Alejandro Aura

Mis poemas y otros escritos.

Archive for the ‘cáncer’ Category

Conversación en domingo

Posted by aura en Domingo, 17 febrero, 2008

Quedan poemas de La patria vieja para hoy, mañana y el martes, y ahí se acaba el libro, sexto publicado en este blog y escrito entre 1973 y 1985. Recordarán ustedes –quienes se asomaron a las primeras páginas de la bitácora- que el propósito era publicar los poemas inéditos que entonces tenía, pero se acabaron prontísimo y acarrearon la presentación en sociedad de los anteriores y los anteriores. Por quedar, quedan muchos, así que podemos seguir centaveándolos y publicando uno diario durante otro año. Por cierto, el poema de hoy, que es el que le da título al libro, es un poema bastante largo; ármense de paciencia y poniendo los ojos en blanco digan conmigo: en fin, es domingo, qué le vamos a hacer. Y ya que es día de descanso y de esa holgura que promete dones que durante la semana son escasos, como la serenidad, la conversación, la intimidad, el ocio, sería bueno paladear la lectura y luego hablar de lo que va a pasar a partir del miércoles. A ver si charlando de ello se me ocurre algo porque estoy como el que va presentar el examen final y luego no sabe qué va a hacer con la carrera.

Ya no me es tan fácil cada día, como a la mitad del año, cuando cogí carrerita, encontrar un tema tirado en el pasillo de la casa; ya levanté todos y descolgué los que había en las paredes y abrí los roperos y las alacenas para mostrar sin tapujos ni rubores falsos cómo es mi casa y cómo son mis días y mis horas; de sobra he instruido a quienes tienen la fineza de leerme sobre mis visitas al hospital a las aplicaciones de quimioterapia y de los efectos, a veces leves y otras no tanto, de los medicamentos adentro de mi sensible persona y de las consecuencias que algunos de ellos han provocado. Y como, para colmo, mi vida está bastante limitada a los ámbitos referidos, pocas aventuras hay, de ciudad o de campo, laborales o de sociedad, que me dieran pasto de ese que endulza la mano cuando se acerca para alimentar el ganado de la curiosidad. Es cierto que tengo los periódicos cerca, de donde no pocas veces he tomado informes, pero no me apetece hacer glosa de las noticias del mundo, no siento que haya nacido para eso.

Pero lo que debo confesar, antes a mí que a ustedes, es que me gusta mucho tener la obligación diaria de escribir aquí, por lo que desecho la idea de dejar de hacerlo o incluso de cambiar la periodicidad. Podría modificar quizás el formato, la estructura de los textos; buscar caminos diferentes, ponerme retos. Pero eso sería ir a más, y no sé si quiero ir a más, o simplemente seguir con lo que hago. Qué inquietud. Todo dependerá también, por supuesto, del estado de mi salud, porque el ánimo, que es el que pasa la gasolina a los pistones, a veces inyecta más y a veces nomás tose. Bah, es domingo, faltan lunes y martes; ya se verá. Hoy, que ya se diluyeron los efectos de la última aplicación médica, sería bueno tomarse un mezcalito y sentarse a platicar con algún amigo de tantas cosas estupendas que se podrían hacer si se pudiera.

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Sin apetito

Posted by aura en Martes, 12 febrero, 2008

Estoy sin ganas de nada. Desayuné un tazón grande de fruta picada y me lo comí con mucho gusto pero ahorita que me dijo Milagros que qué voy a querer para la comida, me quedé sin respuesta. Nada. No tengo ganas de nada. Apetito no tengo, claro, casi acabo de desayunar, pero deseo, ese animalito que se asoma siempre que hay oportunidad y mirando para todos lados escoge entre lo que se ve y lo que está oculto porque tiene una mirada más penetrante que la memoria, tampoco me da respuesta. ¡Caramba!, siempre hay algo formado en la cola del deseo, posposiciones, despropósitos, vergüenzas incluso, pero ahora no. La voluntad está seca y no lubrica el tubo por donde se asoma el deseo. Claro que me salen muchas palabras asociadas con cosas de comer que me gustan, que normalmente me provocan esa pequeña lujuria que desenvuelve toda su perversidad novelesca en la boca; pero hoy no. Las palabras me surgen, las imágenes, los cortes de carne, los mariscos, las verduras, las legumbres, y todo lo que evoco me resulta atractivo, pero no salen las antenas del deseo a estimular una decisión cualquiera.

Cuántas veces, sin hambre, uno diseña lo que va a querer comer más tarde y conforme se acerca la hora va produciendo esas gotitas ácidas que disuelven la espera; cuando llegan al bocado lo aderezan con la convicción de que se está comiendo lo mejor del mundo. Los incontables antojitos de la cocina mexicana que ya puedo pedirle a Milagros sin miedo de que no me entienda a qué me refiero y hasta de que le queden ajenos al gusto ortodoxo, tampoco son hoy el cuero del tambor que pudiera vibrar para entusiasmarme. ¡Válganme las ánimas del Purgatorio!, me he quedado sin apetito y sin deseo. Eso debe ser antesala de la muerte. Cuando ya la voluntad alza las patitas y se queda quieta esperando a que le acaricien la panza sin la excitación nerviosa que la tiene siempre en vilo. En ese estado en el que ya te da lo mismo la aseveración de este Papa que la del anterior: no hay Infierno, decía Wojtyla; el Infierno no es un lugar sino un estado de nuestra conciencia; no, cómo chingaos no, acaba de decir Ratzinger, me canso que hay Infierno, con llamas y castigos, como el de antes. A veces cierran las criptas y catacumbas secretas del Vaticano para que Papas vivos y muertos se trencen con inusitada violencia en discusiones tan trascendentes como esta. Es lo que mantiene viva la religión.

Pero la cosa es que yo sigo sin querer nada especial para la comida de hoy. Milagros no ha regresado del mercado; todavía falta el secreto estímulo de su intuición. Pero lo que me estoy sospechando, sobre todas las cosas, es que ya sin un mezcal o sin un tequila, sin un ron o un coñac, sin el pórtico sangrante del vino, todo ha perdido encanto, todo es paja y borra de relleno. ¿Qué voluntad, qué apetito, qué despliegue volitivo puede salirse del puro reino animal y entrar en la fantasía si están sustituidas en la dieta esas armas poderosas de guerrero vital por agüita de limón o de jamaica? El consuelo que me queda es que en dos o tres días, cuando haya pasado el efecto de la quimio, puedo volver a intentarlo como el alquimista que regresa una y otra vez a su laboratorio seguro de que encontrará algún día la piedra filosofal que lo convierta todo en oro.

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Domingo apacible

Posted by aura en Domingo, 10 febrero, 2008

Un domingo apacible y tranquilo. Un domingo de invierno con el cielo despejado, el sol en pleno y un frío muy cómodo que con espíritu sport comienza a desenredarse la bufanda y a desabrocharse el abrigo. Sería bueno ir a darse una vuelta por ahí, detenerse en alguna terraza al aire libre, de las que tienen el privilegio de ser soleadas y tomar una caña viendo pasar a la gente que camina despacio, charla, vigila a los niños y discute en tono muy español si será bueno pasar por la heladería. Respondiera yo a ese impulso si no fuera porque hace unas cuantas horas, las de la madrugada, sufría lo indecible sin poder dormir ni dejar de toser –a esas horas los cúmulos de toses que todo el día acarrearon los vientos, se instalan en grupos compactos y pelean su privilegio, el de instalarse entre el pulmón y la garganta de alguien y ponerse en fila para salir. Ser tos debe ser un poco preocupante porque no hay más futuro que ser expelida por las vías respiratorias de algún atormentado; aunque no sabemos si en su religión eso tenga un sentido trascendente y ya que no hay más, eso se convierta en el pase deseado al más allá- y eso sin contar con que me apremia un dolor en el pulmón derecho que no parece redimirse con analgésicos. Los tres días de quimio que me dieron no han quitado todavía las trincheras ni los campamentos que instalaron dentro de mí para hacerle frente al enemigo. Y tengo un desguanzo notable. Uf, tengo que pedirle permiso a un pie para mover el otro. Más quisiera aprovechar que con la luz y el bienestar del día se han ahuyentado las parvadas de toses y quizás podría dormir un par de horas.

Pero qué dormir, pienso, ni qué nada. Los días se pasan volando y hay que definir los actos del 20-F. El salón de casa es grande, pueden caber unas treinta personas. Apretadonas. Si ponemos una pantalla desde el techo y conectamos ahí la computadora, tal vez podríamos establecer una especie de teleconferencia. Estoy hablando por hablar porque ni me imagino cómo se haría, pero me veo a mí mismo, habiendo puesto un horario conveniente para todos –cosa que está sumamente cachetona, porque no se puede coincidir con las antípodas por más ancha que se tanga la manga-, leyendo poemas para los que estén y los que nos visiten a control remoto; porque, bueno, podrían venir veinte o treinta amigos que serían ejemplo de la celebración, carne viva, fuerzas reales para deshacer los encantos de la virtualidad, y copa en mano cada uno comenzar a transmitir con quienes aprovisionados de su propia cámara en sus computadoras -que podrían ser miles- se conecten con nosotros. Lo malo del modelo es que como esas cámaras son de lente gran angular todo el mundo se ve feo en ellas, a todos les crecen las narices y los ojos se les esfuman hacia atrás. Quizás recomendándoles que no se pongan muy cerca del objetivo. Pero, en fin, todo esto, va a a estar condicionado, primero, a un consenso con mis amigos que pudieran venir y ser la parte contante y sonante del festejo, y segundo, a que la tos por fin se haya sometido a la ciencia y yo no tenga que estar metido en el hospital y atarantado con unos calmantes de caballo, que aquí entre nos, eran los que pedía mi alma a gritos esta madrugada.

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Mensaje breve

Posted by aura en Viernes, 8 febrero, 2008

¡Las horas que son y yo sin escribir una letra! Trato de sacarlas pero salen con carne. Y al arrancarlas queda un poco feo alrededor. Disculpen. Después de tres o cuatro días por fin dormí horas seguidas; bastantes. El cuerpo se engolosina y quiere seguir como si anduviera apenas conociendo el país; qué ponerse a escribir ni qué nada; cerrar los ojos, acomodarse otro rato a tan buen predicamento. Ay, qué sabrosito es quedarse así. Sobre todo porque lunes, martes y miércoles estuve en el hospital recibiendo unos fuertes chingadazos de quimioterapia –un ciclo nuevo que apenas empezó- y la cantidad de medicamentos asociados tienen la particularidad de que me dejan radicalmente negado para dormir. El colmo fue de martes a miércoles en que ni esas medias horas que solía quedarme sin bandera me cuajaron. Y no sólo me tienen despierto sino que saquean todos mis rincones donde guardo la energía, incluso la de reserva, ¿a quién le extraña que quede hecho una piltrafa?

Pues así estoy y no quiero contagiarlos, de modo que seré breve. Calculo que en tres o cuatro días pasarán estos efectos y como ya pude dormir seré un titán de nuevo y emprenderé las tareas pendientes, que son las del orden festivo: tengo que hacer la tercera llamada y sobre todo, imaginar los rituales, las palabras que habrá que decir el mero día, la situación en que se digan, ante quién y quién, y lo que es más difícil, decidir si sigo escribiendo a lo tonto una página como las que han aparecido -y vosotros habéis sufrido- durante todo el año o me impongo una tarea determinada que me obligue a construir estructuras, pirámides, vías de comunicación, coordenadas que acaben por mostrar el llamado tejido de la realidad que debe tener todo acto de creación.

No sé, no me hagan caso, estoy desvariando y se me van solos los dedos, acostumbrados a un cierto número de palabras que todos los días amasan para este horno. Aquí lo voy a parar y me voy a acomodar de ladito otra vez, a ver si la misericordia combinada de la química y el sueño pueden evitar que accesos de tos como el que acaba de darme en este momento, tiren del diafragma como si tuvieran frío y con él se quisieran cobijar.

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Transcurso lento de la noche

Posted by aura en Martes, 5 febrero, 2008

Ay amigas, amigos, comadres y compadres, mujeres que pasáis por la 5ª Avenida, yo quisiera que vuestra entrada en esta página fuera siempre una fiesta, que abrierais sus puertas como si fueran las del júbilo y que adentro sólo hubiera cosas deleitosas tanto para los sentidos como para la reflexión, pero qué esperanzas, está llena de abrojos y tepalcates porque no responde a un plan de escritura sino a la pura espontaneidad del que la va ciñendo al cuento con las cintas de la realidad y si bien es cierto que a veces hay caramelos y compotas, otras veces acíbares amargan el espacio al que más les valiera no haberse asomado. Habiendo tantas hojas escritas en el inabarcable  compendio de lo escrito, que necesidad hay de adentrarse en estos muladares. Pero pues por lo pronto, como ya están aquí, les agradezco la lealtad y la confianza y abusando del refrán que dice que donde hay confianza da asco, les cuento dos o tres pormenorcillos de lo que fue la noche. No porque mis noches sean ejemplares, pues ya nada lo es; entre que somos tantos y estamos tan enterados de todo, ya ni siquiera la imaginación tiene espacios buenos para competir por los lugares altos en lo sorprendente.

El lado del que duermo, que es el derecho, contiene entre pleura y pulmón un sobrante, que es el que da la lata con la tos y al que le estamos dando con la maza de la quimio, pero del lado izquierdo nomás no puedo estar porque ahí la tos se magnifica y… ¡Basta!, ya me dio pudor estar contándoles esto; mejor les describiera los matices inagotables de las sombras cuando abro los ojos en la oscuridad y cambia el pasillo que conozco por otro fantástico en el que van y vienen objetos ignotos que no pocas veces los fantasmas utilizan de muy diversas maneras para sus ineluctables fines. Lo que era la Tizona del Cid que cuelga de un par de clavos pasa a ser una ventana sospechosamente entreabierta tras de la que se ven escenas que ocurren en corredores inmensos de castillos burgaleses en los que se conspira para derrocar un rey; hay alborotos y borucas en sordina, porque es la noche y porque es el otro lado de lo que es.

En el librero que mi vista alcanza cambian las proporciones y lo que hay son bestias contenidas por una fuerza que las domina, a la que no soy del todo ajeno; no hay riesgo de que se liberen porque las tenemos sujetas con mano de fierro; sólo que más allá, en donde el pasillo  tuerce y dejo de dominar con la vista el panorama, es posible que haya algo amenazante; la solución es cerrar los ojos, quitar esa vía de acceso y dejarlos en el aire negro de la oscuridad completa. Todo fuera poder al cerrar los ojos desconectar el hilo que mantiene unidas tales escenas con sus personajes y objetos a las posibilidades de mi interpretación; evitaríamos que entraran en la casa, que con ese mínimo clic que no sé si oigo o imagino, se les abrieran de par en par las puertas y pudieran pasearse a sus anchas por las posesiones completas, inmensas, de mi vida…

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Hospital de día

Posted by aura en Lunes, 4 febrero, 2008

La sala del hospital. La que se llama Hospital de Día. Aquí, desde hace dos años y medio, recalo cuando me van a calafatear. Una enfermera con una bandeja de cartón desechable trae todos los frasquitos y las agujas, tripas y cuanto más se requiera para la atención de este navío dañado. Menos mal que he vuelto porque hoy fue la peor de mis mañanas de enfermo. ¿Será porque sabía que hoy recomenzaba el tratamiento? ¡Sepa Dios! Dormí en una pedacería infame y pedregosa y cada mendrugo estaba interrumpido por la tos, pero con el adorno de que se plantaron dolores que no solían o que habían venido a solas y hoy se presentaron juntos como elefantes prendidos de la cola con la trompa. La tos decidió coger como territorio toda la caja toráxica e irradiar desde el punto interno en donde los adivinos suponen que está el tumor hacia el resto de mi infeliz persona, excluidas las extremidades que van por otro carril: en las ingles una protesta como de cansancio injustificado. Cansancio, ¿de qué? Y en el pecho, pero con intereses especulativos hacia adentro, un malestar de hartazgo que va más allá del dolor y se emparienta con una ira novedosa que apenas ha comenzado a sacar sus garras.

Pero antes de venir hacia aquí no podía escribir nada, no tenía ánimo ni voluntad, ni vocación, ni entidad, ni cuerpo, ni alma, era una pura enfermedad clamando por atención. Como si no fuera suficiente lo de los pulmones, los intestinos se sumaron a la protesta: más molestosos que muchachos obesos en plena adolescencia, no me dejaban en paz. Nos duele, llévanos al baño. Aquí nos vamos a quedar haciéndonos tontos porque no teníamos ganas de venir, y así estuvimos hasta que les di un sopapo. Ahora estoy enchufado. Una tripita de plástico con una aguja adormecida en el calor de una vena de mi brazo izquierdo está introduciendo suero, carboplatino, etoposido, que es la nueva droga, y ve tú a saber qué otros líquidos asociados que llevan consigo los comandos entrenados para dar la batalla. Habemos doce o quince pacientes sentados en sillones reclinables, cada uno con sus bolsitas de líquido sostenidas en perchas a propósito. Unos dormitan, otros leen el periódico, otros charlan con sus acompañantes; otros, nada.

Yo percibo el intenso verde con que está pintada esta sala con la conseja de que el color verde tranquiliza los nervios. Aunque el color naranja de los sillones reposet no ayuda mucho a la armonía y belleza que almas enfermas agradecerían. Bah, es lo de menos; también puede uno cerrar los ojos y dormir, soñar que la quimioterapia son los bálsamos con que los señores encantadores curan a los amadises cuando les hace falta restañar la vida para seguirla ofreciendo en la defensa de las damas desprotegidas, de los reinos atacados injustamente, de los desvalidos en los vastos campos de la política en donde los endriagos se mueven a sus anchas y hacen destrozos y tropelías sin cuento, así en este país como en tantos otros que conocemos. O puede uno tranquilamente, porque hay al menos dos horas de por medio, ponerse a escribir su página para comunicarle a la humanidad los pormenores de la bitácora del día.

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Alegría de las noticias

Posted by aura en Viernes, 1 febrero, 2008

Me relamo los bigotes (lo que no deja de ser una imagen asquerosa porque implica que recoge uno de los pelos que rodean la boca los restos de alimentos que no alcanzaron a entrar en el buzón y se quedaron pegados al adorno capilar) con las noticias del periódico. A veces. Porque hay otras en que es de una monotonía que ataranta. Pero hoy está especialmente jugoso. Los obispos (que deberían estar de luto por la muerte del padre michoacano Marcial Maciel, gran promotor nunca desmentido del acercamiento a los niños y fundador de los Legionarios de Cristo) salieron a la palestra para orientar el próximo voto de los españoles: no hay que votar por partidos que propugnen el matrimonio que no sea de un hombre y una mujer, que es el único bendecido, y sobre todo, que promuevan la educación para la ciudadanía y quieran quitar la enseñanza del cristianismo en la educación pública porque eso es atentar contra los derechos humanos.

Encontraron en Brasil el fósil de un antepasado del cocodrilo, cosa especialmente importante porque se tenía pensado que era originario del hemisferio norte y ahora ya hay materia para algún congreso interhemisférico en donde se hablará seguramente de su supervivencia en el peje lagarto que abunda en las aguas de Tabasco. Obama y Hilary hacen las paces: en la aparición pública de ayer dejaron de criticarse uno al otro y aseguraron que van a seguir siendo amigos. Britney Spears (que nos tiene con el Jesús en la boca permanentemente los últimos años porque no sabemos con lo que nos va a salir cada día, o lo que nos va a enseñar) fue llevada en ambulancia al hospital psiquiátrico; qué va a ser de esos pobres niños que trajo al mundo, eso sí, como Dios manda, con un hombre. La inflación bate el record de la zona euro, con España a la cabeza, cosa de la que ya nos hemos dado cuenta los que vamos al mercado, cada vez todo cuesta diez céntimos más, veinte céntimos más. Los taxistas de Lima están aprendiendo mandarín porque este año hay dos cumbres mundiales en el Perú a las que acudirán los asiáticos y quieren estar preparados (se acabó el tabú que decretaba: eso está en chino). La baronesa Thyssen ya es abuela y parece que hizo las paces por fin con la nuera a la que no podía ver ni en pintura.

Estados Unidos compró sospechosos a 5,000 dólares en Afganistán y Pakistán para llevárselos a Guantánamo, pasando con toda discreción por aeropuertos españoles y portugueses que no tenían por qué andar cacareando qué viajeros venían en esos aviones, aunque muchos ya están en libertad, sin cargos, porque se los llevaron y los torturaron por error unos añitos. Las noticias deportivas también están jugosas pero esas no me gusta leerlas, la verdad es que los chismes de Alonso y las perrerías que le hacen con los coches me da flojera. Y también voy a dejar de relamerme los bigotes (vuelvo al crimen como los mejores asesinos) porque al ratito me voy a rasurar; ya menguó el despiadado acné que me provocó el medicamento que tomé los dos últimos meses y me impedía pasarme la navaja por la cara con riesgo de provocar una masacre; ayer el oncólogo decidió que volvemos al consabido goteo en vena de la quimioterapia a partir del lunes. Ojalá que la prensa siga estando tan jugosa la semana próxima.

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Patitos en el sueño

Posted by aura en Jueves, 31 enero, 2008

Una nueva modalidad ha ocurrido en mi manera de dormir; en mi manera de empezar a dormir, más bien. Tengo la costumbre de no tomar la línea horizontal si no tengo suficiente pesedez como para quedarme dormido ya, sin darle muchas vueltas al asunto; nada de embarcarme en esos rieles interminables en los que se desliza monótono el insomnio, prefiero leer o escribir o babosear en cualquier cosa; de modo que lo normal –toses aparte- es que me acueste y a los pocos minutos haya pasado las trancas y ande pastoreando sueños.

Pero la novedad consiste en que me ha dado por empezar a soñar y despertar de nuevo, como si sólo se tratara de un enunciado, del encabezado de lo que va a haber en el reino de Oniro, el genio de los sueños al que manda Zeus para engañarnos. Me quedo dormido unos instantes –no sé cuánto porque me he resistido a encender la luz y ver la hora- que pueden ser segundos o unos pocos minutos, o quizás no tan pocos; el caso es que tengo la sensación de que apenas rocé esas aguas entrenadoras del olvido y he vuelto a salir a la compacta noche para seguir esperando mi turno, que suele ser enseguida, sin dilaciones innecesarias. Como cuando uno tira piedras en el agua, con fuerza y lo más paralelo que se puede a la superficie, buscando que no se hundan sino que vuelvan a salir al aire al menos una vez; lo que llamamos hacer patitos.

Lo soñado en esos instantes ha estado claro, definido, bien presentado y por lo general sencillo, como si una voluntad del otro lado me tratara de convencer de que me conviene ingresar al territorio y dejarme llevar sin oponer resistencia, de que no hay peligro y de que será una experiencia agradable. Cosa curiosa porque nunca he tenido desavenencias con el sueño; duermo siempre con soltura y sin conflictos. Bueno, siempre es mucho decir porque no faltan ocasionalmente los días de pesadez estomacal, de enfermedad cualquiera, de entusiasmo etílico o de nervios por algo, pero son excepciones, lo normal es lo que dije antes.

No sé a qué pueda responder esta novedad pero estaría bien que quienes explican los sueños lo tomaran en cuenta porque estoy seguro de que es una rareza; a nadie le he oído contar que le pase y en mí se está volviendo reiterativo, lo que me sucede siempre. Me ocurrió anoche también pero tienen tan poca sustancia estas vistas previas que por la mañana no tengo la más remota idea de lo que fueron. El aperitivo, la botana de los sueños. Aunque hay veces, como ésta, anoche, en que en vez de seguir al teaser la película completa sigue el horror de la instalación del equipo profesional de toser que se ubica y arranca con sus actividades sin importarle un comino que el monito allí acostado haya cumplido con todos los requisitos previos para dormir tranquilo. Menos mal que hoy fui ya muy temprano a los análisis de sangre y al rato voy a rayos X y enseguida a la consulta. Dirá el oncólogo con qué seguimos. Porque de toser, ya.

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Alboroto verbal

Posted by aura en Domingo, 27 enero, 2008

Puede que todo sea un truco literario, un pretexto para enhebrar el desmenuzadero de palabras que andan todo el tiempo rondando en torno a uno, que duerme mal, que se queja del avispero de males que lo acosa. Una pura estratagema para deshacerse del sobrante. Porque toda la noche pareció estar goteando un grifo del que salían sustantivos, verbos, adjetivos y demás asociaciones de letras, con un ánimo belicoso que no tiene explicación clara, a no ser antiguas venganzas por errores cometidos –en lo que acepto que tendrían razón- o peor, por no haber sido tomadas en cuenta en su momento con la importancia que merecen. A ratos salían voquibles contundentes que me hacían despertar, abrir tamaños ojos asombrado de la nocturnidad tan oscura y duradera; o verbos de tal rebuscamiento que me impelían a incorporarme y bajar los pies al suelo en donde corrían –yo lo sentía clarísimo- el peligro de ser roídos por artículos y preposiciones que como gazapos hambrientos acechaban debajo de la cama royendo las pantuflas de lana.

Ya sé qué es –pensé en cierto momento, cuando las cuatro o cinco de la mañana estaban más activas con su goma de borrar tratando de eliminar la memoria-, es que se me está saliendo un pulmón por la garganta. O tiende a salirse en busca de misericordia y no lo logra, y por eso hay tantísimo alboroto verbal. Mira cómo están las plazas llenas de palabras excitadas que reclaman acción. Hasta las más coquetas estaban agresivas, lindas pero malvadas. Todo conjuraba para hacerme toser. Yo sé que no hay atención humana que resista mi machaconería con el tema, que a partir de este momento serán arrancadas con desprecio las páginas de este diario con togada displicencia, que dirán que ya chole con la pinche tosecita, y tendrán razón en su alma y los ángeles bajarán en coros desde el cielo para subrayar con sus trompetas la justeza del veredicto. Lo único que yo pido es que a uno de esos angelitos le dé tos en el momento en que sople y empiece a contagiar a los demás, para que me comprendan. Cuatro meses hace que no paro de toser. Y hay noches peores.

Y es que el mentado tumor, al margen de la malignidad que entrañe, no parece que haya acabado de crecer, o al menos no disminuye, y se la pasa sobándole las costillas a los bronquios que, claro, se encabritan, sienten un cuerpo extraño y quieren echarlo para afuera. Pero tal cosa sucede durante la noche en un universo gárrulo en el que toda facundia tiene patente y ejerce, y me despierta y por no ver nada lo único que veo es cómo desde el techo se vacían inmensos diccionarios que sin lograr formaciones militares capaces de hacerlo, pretenden cercar las toses, llevarlas a prisión y encarceladas levantarles causa y, si se puede, ejecutarlas en la plaza pública para satisfacer el morboso acaloramiento de sus propias multitudes que no parecen estar dispuestas a callar y seguir soportando el sojuzgamiento inhumano de esta tiranía que viene del pulmón, sale por la garganta y aparece en la noche con sus ásperos modales desvencijando toda noción de reposo y armonía.

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El esfuerzo productivo

Posted by aura en Jueves, 17 enero, 2008

El problema también es de vigor; se necesita, aparte del entusiasmo, una reserva de fuerza vital para que la alegría de hacer no decaiga, porque lo que me pasa es que después de una hora u hora y media ya no quiero seguir y no me importa si se cumplió lo que me había propuesto hacer o me quedé a medias, lo que quiero es ya salirme de la cocina y abandonar el trabajo. Aunque me hubiera imaginado que iba a cocinar pechitos de ángel almendrados y en mantequilla y la boca me chorreara de deseo por dentro cuando comencé, al rato ya no me importa si los hago bien, si quedan jugosos y crocantes o mejor cambio a pechos de víbora enmantecados con tal de que estén más rápido. Una hora y media es tiempo más que suficiente para preparar una comida hasta de tres platillos, lo sé, –que lo digan tantas mujeres de doble jornada- pero no siempre, y menos cuando uno va a tantearle, a ver qué se le ocurre, y se engolosina con lo de una de las cazuelas, cosa que a veces me pasa, y se pone a soñar con el sabor sublime que debería tener cuando esté listo aquello.

Lo que pasó antier, cuando dije que me tocaba cocinar y padecía un mutismo azorado, fue que ya que había estado fantaseando con esto y con aquello, llamó Monique por teléfono y nos invitó a comer a su casa. Y aceptamos y fuimos y todo en mi cocina se quedó en agua de borrajas, que es como decir en frijoles de la olla. Ah, bueno, por cierto, tengo frijoles que se cocieron ayer y habrá que hacerlos refritos para hoy. Hoy sí me voy a tener que aplicar porque tenemos un invitado a comer y pensé que sería bueno hacer unos camarones a la diabla y un arroz con hongos –tengo unos hongos chinos secos que quedan buenísimos con el arroz-. El tema es la salsa catsup, porque los camarones a la diabla llevan salsa catsup y yo soy contrario a todos los pre preparados industriales; claro que la podría hacer yo mismo –en internet se consigue fácil la receta- pero entonces me sucede que me canso y ya no me importa si mejor los hago fritos con ajo y perejil, que al cabo también quedan sabrosos. ¿Ven? Ese es el problema, el vigor que apuntala al entusiasmo. O lo deja derrumbarse.

Pero cómo voy a tener energía si a las cinco de la mañana seguía tosiendo sin poder dormirme; ya no podía seguirle la pista a la Vida de Fray Servando, de Christopher Domínguez, y apagaba la luz con la esperanza de que la posición más o menos horizontal me llevaría a los anhelados paraísos de Morfeo, pero el exabrupto constante del aire expelido con violencia como queriendo aventar algo que está adentro y estorba, me hacía volver a activarme una y otra vez. Qué infierno. ¡Claro que estorba lo que está adentro! Empuja un honrado bronquio y éste, cuyo criterio es bastante elemental, lo que hace es jalar una bocanada de aire y echarla de sopetón auxiliado por la glotis que se cierra tantito para que lo de abajo empuje y se logre el efecto. Nomás que por desgracia no sale nada, ni flemas siquiera para que se hiciera más suavecita la tos.

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