Alejandro Aura

Mis poemas y otros escritos.

Mi ejército de Roma

Posted by aura en Jueves, 27 diciembre, 2007

A lo ancho, a lo largo, hacia adentro y en torno; en todas las dimensiones estuve y todo lo abarqué y conocí empeñado en la perfección necesaria para ser el maestro que ve desde fuera y puede definirlo todo. Nada se quedó sin pasar por mi experiencia. Estuve en la formación individual y en el entrenamiento colectivo de los hombres que componían aquel ejército descomunal; cada uno era la respuesta del músculo común y todos juntos actuaban como un cuerpo único que reacciona al estímulo externo que toca un nervio sensible. Estuve en las cocinas en donde se prepara la alimentación simultanea para miles de bocas hambrientas, necesitadas del combustible  con que habrán de desplazarse por el camino glorioso de la historia. Me tocó comprobar plato por plato, la abundancia, la precisión, el equilibrio de lo necesario y la vanidad de lo exquisito; las raciones de carne, la oportunidad del salseo, la cocción adecuada, la temperatura al servirse, porque todo respondía a un plan calculado con rigor científico; el azar carecía de fuero en tal entorno. Para que una máquina tan poderosa avance es necesaria la aportación del combustible en grado y calidad impecables. Y los vi y los acompañé a comer con apetito voraz en medio de los campos polvosos en donde se formaban a millares desconcertando cualquier capacidad de imaginar el número de elementos que contemplarían aquellas multitudes colosales.

Me tocó también conocer las bodegas de intendencia. Un universo de correas, cáñamos, alambres, clavos, hilos de todas clases, ojillos metálicos, aldabas, goznes, tiras de cuero, perplejidades sin cuento capaces de ayudar a reparar cualquier rotura, cualquier imprevisto en cualquier momento. Quienes allí estaban eran maestros en el arte de lo inimaginado, profesores de todología, funámbulos entrenados para sorprender al mundo con las acciones más inocentes y pedestres de la reparación de todas las cosas. No puede haber nada que un soldado de este ejército necesite, nuevo o arreglado, que no se resuelva en este departamento inmenso de alucinaciones. Conocí la habilidad con que trabajan, la inmediatez de sus respuestas, la finura de sus acciones para resolver con una laminilla la resquebrajadura del escudo, o con un alambre retorcido calibrar la catapulta que perdió precisión en el desplazamiento; habilitar una sandalia para evitar una cojera o reenganchar una túnica al hombro de una figura destacada, o enderezar un carro con una ganzúa para que no salga de la perfecta formación a que pertenece.

No sé por qué vi todo esto. No entiendo qué necesidad tengo de andarme soñando en medio del ejército imperial de Roma, ni menos como observador o cronista. Ni en medio de ningún ejército de ninguna época de la historia de la humanidad. Pero uno no define lo que sueña ni programa los veleidosos viajes de la inconsciencia por esos territorios enigmáticos de la noche. Uno cierra los ojos, tose, se lamenta de no dejar dormir tranquila  a su compañera y poco a poco, según se pueda, se abandona a lo que venga. Y si eso viene por algo será, pero qué difícil, qué difícil explicarse en el trance de despertar que uno es un perito en soldadería romana, un experto en alimentación, equipamiento y apariencia del ejército con que Roma conquistó el mundo que sus ojos alcanzaron a ver y que sus viajeros le dijeron que existía. Uno qué tiene que ver, hazme favor.

Anuncios

Una respuesta to “Mi ejército de Roma”

  1. Ivan said

    Hay unos sueños alimentados por “lo que hay debajo del incendio” y hay otros “los + comunes” que como los ”pumes” son de desconocido origen y no tienen dueño. En algún insomnio perdido en el almanaque de mi vida me soñé amo de una bella esclava, poseía un escultural cuerpo, una bella cara y genio de la fregada cuando por accidente le insinuaba que hiciera el quehacer de la casa, ahí estaba ella, tendida exquisitamente a lo ancho y largo del imperio romano dispuesta a satisfacer mis deseos carnales, me acerque lentamente, me perdí en sus ojos, y sin que ella se diera cuenta en un poderoso segundo y con preciso movimiento, arrebate un beso a aquellos inalcanzables cerezos. Mis brazos fieles guardianes atrajeron su cuerpo, como latía mi corazón junto su pecho, el perfume natural de su piel no se cansaba de vencer mi juicio. En algún momento ella fue mi reina y yo su esclavo, pero el destino es firme como la roca, la lucidez retorno a la máxima velocidad del universo y suavemente la aparte de mi, para seguir admirando su increíble belleza, tome su blanca y delicada mano e intente extraviarla entre el mechón de canas vivas que aún conservo, me perdí en sus ojos avellanados, para decirle, para suplicarle en dos poderosas palabras mi mas ardiente deseo, pero no pude, agache la cabeza, sin perder su mano, la mire evitando su ojos y con suave voz de terciopelo le dije: “¿Me rascas?” No lo pensó dos veces, me hizo voltear hacia el televisor , mientras sus diestras uñas recorrían de arriba abajo y de izquierda a derecha mi lacerada y cansada espalda, después vendría el celestial masaje a mis pies y nuestro eterno “piojito”. Aquella intima y domestica escena seria una noche mas llena de estrellas. Gracias flaquita porque tu presencia no permite soñar con romanas monstruosidades

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: