Alejandro Aura

Mis poemas y otros escritos.

La mano a la oreja

Posted by aura en Jueves, 4 octubre, 2007

Hay ciertos gestos típicos que por repetidos dejan de notarse; no son eternos, son de los días que corren mientras uno corre la pista de su vida. Claro que se modifican de acuerdo con muchos factores, sobre todo los de desarrollo tecnológico y mercantil, pero llegan y se instalan y uno se va habituando hasta que dejan de llamar la atención. El gesto de manejar un coche a principios del siglo pasado, por ejemplo, era notorio de manera contundente; las fotos nos muestran que había hasta un vestuario apropiado y un fenotipo de conductor con botas, gorro para que no volaran los pelos y anteojos semejantes a los de aviador. Conforme se reprodujeron dejaron de ser notorios por razón de su abundancia. Hoy, el de abrir un coche, meterse, echarlo a andar e iniciar el avance, es un gesto que no le interesa a nadie.

Cuando yo era niño seguíamos con un poco de miedo y mucha curiosidad a los que iban hablando solos por la calle porque estábamos seguros de que eran locos y lo demostraban con creces cuando despotricaban frente a un poste o una pared o una puerta cerrada mientras nos reíamos y preparábamos la carrera por si acaso pasaba de su realidad a la nuestra. Sabíamos bien que otros que podían hablar solos eran los borrachos pero esos ponían en el equilibrio de sus movimientos la firma de su estado temporal, que tenía poco atractivo. Bueno, pues esto viene a cuento porque se siente rarísimo no ver en la calle gente que va hablando sola, ya sea con seriedad y recato o con aspavientos, como hay tantos. No sé cuánto tiempo tarda uno en darse cuenta de que nadie en La Habana usa teléfono celular, o móvil, como se llama con mejor tino en España. Que ese gesto de ir con una mano a la altura de la oreja sosteniendo algo, hablando y con la vista puesta en un lugar que excluye a los demás por más cerca que estemos, ya asimilado en nuestros países, aquí no tiene representantes. No sé todavía si los extranjeros y los diplomáticos los usan pero yo no he visto ninguno.

Hace diez años en nuestros países tampoco se usaban. Empezaron siendo bastante grandes y los primeros usuarios solían hacer el gesto de “estoy hablando por teléfono”, que ha desaparecido por completo hasta el grado de que hay quienes llevan ambas manos desocupadas u ocupadas en otra cosa y sin embargo mediante un hilillo que les cuelga de un oído y en que va integrado el micrófono llevan su coloquio con la cabeza en alto sin sentir que se necesita ninguna justificación. Pero por estas calles habaneras nada de eso se ve; la gente habla con facilidad, pero unos con otros, en corto, con la picardía, la curiosidad o el interés que el interlocutor y la situación provoquen. Nadie habla solo. Ni que estuvieran locos.

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4 comentarios to “La mano a la oreja”

  1. Uy, Alejandro. Por estos lares, donde me sigue impresionando pasar junto a una persona que aparentemente va hablando sola y que en realidad está hablando por teléfono, se ha estudiado incluso la posibilidad de multar a quien atraviesa la calle mientras atiende una llamada telefónica. Y es que, a veces por trabajo y a veces por reales tonterías, quien va por la calle utilizando estos aparatos se ensimisma tanto que, tal como comentas, se abstrae por completo del resto de la humanidad, y ha habido casos en los que han resultado atropellados por haber cruzado la calle sin la más elemental precaución.
    Hay tantos nuevos rasgos en el carácter de las personas adquiridos por el uso del celular (en Italia lo llaman cariñosamente “telefonino”), muchos de ellos realmente desconcertantes, que saldría material para una novela.
    Por ejemplo, conozco chicas que salen de la metropolitana y de inmediato se colocan el aparatejo en la oreja, a veces porque realmente hacen o reciben una llamada y a veces sólo fingiéndola, con el único fin de evitar que posibles “pretendientes” o “molestadores” se les acerquen: lo usan como escudo social para llegar sin contratiempos a casa.
    Otro caso es el de las personas que descienden de los medios de transporte a cuadra y media de su casa y que desde ya comienzan a llamar a la esposa o a los padres para contarles lo ocurrido durante el día, en lugar de esperar los dos, tres o cinco minutos que les tomaría llegar a casa y contar las mismas cosas en vivo y en directo.
    Pero las cosas peores (o al menos las que más odio) son: la cantidad de tonos que existen (¡ya nadie tiene un teléfono que haga “riiiing”!) y el que estos aparatos cada vez más sirven para cualquier otra cosa y cada vez menos para efectuar una llamada.
    Conozco a uno que si le preguntas qué hora es, que día es hoy o cuánto da cinco por cuatro, de inmediato saca el celular y tarda más en darte una respuesta que lo que hubieras tardado en consultar el reloj de la iglesia, comprar un calendario o graduarte como matemático.

  2. Me hiciste reír mucho y recordar cuando hace tres años mi marido y yo llegamos a vivir a Los Ángeles. En México entonces no se sabía nada (o al menos nosotros no teníamos idea) de que existiera la tecnologia bluetooth, el aparato de manos libres SIN cablecito. Asi que veíamos pasar a la gente y por supuesto pensábamos que estaban locos, hable y hable solos; nos volteábamos a ver atacados de la risa. Un día en el super, sorprendida de la magnitud de la alegría con la que una mujer me abordó mientras yo buscaba leche, traté de empezar a responderle en el mejor inglés posible… y entonces vi el maldito aparato. La alegría no era para mí, era para otro ser humano del otro lado de quién sabe dónde, y descubrí que cuando posó los ojos sobre mi persona, realmente fue como si lo hiciera sobre la pila de cajas de Pepsi Light.
    Malditos locos; yo cuando hablo sola es porque REALMENTE estoy honrando la saludable tradición de ir hablando sola, nada de hacer papelitos a través del celular.

  3. Paty Ordóñez said

    Muy simpática la entrega de hoy, así como las participaciones… ji ji ji
    Me divertí más que en la feria.
    Gracias a los tres.
    ¡ah!… sí, sí, sí… tengo un poquito de “celulitis”, pero no hablo en la calle porque arrebatan los teléfonos… ¡snif!…

  4. Guadalupe Ortega said

    Querido Alejandro:

    Por tu blog me entero que te encuentras en México, que fuiste a la Habana y que ya te encuentras de regreso. Te imagino caminando de la mano de Milagros por el vecindario de Tiepolo. Me gustaria poder saludarte en persona, pero lo hago desde la distancia de por lo menos 5 horas de vuelo.
    Recibe cariñosos saludos para ti, para Milagros, para María, para Juan y para Pablo.

    Guadalupe

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