Alejandro Aura

Mis poemas y otros escritos.

Archive for the ‘de viaje’ Category

Martes 13

Posted by aura en Martes, 13 noviembre, 2007

Pensamos que como era martes 13 –el día que se incendian los hoteles, se caen los puentes, los elevadores se traban en el piso sesenta y dos, las colisiones andan sueltas buscando sujetos que enfrentar para afectarlos y las mariposas arden sin darse cuenta en el fuego atrabiliario de la pasión de los coleccionistas- el avión vendría semivacío y podríamos obtener ventajas suplementarias. Pero qué, soñar fue nomás, imaginarnos. Está visto que el espíritu supersticioso está en caída libre, el miedo que llenaba las noches de gritos espantosos ha reculado a los ámbitos iluminados e imprecisos de la razón, ya nadie atesora el prodigio de creer: lleno hasta la bandera, lleno de bote en bote, lleno hasta el reloj –como dirían los empresarios de la plaza México el domingo antepasado que toreó José Tomás- y no había sitio para ninguna ampliación de ventajas. Lástima. Aunque por fortuna el aire cósmico empuja a los aviones cuando vienen de allá para acá y en diez horas nos trasladamos, océano Atlántico de por medio, de país en que se habla español a país en que se habla español.

A Milagros se le ocurrió pedir que me pusieran silla de ruedas para ingresar a España porque los recorridos por la terminal 4 del nuevo aeropuerto de Barajas son interminables. Puedo caminar, sí, bien, bastantito, pero con la novedad que he andado de flojedades en las coyunturas, de dolores en las rodillas, pensó que el kilómetro y medio que va de la salida del avión al puesto de migración, más lo que siga en adelante hasta la conclusión del recorrido, era mejor encomendarlo a las ventajas del primer mundo. Y sí que es expedita la cosa: me recogieron en la puerta del aeroplano y me llevaron sentadito por puertas y pasillos que iban cortando como atajos el camino de los pobres peregrinos que se bajaron del mismo avión, y con celeridad pasamos en estado de excepción aduanas y revisiones hasta que la silla móvil me vino a dejar frente a la banda de recogida de equipajes, ya a tiro de piedra de la salida del aeropuerto, en donde nos esperaba Oscar. Pues hasta aquí lo dejo, Alejandro, porque tengo que hacer otros servicios, me dijo la silla y se retiró con todos mis agradecimientos.

Y aquí estoy, ya en casa, apurado y preocupado por la continuidad de esta bitácora que desde febrero pasado no ha dejado pasar ni un día en blanco, ni por enfermedad ni por desidia, ni por resequedad de ingenio ni por prisas de viaje o de hospital, ni siquiera ante la embestida de piratas, y hoy, malhadado martes de fatídico signo, veo que van a dar las seis de la tarde y no hay una página fechada que rescate la hoja del calendario antes de que se desprenda y el viento se la lleve a hacer metáforas junto con las del otoño que los árboles ofrendan, y me digo: pues pase lo que pase, no dejaré chimuela mi continuidad en el medio: van estas precipitadas notas como constancia de que descreo de jetaturas y salaciones y pongo mi mano y mi corazón a trabajar: vamos, apúrense que se hace de noche y viene la hora de los aparecidos y las meigas, de las fatídicas desapariciones, la hora del terror imantado por el martes trece. Anden, no se detengan…

Anuncios

Posted in de viaje, diario | 4 Comments »

Origen de los días

Posted by aura en Sábado, 27 octubre, 2007

De dónde salen los días, de qué fragua que nunca se detiene, y qué Vulcano inmortal está fabricándolos uno tras otro sin confundirse nunca; a todos les pone un preámbulo de luz que perciben los pájaros inquietando a las sombras con sus augurios de inminencia –no se sabe bien si ya gorgean o se están quejando de que no los dejan dormir- y algunos desbalagados de la noche que corren a refugiarse a sus cubiles –no les da miedo la oscuridad, no, sino que la luz los descubra con el aspecto de ayer-; les pone a todos un interrruptor de luz que activa la Aurora de rosados dedos, en cuyo reino se construyen constantemente los colores con que el sol, maestro de las apariciones, administra su poder sobre las cosas y todas, todas caen en su buchaca. Una distracción cualquiera de uno y zas, allí está el día de nuevo sin inmutarse de las cuentas que se hacen en el calendario que uno va llevando. Uno tan pequeñito ante la enormidad del día. Ya es sábado otra vez; si no fuera algo abstracto se diría que se ha concretado otra semana. Una semana en Morelia, y ya nos vamos. Ya estuvimos en el Encuentro de Poetas del Mundo Latino.

Ya nos bañamos y nos vestimos; nuestros ritos no cesan ni dejan de alabar la grandeza incomprensible que hay en la repetición del día. Milagros está muy hacendosa metiendo las cosas en las maletas mientras yo escudriño cuidadosamente en las palabras a ver si encuentro alguna pista del origen de los días; por pequeña que fuera podría servirme para aclarar algunas cosas que he dejado pendientes. En cuál de estas repeticiones me dolió la espalda y adquirió esa independencia en la que ocurren acciones soberanas que no me toman en cuenta; en qué vuelta de este tiovivo me dio la tos que viene con su repetición automática de cosa incontrolable; en qué punto del torno se detuvo el equilibrio y me subió la temperatura corporal; en qué paso de la ronda me dolieron las piernas con esa extraña condición que aparece de pronto y hace que bajar un escalón sea motivo de dolor y queja, como si la coincidencia de huesos en las rodillas fuera nueva y estuvieran apenas probándose antes de ajustarlos y darles el visto bueno para echarlos a caminar por su cuenta.

Así las cosas, con el día instalado de lleno en mi azoro renovado, me dispongo a pedir el coche para emprender el camino a la ciudad de México a la que llegaremos esta tarde. Sigue el viaje. Llevamos ya más de un mes fuera de casa y falta todavía para volver. Ya no sé decir en qué espacio ni en qué tiempo andamos. Se repiten los días. Se acaban y vuelven a empezar y en su tela delgada bordo la rosa de los acontecimientos de los que soy medianamente parte: un poco el olor, un poco el color, un poco la fugacidad irremediable…

Posted in de viaje, diario | Leave a Comment »

Amanecer indeciso

Posted by aura en Miércoles, 24 octubre, 2007

La habitación está oscura; voy suponiendo la hora por los sonidos. Detrás de las cortinas debe estar agazapado el día acechando a sus víctimas. No quiero despertar del todo aunque nos dormimos temprano; apenas estaría dando la media noche cuando doblamos las manos y nos entregamos calladitos al destino; dormir más ayudará a remediar mis males, se me ocurre, que han estado tan presentes estos días, aunque la verdad es que cada vez que cambio de postura la tos me sacude y hace que la cama retiemble como en el himno nacional la tierra. Hace horas que estoy en duermevela. O esa es la sensación que tengo. He estado oyendo la inagotable novedad de los ruidos. Los que uno conoce van acomodándose de tal modo que se amortiguan unos con otros y no molestan, no se notan, uno puede dormir tranquilamente en medio de los sonidos habituales, pero los desconocidos pasan apenas por primera vez la aduana y tienen que mostrar que son inocuos. El animal antiguo que somos guarda en algún rincón de la memoria el instinto de conservación y por más que duerma tiene una antena lista para captar el peligro, no sea que fuera del refugio alguna fiera aceche. Pero no; qué peligro puede haber en un hotel del centro de Morelia.

Los ruidos que se oyen son predecibles: motores, cláxones, alarmas, el rodar de las llantas sobre el pavimento; de pronto, la campana innoble, humilde, de la basura que pasa despacio y se va renqueando, o sea que ya es hora de la vida civil; una motocicleta pedorra, la radio encendida en algún coche con la ventanilla abierta; una sirena trata de abrirse paso impaciente; algunas voces fuertes se imponen sobre la modulación ambiente, tienen prisa o son líderes del traqueteo; el taconeo cimbreante de alguna construcción femenina deja traslucir su rotundidad en el sonido; unos conversadores fugaces pasan muy cerca de la ventana pero no aportan ni una palabra inteligible al mundo que está tratando de construirse sobre mi almohada; y periódicamente, desde hace un buen rato, una campana, supongo que de la catedral porque es contundente, grave, sin una pizca vacilante, deja caer su admonición sobre el oído de todos; parecería que lleva siglos sonando con la misma voz; en su aleación metálica no se siente que haya nada fuera de proporción que pudiera inducir el pensamiento de algo improvisado.

Siento que debo despertarme del todo, dejar de pepenar sonidos en el muladar fangoso y perverso de mi entresueño y ponerme a laborar. Es tan poquito mi trabajo, y tan grato; sólo tengo que escribir una página larga y ponerla a navegar en este mar que es de todos. La obligación es ínfima: si quiero cuento lo que me va pasando, si no, invento lo que quiera, aunque sé que con un mínimo de astucia cualquiera descubrirá el plumero por más que lo quiera ocultar bajo la capa. Hoy es miércoles, comienza el encuentro de poetas que ya deben venir en camino desde la ciudad de México; en dos o tres horas estarán aquí; el hotel burbujeará metáforas e imágenes verbales por doquiera y yo me sentiré arropado, metido por completo en mi elemento. Buenos días; despertemos. Buenos días.

Posted in de viaje, diario | 3 Comments »

Chimeneas

Posted by aura en Domingo, 21 octubre, 2007

No recuerdo cuándo haya sido la última vez que estuve en una casa con chimenea. Siglos. O antes, cuando yo no era viejo ni tenía esta tos que me quiere arrancar pedazos de adentro, ni me dolían las piernas al poner sobre ellas el peso cada vez menos importante de mi cuerpo; cuando no había descubierto que subir escaleras es terrible porque tengo que remontar el fardo la altura de cada escalón, y que bajarlas es peor: hay que controlar que el peso no deshaga el bulto provisionalmente acomodado de la persona y cada vez hay que hacerlo sobre una pierna, con alternativa única, o una o la otra, y las dos amenzan cada vez con derrumbarse. Es más, la memoria me jala con insistencia a cuando viví en la calle Kepler, con Emma, porque allí sí teníamos chimenea; yo tenía veintitantos años y la vida era un lejano objetivo al que tarde o temprano llegaría. No estoy seguro pero creo que esa olla fue aportación nuestra al departamento –hasta creo que la compramos en Metepec-, un guaje de barro de unos ochenta centímetros de diámetro por uno diez de alto con su boca grande para meter la leña, y arriba su parte delgada para conectarla con un tubo que salía por la pared perforada a la medida; rústica pero efectiva. Se calentaba el barro e irradiaba calor a toda la casa

El chiste, claro, es el combustible. Esta de anoche la prendí con un cerillo que encendió enseguida el palito resinoso de ocote; puse tres o cuatro leños acomodados unos sobre otros y con el ocote abajo; bien secos los maderos enseguida encendieron. Sentado frente a la chimenea me puse a disfrutar el espectáculo único del fuego y todo lo que traía consigo. Me acordé de cuando era niño. Habíamos ido a un campamento y alguno de los grandes estaba manteniendo con trabajos el fuego para calentrar la cena. Llovía y la leña estaba mojada. El destino me escogió entonces para que pateara sin querer una olla con agua que estaba junto a la fogata y quiso que se derramara y apagara el fuego. Pinche escuincle baboso ahora la vuelves a encender o te echamos vestido al arroyo. Hacía un frío que pelaba. El terror me puso ingenio y eficacia; tomé el lugar del fogonero y me apliqué a soplar; buscaba afanosamente cualquier ascua que hubiera sobrevivido a la catástrofe y a ella me encomendaba con mis pulmones nuevecitos de niño amenazado; cuando la brasa me respondía buscaba una varita lo más seca posible y se la acercaba para que viera que mis intenciones eran buenas. Si la varita encendía acercaba alguna otra rama hasta que el fuego azuzado por el aire finito de mi soplido la seducía. Muy poco a poco restauré el fuego y me salvé.

No es que en Morelia haga frío, pero aquí, en Santa María, con una chimenea en la habitación se está tan bien y son tan buenos anfitriones que hay un caldero con rajas de ocote y una batea con leños bien secos que me dan la posibilidad de encender un fuego y sentarme a ver pasar el tiempo sin linealidad alguna; tal como las llamas se mueve hacia un lado y hacia otro.

Posted in de viaje, diario | 1 Comment »

Dificultades técnicas

Posted by aura en Miércoles, 17 octubre, 2007

Dentro de poco no se podrá encontrar un cuarto de hotel sin wi-fi, de la misma manera que es impensable encontrar alguno que no tenga televisión, pero como no ha llegado todavía ese momento me veo en la habitación de una hospedería de alta alcurnia en la más señorial ciudad de la República escribiendo y teniendo que ir a otra parte a ponerlo en la pata de la paloma mensajera que lo lleve a sus destinatarios. Ándale, palomita, ve y diles que esto y que lo otro y que llevo clavadas en el pecho las flechas de su silencio. Y eso, me comprendan o no, me retrotrae a la época de las cavernas porque no es lo mismo escribir en frío, en una página que no saldrá de la pantalla de mi computadora mas que trasladado su contenido a un pen drive –disculparán los tecnicismos pero se trata, para que me comprendan, de una paloma intermediaria-, a hacerlo en una página igual de la computadora pero con la conciencia de estar conectado a la circulación universal del internet –una arteria amazónica alimentada con la sangre de todas las palomas mensajeras de los corridos y que ahora trabajan de otro modo-. No se piensa igual porque no se está en las mismas circunstancias; algo adentro de la máquina del pensamiento actúa de una forma en un caso y de otra en otro.

Pero bueno, se cumplió la etapa Zacatecas de esta gira de presentaciones de Se está tan bien aquí. Un público introvertido y respetuoso que se juntó en el patio de la Casa Municipal de Cultura, convocado por el vigésimo aniversario del Colegio de Bachilleres, me escuchó con atención aunque me inhibió con su retraimiento; ah, como si no conociera yo el espíritu zacatecano: lento, silencioso, resguardado, prudente, incapaz de aspaventar, pase lo que pase. Mi amigo de toda la vida, el poeta Sampedro, habló de mí y de mi libro con emoción que entre todos compartimos y bajo unos reflectores que modificaron el ambiente de patio municipal volví a tratar de transmitir a quienes me escuchaban el jugo secreto de la almendrita de cada uno de los poemas. Distinta es la lectura que cada quien hace de un escrito; es distinta también la del autor.

Mañana lo haré en el Museo Francisco Cossío, de San Luis Potosí, en donde tantas veces, con tanto cariño he estado.

Ahora iremos a desayunar y luego a entregar un legado de fotografías de los Hermanos Mayo que el crítico de arte valenciano Manuel García donó al estado para enriquecer su fototeca y luego cogeremos el camino, verde porque tanto ha llovido. Como de costumbre, no alcanzamos a hacer todo lo que el deseo quería, pero nos faltó tiempo y me faltó vigor; subir y bajar las calles de Zacatecas es un trabajo para atletas constantes y yo estoy descontinuado. Pero igual nos comimos una torta de lomo en la Acrópolis y un itacate minero en El Paraíso. Quedamos a deber muchas visitas a muchos amigos; pero mejor, así tenemos pretexto para volver pronto.

Posted in de viaje, diario | 2 Comments »

Enormes camas

Posted by aura en Lunes, 15 octubre, 2007

Si no te parece cómodo dormir con tu pareja por su inquietud nocturna, su temperatura, los sobresaltos de sus sueños, su olor agrio cuando se toma unas copas de más, porque tiene los pies fríos, porque su cabello sobre la almohada te da ansias, porque la tela de sus pijamas te pone de los nervios, porque te respira en la nuca, porque suda o por las razones que sean, lo de menos es que se hable y, si las condiciones lo permiten, acordar dormir en camas separadas; se diría que es casi una solución salomónica. El contrato de pareja no necesariamente se rompe, e incluso puede consolidarse y alargar en el tiempo sus bondades: la solidaridad, el respeto, la amistad, el cariño, la ternura, la protección, la defensa e incremento de los intereses patrimoniales comunes; ni siquiera tiene que quedar proscrito el erotismo porque mientras se duerma en la misma habitación siempre habrá oportunidades si hay estímulos y jamás podrá ser insalvable la distancia entre ambos lechos; Eros va y viene y no tiene casi necesidad de nuestras rutinas, el cupidillo travieso que se mete y sopla entre las piernas se las arregla para avivar la llama cuando uno más distraído está.

Lo que no es razonable es la ficción de que se duerme en la misma cama y que cada uno quede como a dos cuerpos de distancia del contrario; entre uno y otro se podría establecer un espacio de alquiler para caminantes agotados o abrir un camino vecinal para cruzar el barrio. Yo no sé a qué imaginación perversa se le ocurrió fabricar estas camas como para cuatro o cinco durmientes, y lo peor de todo, vendérselas a los hoteles y a las casas de algunas personas ricas, haciéndoles creer que es chic, sin tomar en consideración que es costumbre dormir de a uno o de a dos, y que tres o cuatro o más en la misma cama es anormal. A menos que el creador haya pensado que se podrían modificar costumbres e imponer la modalidad de invitar parejas ajenas a dormir con uno en el espacio vacío que se abre insondable entre quien convida y su cónyuge, pensando tal vez que su actividad, en caso de ser productiva, podría ser contagiosa –o al menos divertida-, o que podría servir de ejemplo si es que se trata de personas que tienen por costumbre dirimir con acritud sus diferencias en el lecho o, por el contrario, perdonarse mutuamente sus errores como condición para dormir tranquilos. Digamos que pudiera servir de vía pedagógica para mejorar la calidad de vida.

Pero si de lo que se trata es sólo de vender la sensación de holgura, de confort, de abundancia, del supuesto bienestar que da tener de más –como esas hamburguesas con que podrías hacer los alimentos de tres días antes de marchar a la guerra-, declaro que estas camas gigantes son un rotundo fracaso: tú o con quien duermes, uno de los dos, por fuerza, tiene que renunciar a la mesilla de noche y su lámpara, su reloj, su vaso de agua, sus fetiches nocturnos; tiene que renunciar al salto natural nocturno hacia las pantuflas para satisfacer cualquier necesidad; y ambos tienen que aceptar la indispensable condición de tensión de tienda de campaña de sábanas, mantas y colchas, pues un extremo queda tan lejos de otro que es imposible con la suave presión de los pies o el natural cambio de postura aflojarlas para que caigan con naturalidad sobre nuestros pobres cuerpos, sometidos, una vez más, a las aberrantes torturas del espíritu de consumo king size.

Posted in de viaje, diario | 3 Comments »

Uno y los estudios

Posted by aura en Domingo, 14 octubre, 2007

Que uno pudiera citar a Juan Ramón Jiménez y un poco más adelante usar una famosa imagen de Shakespeare y en el mismo párrafo hablar de la etimología de Rhodas y del origen del cultivo de las rosas y referirse a una de las acciones más conmovedoras de la Ilíada implicaba antes que nada una buena memoria, una biblioteca ordenada y a la mano, capacidad de concentración y manejo oportuno de datos y una vasta cultura universal; quería decir que se trataba del escrito de una persona culta.

¡Qué tiempos aquellos! Cómo conceptos sólidos y labrados en la piedra del tiempo como los templos de Petra, en Jordania, se vienen abajo como los budas milenarios que bombardearon los talibanes hace pocos años para darle al mundo la muestra de su poder y su barbarie ante nuestra vista horrorizada en las pantallas de televisión; cómo se despedazan con la humedad de los adelantos técnicos las bases de barro de las estatuas que más sólidas parecían estar en sus marmóreos pedestales. Ya nada de lo enlistado arriba se necesita. ¡Vivir para haberlo visto!

Y yo que sufrí lo indecible por no haber hecho una carrera y no haber obtenido un título, aunque fuera el de secundaria; tanto que me he fustigado toda la vida por mi mala memoria, por la dispersión mental que me ha llevado de una curiosidad a otra sin ahondar jamás en un tema lo suficiente para dar un examen o escribir una tesis, por mi horror al estudio y por la inveterada costumbre de acomodar los libros como sea en los estantes de las bibliotecas que he ido perdiendo a lo largo de la vida a causa de rompimientos y separaciones. Ahora debiera ser joven y todo aquello no habría sido motivo de conflicto.

Lo que es indispensable es que al llegar al hotel pida uno la clave para el wi-fi, conecte su computadora y se sepa trasladar de Google a Wikipedia con soltura y domine los punto net y punto com que se le atraviesen. Porque ahí está todo. Ya no digamos si uno en su casa, en su estudio, en su lugar habitual de trabajo tiene contratado un servicio ADSL o puede viajar con un modem satelital de conexión directa desde cualquier parte. De esa manera uno traslada su virtual Biblioteca de Alejandría y su personal Abadía de Cluny vaya por donde vaya.

Pero ay de uno si en el hotel al que llega no hay ese servicio porque entonces todo se interrumpe, todo se queda a medias y el foco de la razón disminuye dramáticamente su luminosidad. Ya uno acostumbrado a manejar con soltura los accesos se queda sin saber si lo que usa es banda ancha o angosta, si el misterio cotidiano de la conexión es satelital ni si podría explicarle a un niño lo que significa ADSL. Y unas orejas de burro comienzan a brotar a los lados de la cabeza inútil de uno que no tiene más remedio que voltearse hacia la pared y quedarse ahí meditando sobre lo bueno que hubiera sido, con todo y todo, estudiar.

Posted in de viaje, diario | 1 Comment »

Sierra Hermosa

Posted by aura en Sábado, 13 octubre, 2007

Por el camino a Saltillo se llega al municipio de Villa de Coss y un poco adelante, si uno entra hace veinticinco o veintiseis años, con su Mercedes Benz ya entonces antiguo y arriesgado de sobra a venir a tan colmada lejanía, por unas veredas de tierra sin señalamientos, camino más para pezuñas y herraduras que para vehículos de motor, oteando, a un lado y otro, desierto, cactos, tierra dura, plantas bajas y espinosas, guiado por alguien que haya pasado allí su niñez, llegará tarde o temprano a Sierra Hermosa, una hacienda en ruinas rodeada de un caserío, que se quedó allí fuera del tiempo, sin luz eléctrica ni pavimentos ni nada que la ubique temporalmente en el momento en que llegamos a esa sorprendente visita al pasado. Todo es quietud y silencio. Sólo las voces de los animales se adueñan de la conversación de la tarde. El tono para recibir al recién llegado es bajo y comedido. La emoción tiene la mecha hacia adentro. El aspaviento no pertenece a este mundo. La prisa es mercancía que no se expende aquí, en donde no se expende casi nada.

Vivía todavía entonces en su pequeña casucha un hombre de más de noventa envuelto en un sarape, enjuto, casi quieto, casi inexistente, que hacía el pan calentando su horno con leña dura del desierto. Me dijeron de él que había sido panadero de la hacienda cuando ésta pertenecía a un sistema ganadero que recorría como arteria más de la mitad del país hasta llegar a la capital por puras tierras propias. Cuando los señores pagaban a la peonada con vales de la tienda de raya; antes de que la peonada encontrara como destino laboral irse de braceros al otro lado. En su sala de trabajo, de la mayor humildad, con su mesa y su horno, había ido guardando el calor de la memoria durante décadas para hacer el pan. Yo quise, pretencioso y ajeno, comprar todas las piezas del canastito porque me hallé con el pan más sabroso que he probado en mi vida, pero el viejo se opuso; no podía hacer más hasta el día siguiente y no era cosa de dejar a los otros sin lo suyo.

Juan Manuel de la Rosa me llevó a conocer su tierra y las impresiones que tengo son indelebles, y eso que nada más las he vivido por encima; esa vez y otra, que fuimos a llevar unas cajas de libros para proponerles que hicieran un club de lectura. Ya entonces habían cambiado las cosas: por arriba del arco, en medio de la puerta de la hacienda, como una estética nueva, pasaba orgulloso y orondo el cable de la electricidad. Y anoche estaban, en la inauguración de la exposición de Juan Manuel en el Museo Felguérez, de Zacatecas, un montón de personas de Sierra Hermosa; sobre todo niños de los que acuden al club de lectura. Vinieron a la capital a ver la luminosa exposición de su paisano; la que tiene en abstracto todo su entorno, toda la riqueza que ellos conocen, la luz, la profundidad, la discreción, el silencio, los lujos de oro del desierto.

Posted in de viaje, diario | 4 Comments »

Siguiente estación

Posted by aura en Jueves, 11 octubre, 2007

Yo no creo en meigas (brujas) pero haberlas, haylas, dicen los gallegos. Me concentré apretadito muy buen rato para evitar que lloviera en la tarde, y lo logré. No digo que me dolió la cabeza porque sería exagerado pero sí sentí salir de ella unos como destellos que ascendían vertiginosos hacia el banco de nubes a negociar con sus líderes. Acabaron por dispersarse y dejaron pasar leves rayos de sol que templaron el ambiente. Dirán que es coincidencia. Digan. Qué más da. El chiste es que no llovió y el Bar Ronda albergó alegre, seco y suficiente a quienes vinieron. Suficiente y apenitas porque estuvo lleno. Hay una ley en los espacios que conocemos muy bien quienes hacemos actos públicos: la convocatoria es un éxito cuando se llena el lugar, tenga cupo para cien o para diez mil; fracasa cuando hay menos de la mitad del aforo. Ante una sala llena hasta el tope, interesada y cariñosa leí buena parte del libro.

Así que dejémonos de albricias y vayamos a los hechos. En un rato más encenderemos el motor del coche y nos iremos a la carretera. Los vientos nos llevan a Zacatecas, aunque para no manejar tanto rato haré parar la diligencia en San Luis y mañana llegaremos a nuestro primer destino. Ya me veo comiendo gorditas con las hijas de doña Lupe y paseando por el mercado Arroyo de la plata o yendo a buscar un queso al Laberinto. A lo que le tengo miedo es a las subidas y bajadas de las calles de esa ciudad no apta para pulmones distraídos. Pero en fin, caminaré despacito, me detendré a disfrutar los sillares de cantera rosa con que están hechas las casas, buscaré nuevos ángulos para ver el cerro de La bufa y me dejaré alegrar por el afecto suave de los zacatecanos. Ya mañana será otro día.

Posted in de viaje, diario | 5 Comments »

Adiós, Habana

Posted by aura en Viernes, 5 octubre, 2007

Esa es la condición de los viajeros, ir despeinados. Apenas has tenido tiempo de ver un poco, de curiosear por encima la cáscara del fruto que te prometías y ya te está esperando la siguiente estación con sus tentaciones. Como estampas que el dedo pulgar va torciendo y al irlas soltando vuelven a su posición original, pasaron las calles de la ciudad. En la ráfaga se quedó el Malecón y se quedaron los mercadillos de artesanos, la Rampa y los helados Coppelia; Prado y Neptuno se quedó con su chiquita colosal reacomodándose las almohaditas y el chachachá se quedó en el caldero en que fermentan los mitos. Adiós, Habana Vieja, hasta otra vez, cuando ya toda seas la tacita de plata del Caribe. Adiós. Esta vez no bebí ron ni fumé tabaco ni fui al Morro a ver la ceremonia del cañonazo ni oí cantar a Omara Portuondo así de cerquita; ahora fui a los laboratorios que fabrican Escozul y al Centro de Inmunología Molecular a averiguar los tratamientos que tienen para darle callo a lo que tengo yo.

No hubo tiempo para que alguien con voz disimulada me ofreciera un tratamiento de los que no se dicen; será la próxima vez que venga; iré lleno de zozobra a no sé qué cuchitriles más allá del túnel de La Habana en los que se invoquen con el vigor soterrado de la fe fuerzas sincréticas que vengan en mi ayuda desde un más allá que se hermana entre Palestina y Etiopía. ¿Sangre, animales, sacrificios? Vaya, que se activen las fuerzas telúricas, que se sacuda el orden y se enmiende la secuencia de los hechos, que se corrija la mano del destino y se modifique en mí. Otra vez será, y no habré de sacar el bulto intimidado por mi cadena de prejuicios, me dejaré hacer y procuraré conservarme relajado mientras dure el trabajo. Tal vez ya erradicado de mí el cáncer me pregunte por qué no lo quería y yo sea capaz de darle un abrazo fraterno.

No hubo tampoco nada de paladares, esos restaurantes caseros tolerados en los que se come tan sabroso, diario comimos en la casa que nos hospeda, tan sabroso y con tanta generosidad. Y llovió, hizo calor, se nubló, volvió a llover y nunca dejó de hacer calor. El Caribe apabullante y verde.

Una palmada y se acabó La Habana, nos regresamos a México unos días para preparar lo que sigue, que es una presentación de mi libro “Se está tan bien aquí” en el bar Ronda, en Avenida de la Paz 58, el próximo miércoles 10 de octubre a las 7 de la tarde. Vayan apartando la fecha. Yo ahí llegaré y estaré preparado para empezar a leer mis poemas en cuanto la gente esté acomodada y despachada. Mañana, ya desde casa, mandaré un comunicado formal. Hoy, un poco retrasado por causas no todas de la voluntad, publico esta página y me preparo para lo que sigue.

Posted in cáncer, de viaje, diario | Leave a Comment »