia gremial?) a todos nos llevó la jodida (¿dictadura?).
    Total, que no sé qué huiberan hecho mis padres para procurarme ropa diferente una vez por semana; tanto duraba un pantalón, una camisa o un sweater sin sufrir algún daño… y eso en el mejor de los casos: seguramente nunca hubiéramos podido comer carne o ir al cine.
    Éstas, para mí, es la mayor ventaja del uniforme: a economía en el diario vestir.
    Claro… hay que ver que hay gente en México y en Italia por igual, que no obstante se puedan vestir como quieran para ir a trabajar (única condición, ropa formal: saco y corbata) insisten en vestirse todos iguales. Acá se usa mucho el azul claro para las camisas pues se considera de muy buen gusto. Yo me niego, tratando de explicarle a mi esposa que ese color de camisa me recuerda a los empleados de banca de mi país. Aparte de ello es impresionante viajar en el metro en la hora de entrada o salida de la gente que trabaja: todos los hombres vestidos con detalles diferentes, pero la camisa azul claro la usan el 95%.
    Sólo por eso, ¡bleej!

  3. ni dieu ni maitre said

    Alejandro, al igual que tu no me acuerdo si me gustaba de niño los uniformes. Los usaba porque era obligatorio, pero claro que habia diferencias con los uniformes, se notaba quién tenia mas de un uniforme, la calidad de la tela y a quien le planchaban cada mañana las prendas. Afortunamente en la secundaria ya no me toco el horrible uniforme verde que usaron mis hermanos junto con aquella corbata horrorosa, al contrario me toco el horrible uniforme que llamaba “principe de gales”, una cosa de mal gusto, bastante ñoña. Aborrecía aquel uniforme, claro era la adolescencia. Luego me cambie de ciudad y en provincia no era tan obligatorio eso del uniforme. Aunque lo tuve nunca lo use. No estoy en contra de los uniformes, pero yo intento no usarlo, aunque con esto de la comercialización cada vez queremos diferenciarnos mas de los demás pero terminamos comprando lo mismo y cuando salimos a la calle parecemos una novela de Kafka. Creo que vamos perdiendo colorido y cada vez somos mas grises. Creo que la uniformización dio resultados: todos nos creemos iguales pero claro nunca lo seremos.

  4. Estimado Alejandro:
    Tienes razón eso de los uniformes es algo odioso; incluso hace años que no he comprado un traje, porque siento que es como un uniforme de la gente pequeño burgués.Que el presidente haya vestido a sus hijos con uniformes militares es ridiculo. Pero no crees que los diputados y diputadas del PRd harían bien en ocupárse de cosas mucbo más importantes que eso. Por eso vote por ellos y por eso les pagamos un buen sueldo, con el cual los aumentos a la gasolina les va a valer madre.
    Recibe un saludo desde Toluca

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: