Alejandro Aura

Mis poemas y otros escritos.

Posted by aura en Martes, 20 noviembre, 2007

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Una respuesta to “”

  1. Beatriz Lòpez Rosado said

    Hasta el Final Si me muero y ya no les es posible llevarme al cementerio de mi pueblo para enterrarme con música de viento que toque mis sones preferidos; Si me quedo en algún paraje solitario, en algún puerto del sur, o en la urbe que aprisionó mis años juveniles, deshojen guiegshuubas en mi tumba. No me lleven claveles ni gladiolos sino resedás, jazmines, azucenas, guietiquis, guiêchachis, y tulipanes, sus perfumes habrán de consolarme para pensar que vivo con los mios, que escucho guitarras en las noches y que voy toda garbosa entre cohetes a un domingo de bodas en el Centro. Cuando vayan a visitarme al cementerio no derramen lágrimas ni suspiren; cántenme en Zapoteco una “Llorona”, alégrenme el oido con “Juanita”, y denme razón de mi familia. Despídanse sin llantos, pero antes recen una oración sencilla que les agradeceré con toda el alma. Si me muero y ya no les es posible – por lo imponderabe de las cosas – llevarme a descansar hasta mi tierra, no se rebelen, resígnense al destino, dejen que mis despojos se manejen por la ley fatal de lo ya escrito, ya que para mi alma lo único que cuenta es su hora final ante el Supremo. Pero quisiera que en Todos Santos adornaran con palma y flor de muerto un altarcito; que pusieran marquesote y chocolate, mezcal, cigarrillos y hasta un libro de alguna novedad que se haya escrito para leer, porque ese es mi vicio, igual que este otro sin remedio: ¡Un amor sin límites a mi Istmo! Porque hay veces cuando exhausta y triste me acomete este mal ya sin remedio, me asalta el pensamiento de quedarme inmóvil para siempre y lejos de todo lo que amo y que venero: mis paisanas con sus faldas y sus oros, las carcajadas rotundas de los hombres y la reunión del pueblo en los jolgorios. Y por eso quisiera morir allá en mi tierra para que al velorio asistan los amigos, que mis parientes reciban desolados los pésames, abrazos y “limosnas”. Que beban mezcal todos los hombres, que las mujeres respondan al Rosario y repartan café con pan y copmpasivas contemplen mi cadáver entre cirios. Después, que la banda de música se llegue para tocar una “Última Palabra” acompañada de ayes y recuerdos y rumbo al panteón, si la mayor de mis hermanas se llega a reprochar entre suspiros el hecho de haberme ido yo primero, que tome en cuenta que ella es ahora el lazo de unión entre los cuatro. Si me lego a morir y ya no les es posible ir a enterrarme hasta mi pueblo donde quiera que este a mi tumba vayan, a deshojar guiegshuubas y jazmines, a sonreir enmedio de las lágrimas y a darme razón de mis parientes, para que hasta el final esté yo alegre y descanse en paz como deseo.

    Ana Marìa Lòpez Santiago. -D.E.P
    Hermana de mi padre

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