Alejandro Aura

Mis poemas y otros escritos.

Nostalgias del aguacate

Posted by aura en Jueves, 18 octubre, 2007

El aguacate no siempre fue como ustedes lo conocen. Han de saber, los pocos que no lo sepan, que este que ahora comemos, sabroso como es y conocido en el mundo entero, es producto de ingeniería genética, de mezclas e hibridaciones, de selección de cultivos que ha acabado por uniformar el fruto que ahora se consume en todas partes. Claro que igual proceso ha sufrido casi todo lo que nos comemos porque eso es el cultivo. Y lo otro que ayuda son los requerimientos de la globalización. Pero como el aguacate me queda cerca -y amanecí con un picorcito en la lengua pidiéndome que vaya al mercado y busque algún puesto en el que vendan aguacates criollos, a ver si encuentro de aquellos de tamaño mediano, de piel delgada entre verde oscuro y negra, con la semilla no muy pequeña y en cuya pulpa se atravesaban ciertas fibras ligeramente incomodonas pero que a cambio de ello el sabor rebasaba la experiencia ordinaria de comer tal fruto y lo hacía a uno pensar en deleites orientales -, como me queda cerca, digo, hablo de él habiéndolo puesto esta mañana en el centro de mis preocupaciones blogueriles.

Durante toda mi infancia el aguacate fue un fruto diferente al que ahora comemos. Tenía varias presentaciones y era exclusivo de América. Originario de México se cultivó hasta Chile desde tiempo inmemorial y, claro, con variantes. Había uno pequeñito y negro, más bien tirando a redondo que solía dejarse comer con todo y piel; ésta tenía un dejo ligeramente amargo pero acompañaba de maravilla a la pulpa de sabor vegetal más fuerte que el que ahora comemos. Cogía uno uno de estos aguacatitos y con las yemas de los dedos lo despanzurraba, le quitaba el hueso, lo untaba con todo y cáscara en la superficie de una tortilla caliente acabada de salir del comal, le agregaba unos granos de sal, la enrollaba y con la primera mordida comenzaba a imaginar lo bien que se estaría en el Tlallocan, que es un jardín para después, ubicado tras lomita del Paraíso. Caramba, sí, evoco los bordes ligeramente quemados de la tortilla recalentada, con una salsa de molcajete recién hecha y el aguacatito alegre sobre el mantel de cuadros, y casi quiero llorar con esas lágrimas tibias y envolventes de la nostalgia.

Este aguacate que hora se cultiva en España e Israel para abstecer al mercado europeo, comenzó su andadura en California, en el huerto del Sr. Hass, hacia 1930 (sabiduría Wikipedia). De forma regular, de piel gruesa y rugosa, de semilla pequeña y abudande pulpa cremosa y sin fibras, resistente y durable, acaparó todas las ventajas de un buen producto comercial y comenzó la conquista del mundo. No, no es la más sabrosa de las variedades, aunque como a todos nos consta es fruta deliciosa. Había uno grandote que se cultivaba en tierras calientes del sureste y llamábamos pagua; éste era abundante de pulpa y ligeramente dulzón; no tenía el prestigio del aguacate pero se usaba mucho como sustituto para la elaboración de tortas y demás bocadillos de pan con algo adentro. Pero nada, nada, nunca, más exquisito que la torta de aguacate. Ah, diera todos los reinos que conquisté por comerme hoy una de aquellas.

5 comentarios to “Nostalgias del aguacate”

  1. Carmen said

    Qué importante esta tu entrada, traer a la memoria la historia del aguacate criollo del que ya nadie se acuerda. De cómo fue su inicio. Cuando yo tengo uno de esos cerca les digo a mis hijas que cuando era niña ese era el aguacate de todos los días. Le hacen fuchi por su sabor ligeramente anisado de la cáscara. Y sí se antojan muchisimo una torta de lonchería con aguacates paguas. Entre esos ingeniosos injertos, no alcanzó la ciencia a hacer el aguacate sin semilla. Me acordé de una vez que la Borola se puso a vender huevos hechos con huesos de aguacate pintados. Ah, que nostalgias me provocas mi querido Alejandro.

  2. María Elena Reynaldos said

    Don Alejando

    ¡YO TAMBIÉN ME ACUERDO!… Incluso recuerdo el tono despectivo en la voz de mi abuela diciendo “¡Eso NO ES un aguacate… es una…(y parecía que se quedaba con las ganas de añadir el califricativo “pinche”) pagua!”

  3. El fin de semana fuí con mi madre a buscar aguacates en Cuautitlán… y por un momento me sentí como en España, porque los aguacates estaban duros y feos (incomibles) y además caros (40 pesotes el kilo). Pensé que sería imposible hacer una comida “dominguera” con el indispensable ingrediente. Sin embargo, mi madre insistió en que fueramos al mercadito de su barrio. Ahí, encontramos unos aguacates que -decía el recaudero- estaban pasados; por lo cual estaban rebajados a 15 pesos por kilo. Palpamos, miramos, y según nuestros sentidos “añejos” (¿o será que ella me educó y por eso lo experimentamos igual?) los vimos más que perfectos para engullir ¡YA MISMO!. Así que con lo que hubieramos comprado 1 kilo en el otro sitio, aquí compramos 3. Estaban ¡DELICIOSOS!

    ACERCA DE LA NOSTALGIA:
    Hace unos trece años, cuando vivía en Noruega, tuve una experiencia con los aguacates. Resulta que era un invierno, de esos “suavecitos” de por allá, con toneladas de nieve y oscuridad. Yo llevaba ya algunos meses viviendo “solo en soledad” y por momentos no entendía que hacía ahí ni recordaba casi mi nombre. Salí (un domingo para variar) a hacer compras. En el mini-super del barrio me encontré, de pronto, frente a unos hermosos (y caros -para variar-) AGUACATOTES!!!. Me llamó la atención su maravilloso aspecto, pues acostumbrado a comer los insipidos y verdes aguacates israelíes que por ahí se conseguian, no podía creer tanta belleza (por lo menos de aspecto). Tomé uno en mi helada mano, no sin antes sacarme el grueso guante de lana, para poder acariciar la textura imperfecta de la cáscara. Dándole vueltas en la mano, de pronto, apareció la pequeña etiqueta de colores vivos con la leyenda. “Uruapan, Mich. PRODUCT FROM MÉXICO”. Aquello fué un impacto durísimo en mi emoción. Todo mi entorno se transformó en segundos; el frío del frigorífico parecía convertirse en una brisa suave y humeda al pié de la cascada Tzararacua; aves ruidosas se mezclaban con el sonido del agua potente cayendo de tan alto…. y…. y… ¡de golpe brotaron lágrimas involuntarias! Río de lágrimas sobre mi rostro mientras sostenía el “aguacatón” purepecha al estilo cráneo de Yorick en manos de Hamlet… Volví a la realidad. Sin pensarlo un segundo, sequé las lágrimas y agregué a la cesta un par de ejemplares del fruto.
    La nostalgia me persiguió algunos días, pero un sabor dulce-amargo me sanó también el paladar y el corazón durante días, después de mi maravilloso descubrimiento emotívo-culinario

  4. Salvador Ortiz said

    Saludos desde Uruapan Michoacan! la capital mundial del aguacate,cuando leí tu remembranza no pude evitar trasladarme en el tiempo a la casa de mi abuela, ella siempre despanzurraba entre los dedos eso aguacatitos criollos que luego comiamos con todo y cascara en un buen taco con tortilla recien hechecita a mano, como todavía se comían en las casa de provincia hace algún tiempo y unos granitos de sal, que me sabia a gloria.Todavía hay de estos (palos como les llaman aca)arboles que dan estos aguacates criollos en algunas casas y huertos de Uruapan, claro, ahora somos los más grandes productores de aguacate Hass del mundo, excelente fruto, con muchisimas propiedades y que aqui es llamado el oro verde,pero esos criollos los traemos en el corazón por sabrosos y auténticos, como que no!

  5. Manuel Medrano said

    Saludos desde Monterey, en una ocacion tuve la oportunidad de provar un aguacate que creeo era pagua porque era enorme como un melon alargado, mi primera pensamiento fue que no podia tener buen sabor a aguacate porque nunca habia visto uno tan grande en ningun lugar (de los mercados de monterrey) pero que sorpresa que su sabor era de lo mejor que nunca habia probado mejor que el famoso hass y me sorprendio que no hubiera de estos en el mercado. tal ves no era pagua y para acabarla de amolar el arbol fue cortado para agrandar esa casa.
    Pero que sabor lastima que no pedi las semillas de ese arbol para sembrarlas

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