Alejandro Aura

Mis poemas y otros escritos.

Uno y los estudios

Posted by aura en Domingo, 14 octubre, 2007

Que uno pudiera citar a Juan Ramón Jiménez y un poco más adelante usar una famosa imagen de Shakespeare y en el mismo párrafo hablar de la etimología de Rhodas y del origen del cultivo de las rosas y referirse a una de las acciones más conmovedoras de la Ilíada implicaba antes que nada una buena memoria, una biblioteca ordenada y a la mano, capacidad de concentración y manejo oportuno de datos y una vasta cultura universal; quería decir que se trataba del escrito de una persona culta.

¡Qué tiempos aquellos! Cómo conceptos sólidos y labrados en la piedra del tiempo como los templos de Petra, en Jordania, se vienen abajo como los budas milenarios que bombardearon los talibanes hace pocos años para darle al mundo la muestra de su poder y su barbarie ante nuestra vista horrorizada en las pantallas de televisión; cómo se despedazan con la humedad de los adelantos técnicos las bases de barro de las estatuas que más sólidas parecían estar en sus marmóreos pedestales. Ya nada de lo enlistado arriba se necesita. ¡Vivir para haberlo visto!

Y yo que sufrí lo indecible por no haber hecho una carrera y no haber obtenido un título, aunque fuera el de secundaria; tanto que me he fustigado toda la vida por mi mala memoria, por la dispersión mental que me ha llevado de una curiosidad a otra sin ahondar jamás en un tema lo suficiente para dar un examen o escribir una tesis, por mi horror al estudio y por la inveterada costumbre de acomodar los libros como sea en los estantes de las bibliotecas que he ido perdiendo a lo largo de la vida a causa de rompimientos y separaciones. Ahora debiera ser joven y todo aquello no habría sido motivo de conflicto.

Lo que es indispensable es que al llegar al hotel pida uno la clave para el wi-fi, conecte su computadora y se sepa trasladar de Google a Wikipedia con soltura y domine los punto net y punto com que se le atraviesen. Porque ahí está todo. Ya no digamos si uno en su casa, en su estudio, en su lugar habitual de trabajo tiene contratado un servicio ADSL o puede viajar con un modem satelital de conexión directa desde cualquier parte. De esa manera uno traslada su virtual Biblioteca de Alejandría y su personal Abadía de Cluny vaya por donde vaya.

Pero ay de uno si en el hotel al que llega no hay ese servicio porque entonces todo se interrumpe, todo se queda a medias y el foco de la razón disminuye dramáticamente su luminosidad. Ya uno acostumbrado a manejar con soltura los accesos se queda sin saber si lo que usa es banda ancha o angosta, si el misterio cotidiano de la conexión es satelital ni si podría explicarle a un niño lo que significa ADSL. Y unas orejas de burro comienzan a brotar a los lados de la cabeza inútil de uno que no tiene más remedio que voltearse hacia la pared y quedarse ahí meditando sobre lo bueno que hubiera sido, con todo y todo, estudiar.

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Una respuesta to “Uno y los estudios”

  1. Y bueno sí, en estos tiempos en los que vale más haber terminado una carrera universitaria (aunque no se sepa poner un acento o usar una coma), es bueno de vez en cuando reflexionar sobre el error de no haber concluído una, esperando que a su vez, quienes leen y están en edad y condiciones de hacerlo, piensen muchas veces antes de dejar los estudios.

    Pero insisto: de nada sirve un título si no se hace buen uso de los conocimientos que se suponen adquiridos y, de paso, de la cultura que uno se va formando al paso de la carrera y de la vida.

    Pero hablando de talibanes y estatuas destruídas, lo que quería era expresar una duda: me pregunto si muchos de los gobiernos de mi país de origen, México, no son igual de desconsiderados que aquellos que en nombre de una supuesta superioridad destruyen patrimonios culturales irrecuperables. Lo digo por dos vivencias y las ennumero brevemente:

    Uno.- No sé cuál sea su estado de conservación hoy día, pero la última vez que estuve en la Ciudad de México me di una vuelta por el Museo Nacional de Antropología e Historia (cosa que procuro hacer siempre porque una vida no basta para apreciar todo lo que contiene) y casi me dan ganas de llorar (y eso que ni siquiera había entrado al museo): la escultura de Tláloc que se encuentra a la intemperie, muy cerca del Paseo de la Reforma, sigue estando allí, a la intemperie, sus rasgos perdidos casi por completo debido a lluvias (ácidas y no), a contaminación e incluso al bandalismo de quienes llegan y graban o pintan en la piedra el clásico e idiota “Aquí estuvo Perengano”.

    Ds.- En la misma visita a México mi esposa y yo rentamos un auto y nos fuimos a recorrer varias ciudades, poblaciones y centros arqueológicos del llamado sureste mexicano (digo “llamado” porque así conocemos todos esa zona del país, pero si uno ve el mapa y toma como referencia la capital, se da cuenta que algunos de estos sitios están de plano al este, o casi, de la misma, ya que la península de Yucatán se “tuerce” hacia el norte en manera bastante pronunciada). Uno de estos sitios que visitamos es el centro arqueológico de Palenque, en el estado de Chiapas. Entre las tantas maravillas que se pueden visitar en dicho centro está una pirámide que en la cima tiene un templo que los estudiosos llaman “el Templo de la Cruz Foliada”, debido a un magnífico bajorrelieve que se encuentra en su interior (y que de paso les digo que no es una cruz sino una bellísima representación de un “árbol cósmico”). Pues allí voy con mi esposa de la mano, preparándola para la maravilla que vamos a encontrar luego de subir la escalinata… ¡y ábrete cielo!. Llegamos al templo y nos encontramos, sí, con el bajorrelieve, pero en un estado deplorable. La lluvia se filtra por las paredes y el techo y cuela hacia la piedra ricamente grabada, haciendo que aquello que hace 15 años era perfectamente reconocible en casi la totalidad de sus partes, hoy sea una “cosa” casi a punto de desaparecer.

    Bien, yo me pregunto si los recursos para el mantenimiento no dan de plano para poner siquiera un techito de lámina al Templo de la Cruz Foliada en Palenque o al Tláloc del Museo de Antropología, que los proteja al menos de la intemperie (ya no hablemos de los bárbaros y sus “Fulanito ama a fulanita”).

    Me pregunto también si aquello que hoy criticamos de los talibanes no lo estamos haciendo (¡perpetrando!) nosotros con nuestra total falta de respeto por los restos de civilizaciones que observaban Urano y predecían eclipses mucho antes que Galileo o Kepler miraran a través de un telescopio.

    Es en este tipo de cosas que mido la educación de las personas, más que en el título de muchos “licenciados” que andan por allí dizque gobernando el país.

    Así que ni te preocupes, Alejandro: eres más licenciado, abogado, aquitecto o médico que el 90% de los licenciados, abogados, arquitectos o médicos (que en México los llamamos “doctor”… ¡pasumecha!) que conozco.

    Lo demuestran tus hechos, tu educación, tu cultura y, sobre todo, tu ser buena persona.

    Un abrazo.

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