Alejandro Aura

Mis poemas y otros escritos.

Archive for the ‘de viaje’ Category

La mano a la oreja

Posted by aura en Jueves, 4 octubre, 2007

Hay ciertos gestos típicos que por repetidos dejan de notarse; no son eternos, son de los días que corren mientras uno corre la pista de su vida. Claro que se modifican de acuerdo con muchos factores, sobre todo los de desarrollo tecnológico y mercantil, pero llegan y se instalan y uno se va habituando hasta que dejan de llamar la atención. El gesto de manejar un coche a principios del siglo pasado, por ejemplo, era notorio de manera contundente; las fotos nos muestran que había hasta un vestuario apropiado y un fenotipo de conductor con botas, gorro para que no volaran los pelos y anteojos semejantes a los de aviador. Conforme se reprodujeron dejaron de ser notorios por razón de su abundancia. Hoy, el de abrir un coche, meterse, echarlo a andar e iniciar el avance, es un gesto que no le interesa a nadie.

Cuando yo era niño seguíamos con un poco de miedo y mucha curiosidad a los que iban hablando solos por la calle porque estábamos seguros de que eran locos y lo demostraban con creces cuando despotricaban frente a un poste o una pared o una puerta cerrada mientras nos reíamos y preparábamos la carrera por si acaso pasaba de su realidad a la nuestra. Sabíamos bien que otros que podían hablar solos eran los borrachos pero esos ponían en el equilibrio de sus movimientos la firma de su estado temporal, que tenía poco atractivo. Bueno, pues esto viene a cuento porque se siente rarísimo no ver en la calle gente que va hablando sola, ya sea con seriedad y recato o con aspavientos, como hay tantos. No sé cuánto tiempo tarda uno en darse cuenta de que nadie en La Habana usa teléfono celular, o móvil, como se llama con mejor tino en España. Que ese gesto de ir con una mano a la altura de la oreja sosteniendo algo, hablando y con la vista puesta en un lugar que excluye a los demás por más cerca que estemos, ya asimilado en nuestros países, aquí no tiene representantes. No sé todavía si los extranjeros y los diplomáticos los usan pero yo no he visto ninguno.

Hace diez años en nuestros países tampoco se usaban. Empezaron siendo bastante grandes y los primeros usuarios solían hacer el gesto de “estoy hablando por teléfono”, que ha desaparecido por completo hasta el grado de que hay quienes llevan ambas manos desocupadas u ocupadas en otra cosa y sin embargo mediante un hilillo que les cuelga de un oído y en que va integrado el micrófono llevan su coloquio con la cabeza en alto sin sentir que se necesita ninguna justificación. Pero por estas calles habaneras nada de eso se ve; la gente habla con facilidad, pero unos con otros, en corto, con la picardía, la curiosidad o el interés que el interlocutor y la situación provoquen. Nadie habla solo. Ni que estuvieran locos.

Anuncios

Posted in de viaje, diario | 4 Comments »

Interpretación radiológica

Posted by aura en Miércoles, 3 octubre, 2007

Varias veces he comentado lo buenos que han sido los servicios oncológicos en el Hospital de la Princesa, en Madrid; lo bien que me han tratado médicos, enfermeras y técnicos y lo oportuno que ha sido todo el tratamiento. Pero anoche, durante la cena, se ofreció hablar de un defectillo, que podría ser una rémora seria para darle premio de excelencia: el tiempo que tarda la interpretación de las tomografías por los médicos especialistas en leer placas radiográficas. El resultado de la prueba se informatiza de inmediato pero normalmente su lectura interpretativa tarda de dos a tres semanas porque los especialistas son insuficientes, porque los turnos están mal diseñados, porque los hábitos laborales de los españoles son muy relajados o porque no se dan abasto con la abundancia de trabajo, y parece que no se les ha ocurrido cómo solucionar este pequeñísimo problema que en algunos casos puede ser fatal, porque si tienes algo deveras serio que requiera de una intervención rápida es posible que a las dos o tres semanas ya no la necesites.

No todo en la globalización tiene que ser negativo ni todo a favor de la comercialización de productos o del intercambio de frivolidades, también se puede llegar a acuerdos entre países que ayuden a resolver, mediante la comunicación inmediata, sus cuellos de botella. Supongamos –como suponíamos anoche durante la conversación- que en la India hay técnicos médicos con preparación suficiente para interpretar TACs y les sobra tiempo porque hay exceso de oferta de sus servicios, ¿qué le costaría a España llegar a un acuerdo con el gobierno de la India para que un grupo de estos especialistas, habilitados vía internet, se dedicara a revisar e interpretar cada día las radiografías que enviaran los hospitales españoles? El tránsito de información tardaría segundos; no tendría que ser el cien por ciento de los casos sino un porcentaje que redujera los plazos actuales y no les quitara el trabajo a los intérpretes hispanos, lo que podría ser un obstáculo para contar con el beneplácito de la comunidad médica y de los organismos sindicales.

Según yo -dije, mientras me comía una rebanada de un riquísimo pastel de pera- sería un hit; la ganancia política de quien lograra reducir de esa manera drástica el tiempo de interpretación, sería más que apetecible; una vez iniciado el camino de cooperación internacional a ese nivel, todos los partidos estarían buscando en tal espacio ofertas de campaña. No -terció nuestro amigo que nos hospeda-, imagínate que mandaran las radiografías al Tíbet; regresarían con sabias anotaciones respecto al autocontrol, a la aplicación de la energía del universo a través de los chacras y con recomendaciones para las próximas reencarnaciones del sujeto radiografiado. De una vez. Como valor agregado. De ahí derivó la plática en otros amenos temas pero me quedé pensando en la utopía: tan fácil que será para la globalización sacar de donde lo haya el conocimiento para aplicarlo en donde se necesite, nomás es cosa de organizarse. Y de llegar a acuerdos.

Posted in cáncer, de viaje, diario | Leave a Comment »

Efectos secundarios

Posted by aura en Martes, 2 octubre, 2007

Tamal de sapo. O busquemos otro símil: perro hinchado en la carretera. Embutido. Salchichón suelto y mal amarrado. Todo debe haber empezado en el avión; me dormí sentado un buen rato y la presurización, o la altura, o algún fenómeno de esos que son incomprensibles para la mayoría. Llegamos y los amigos que nos hospedan nos trajeron en coche a casa. Comimos –sentados, por supuesto- y nos fuimos en coche a dar una vuelta por la ciudad, sobre todo para que Milagros se hiciera una idea de dónde estamos porque yo he venido otras veces. Llovía y las olas aventaban confeti cristalino al Malecón. Y así y todo había gente pescando; seguramente los peces, confundidos de especie, piensan que con la borrasca podrán salir ganando. Aunque el dicho aluda al río y no al mar, los peces qué van a andar diferenciando. Ándale, como peces globo. Regresamos a casa y nos pusimos a leer un rato, sentados, claro.

La cena fue el propíleo del templo de una profunda conversación. ¿Te gusta unas tres horas? Yo creo que mientras platicábamos nos hizo la digestión y hubiéramos podido volver a cenar. Como ese cuadro de Remedios Varo que van metiendo estrellas en un molinillo de carne y sale el picadillo listo. Ya ves que cuando se suelta la cadena de los recuerdos vas ilando unos con otros y no acabas nunca; cada uno se acuerda de algo y entre los cuatro volvemos a poner en orden el universo, ahí sentados. La verdad es que yo me estaba sintiendo incómodo, con ganas de levantarme a estirar las piernas. Así que cuando nos metimos en nuestra habitación y me quité los zapatos vi el desaguisado: hinchados los tobillos hasta desaparecer las formas y los huesitos; los pies menos, porque se ve que este calzado de tela que traigo, una especie de alpargatas de un tejido grueso, como de lino y con la plantilla de esparto, sin correas, contuvo la inflamación que se dio a partir de donde la carne estaba suelta. Por eso es que me acordé de los embutidos.

Y esto sí es novedad. No digo que no se me hubieran hinchado los pies; sí me ha sucedido últimamente. En algún momento lo atribuí al mezcal. Esto ha de ser por culpa tuya, le dije un día a la botella mirándola con severidad. Pero qué esperanzas, levanté falso testimonio, porque ahora ni siquiera una cerveza o una copa de vino, nada, ¿y qué alegría puede invocarse así? ¿O será la cortisona? Pero ya hace como un mes que dejé de tomarla. No sé cuánto tiempo puedan durar sus perniciosos efectos. Ni cuánto será necesario haber tomado para estar sujeto a su incomprensible mandato. Los pies en la pared, en alto, un rato, hasta que cosquillean y luego resignarse. Durante la noche, con la posición horizontal y algunos sueños propicios supuse que lo inflamado desaparecería y mis pies volverían a tener sus formas ejemplares. Pero no; no están como anoche pero tampoco los tomaría como modelo para fotografiar. ¡Maldición! Con esto no contaba.

Posted in de viaje, diario | 2 Comments »

Vacunas en La Habana

Posted by aura en Lunes, 1 octubre, 2007

Lo que hace que uno se desespere es que no es seguro; nada seguro. Sabemos que la penicilina y sus incontables derivados antibióticos acaban con enfermedades que durante siglos se pasaron matando individuos porque se van directo contra el agente externo cuando se ha metido en el cuerpo y va ganando la batalla, y lo exterminan; bueno, y sabemos que el agua y el jabón son esenciales para evitar que los enviados de patogenia se metan por cualquier herida que se encuentren y se reproduzcan en el campo rico y calientito de la sangre. Lo que no sabemos es hasta dónde es eficaz la quimioterapia. Emparentada con las sangrías que en algunos casos servían para devolver la salud de algún enfermo –si no es que coincidían con otras razones-, actúa en el cuerpo de manera brutal destruyendo células que no acabamos de saber por qué se desviaron de su sencilla obligación de reproducirse en orden y empezaron a hacerlo a trochemoche, y aunque la quimio va cada vez más a los órganos dañados y cada vez se acerca más al objetivo, seguimos sin encontrar cómo atacar la causa. Porque seguimos sin saber por qué se genera, al menos yo no he oído nada convincente acerca del origen del cáncer.

El que yo tengo es por fumar, me dicen. Ok, lo acepto con muchas reservas, y agradezco que me haya dado treinta años después de que dejé el cigarrillo; otros dan, dicen, por comer esto o aquello, o por asolearse de más los muy blancos, o por angas o por mangas, y la mayoría, porque sí. Porque no sabemos. El más fácil de satanizar es el de pulmón –el tabaco, la polución, las partículas suspendidas-, pero cómo explicar los de los órganos sexuales, por ejemplo, ni modo que por exceso o por falta de uso, o por emplearlos con métodos equivocados -nada más falta que digan que el cáncer de útero es por no tener todos los hijos que manda Dios, o el de próstata por andarse trasteando por ahí-; u otros cuyas explicaciones no satisfacen pero bien que acaban con millones de vidas. Pero, bueno, mi intención no es convencer a nadie de que respecto al cáncer seguimos moviéndonos en las arenas movedizas de la ignorancia, sino contarles que vamos a Cuba.

En cuanto acabe de publicar esta página nos iremos al puerto aéreo y cogeremos el avión para la Habana. Porque tengo un descanso de la quimioterapia, a la que como todos ustedes saben me he sometido durante dos años con el resultado positivo de que sigo escribiendo esta bitácora y de que puedo seguir viajando, y porque leí que ahí están desarrollando una vacuna contra el cáncer de pulmón y que van muy avanzados en su elaboración. A mí quizás no me hace falta el dato, pero según la información que leí en internet hay un laboratorio estadounidense que ya está elaborando la vacuna pese al bloqueo. Tendré una entrevista con alguno de los médicos que están en este empeño y evaluaremos si es aplicable a mi caso. Y lo otro es que unos días en La Habana, al nivel del mar, en tierra alegre y bullanguera, no pueden más que hacer que se me quite la maldita tos.

Posted in cáncer, de viaje, diario | 4 Comments »

Tos

Posted by aura en Sábado, 29 septiembre, 2007

La modalidad ahora es la tos. Me acuesto de lado y comienzo a toser; me volteo pensando que del otro lado no se me oprime el pulmón, y toso. Una tos seca y sin gracia, antipática como un tío que se hace notar al llegar de visita pero no trae nada de regalo, como un invitado inoportuno. Estoy hablando y el aire en vez de salirme con palabras me sale con toses. Está bien: entre la pleura y el tubo por el que entra el aire que respiro hay un estorbo, un crecimiento anormal de algo, un tumor que incomoda y me produce lo que el médico calificó como tos irritativa. Ande usted, sea lo que sea, llámela como quiera, pero cómo jode. Se repite, se repite, crece, aumenta, hasta que se convierte en arcada y entonces me deja descansar un breve plazo. No me duele la garganta, no me escurre la nariz, no es infección, no estoy mormado ni afónico, no me sirve de nada tomar agua ni comer miel; los efectos de los paliativos no llegan tan adentro; es una tos mecánica sin personalidad, sin compromiso con las vías respiratorias, sin esperanza.

Ya la había tenido desde antes del diagnóstico fatal, digamos que fue una señal, aunque yo no la haya sabido interpretar; no en Madrid sino apenas llegué a México. Cajum, cajum; a tose y tose. Luego, de regreso a Madrid, disminuyó notablemente, aunque se hace presente cuando he tomado algunas copas y no paro de hablar. Cajum, cajum. Una incomodidad grandísima porque acaba doliéndome el tórax de tantos espasmos musculares. Aunque ahora estoy en abstinencia completa pues cualquier copa me destroza el castillo de naipes del vigor que voy haciendo con gran esfuerzo durante el día, me duelen las piernas, me duele la espalda, me duele la cintura y me fatigo de dar unos cuantos pasos o de subir unos cuantos escalones; de modo que: ley seca. Bueno, una cerveza me tomé para bajar la tlayuda, no soy doble A, pero mientras los demás tomaban mezcal y se reían contentos, a mí se me hacía agua la boca y se me iban los ojitos, y tosía.

No la traje de Madrid. A la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas llegué respirando con natural soltura y ritmo. Fue aquí, al bajar en el Benito Juárez que comenzó el calvario. Primero noté la fatiga, que me atosiga más porque disminuye la perspectiva de mis paseos y diversiones posibles; pero luego, cuando la tos se hizo presente comprendí que la altura sobre el nivel del mar atacaba de nuevo. Pero lo incómodo es que ahora estoy en Oaxaca, que es mucho más baja y no sólo no se me quita sino que hoy ha estado especialmente enfadosa. Ahora mismo, mientras escribo esta expectorante crónica, como si supiera que estoy hablando de ella, no para de afrentarme con su recurrente impulso. Cajum, cajum. Tal vez lo mejor sería decirle, ándale sí, sacúdeme todo lo que quieras, al cabo me gusta zangolotearme. Y dejar que poco a poco se distraiga y se quede por ahí, papando moscas.

Estoy seguro de que después de desayunar, cuando tomemos la antedicha y malhadada autopista para regresar a casa, habrá tantas otras cosas en qué entretenerse que la tos se irá por donde vino. Hasta que sienta que puede molestarme, porque ya la conozco.

Posted in cáncer, de viaje, diario | Leave a Comment »

Oaxaca y Toledo

Posted by aura en Viernes, 28 septiembre, 2007

Después de Tehuacán, la carretera es un desastre; no hay cómo asociarla con los puercos pero se podría decir que es una porquería. Llámanla autopista pero es una vía de doble circulación con un estrecho acotamiento de cada lado para que el que va adelante, si tiene la buena disposición y hay un trecho con visibilidad suficiente, se haga a un lado y puedas rebasarlo, y como tiene que pasar por los muy accidentados rumbos de la Sierra Mixteca, está llena de curvas y hay por doquier deslaves que llenan de piedras de diversos calibres el pavimento por lo que si no te pones trucha es fácil que pierdas la compostura, o la vida, según sea el caso. Pero tiene la notoria particularidad de que te encuentras con frecuencia con casetas de cobro que en lugar de indemnizarte y ofrecer disculpas te cobran, y grandes letreros que te educan y te sacan del error de apreciación: Autopista de tal a tal, seguridad, rapidez, confort, y otras consideraciones que te dejan turulato. Nos detuvimos tres veces por tramos en reparación, mientras pasaban los de allá para acá; en el último retén estuvimos media hora. Esto no podría ocurrir en una carretera del centro o del norte de la República, sería un escándalo y los medios se encargarían de azuzar el descontento, pero parece que el país sigue pensando que el sur lo aguanta todo. Lo que sí vimos a lo largo del camino fueron muchos soldados. Dicen que por aquí abundan los alborotadores.

Pero llegamos bajo un profuso manto de lluvia a la bellísima Oaxaca e hicimos por la noche en el Iago la presentación de mi libro. El Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca es una casa grande y hermosa, del Siglo XVIII, donada por la familia Toledo para hacer el fundamento de la vastísima labor filantrópica del pintor Francisco Toledo en la vida cultural de la ciudad. Por cierto, al llegar a la Galería en donde nos dieron de comer exquisiteces de la cocina local, nos topamos nariz con nariz con el propio Toledo, con quien toda la vida he tenido una relación imposible: lo admiro muchísimo pero su modestia y su timidez me desarman, sus ojillos inteligentes y brillantes me vuelven absolutamente tímido y no sé cómo comportarme. Mi apariencia y mi modo me parecen ridículos; hasta el pelo me parece que lo tengo fuera de lugar. Siempre me ha pasado lo mismo con él. Y lo lamento.

En una sala pequeña pero repleta de personas interesadas leí con entusiamo mis poemas. Eso es otra cosa. Ah, qué grato fue, qué edificante. Lo que más me gusta en la vida es leer mis poemas en voz alta ante espectadores dispuestos, así que imagínense si habrá sido agradable. Hoy y mañana tendremos sesiones de taller con escritores jóvenes y luego regresaremos a México por la misma infernal carretera. ¡Alabado sea el Santísimo!

Posted in de viaje, diario | Leave a Comment »

Ecatepec de Morelos

Posted by aura en Jueves, 27 septiembre, 2007

Empezó la balacera. Sin más preámbulos nos fuimos a Ecatepec a lo que vine, a presentar el libro que dio origen a este diario tenaz y persistente en que cada veinticuatro horas aparezco en escena a decir mis parlamentos con más o menos acierto. Hay veces –lo sé porque llevo muchos años en el oficio- que mi actuación resulta más convincente y luminosa, más cercana al personaje imaginado, y otras, se diluye en el concierto como aportación para la trama. Así es y nadie se asombra. Lo que trato de evitar es la rechifla que se lleva el que descorazona a sus espectadores.

Ecatepec es una ciudad de tres millones de habitantes, un municipio enorme que forma parte de esa desproporción que llamamos la ciudad de México, ese amontonadero de barrios, pueblos y ciudades que se abrazan y hacen una unidad descomunal. Está hacia el norte y ha tenido la paciencia de ser gobernada en estos recientes tiempos de alternancia por alcaldes de los tres partidos grandes que sustituyeron a la dictadura de uno solo. Esto le da la esperanza de que algún día mejorará; por lo pronto el que no haya reelección hace que cada tres años todo tenga que empezar de nuevo: estilo y promesas, aciertos y saqueo. Igual que en todo el país cuya clase política se niega a modificar la ley para que el que sirva para gobernar pueda repetir periodos y organizar planes de mediano y largo plazo para su gobierno. Todos son administradores pasajeros cuyo futuro político no está en ser útiles en donde están sino en desplazar a los demás para llegar al siguiente puesto de la escala.

Como desde que llegamos no ha llovido, aunque nos dijeron que hasta la víspera el agua no había dado reposo, y fuimos contra corriente con los horarios porque es ciudad dormitorio, el tránsito estaba fluido y en un tiempo más que razonable estuvimos en el centro de una ciudad tan grande como les digo y con abundantes valores arqueológicos, históricos y naturales que con un poquito de voluntad, conocimiento, inversión y respeto, le darían lugar en el mundo, pero eso necesita un proyecto de gobierno superior a los tres años que duran por obligación, ¿y qué alcalde lo va a emprender? ¿para dejarle la mesa servida al adversario que le suceda?

Por lo pronto, en el auditorio del edificio del Ayuntamiento leí mis poemas ante un público conformado en su mayor parte por miembros de una cruzada de fomento a la lectura que el actual gobierno local ha emprendido: Libro Club de Ecatepec, y compartí con ellos la enorme emoción de haber sido hace años parte creativa de esa iniciativa cultural de gobierno.

Y ahora nos estamos apurando a cumplir los ritos matutinos porque nos vamos a Oaxaca a seguir con el periplo. Y allí tiene que ser de lujo porque son los editores. Me llevaré por supuesto la herramienta, pero si no encuentro cómo conectarme con las estrellas que hacen que lo que escribo aquí lo lean en cualquier parte del mundo al instante, quizás haya nuevos desajustes de horario, tengan ustedes paciencia y comprendan que no todo el monte es orégano.

Posted in de viaje, diario | 3 Comments »

Después del viaje

Posted by aura en Sábado, 22 septiembre, 2007

No fue tan fácil. Eneas venía más que agotado con el viaje y las vicisitudes del camino: Juno (a la que antes conocíamos como Hera) les quería estorbar su navegación a como diera lugar y convenció a Júpiter (que antes le decíamos Zeus) para que les mandara rayos y tempestades y cuando por fin llegaron, Venus (que antes le decíamos Afrodita), madre de Eneas, se le apareció disfrazada de cazadora con una tuniquita que apenas le llegaba a las rodillas y lo mandó a Cartago, pero cuando se dio la vuelta para irse dejó caer el peplo y se fue caminando como una diosa: ah, pero si eres tú, mamá, comprendió Eneas, cómo no te me identificaste y me dejaste que te agarrara la manita al menos. Allí es donde debió empezar el complejo de Edipo y no en Tebas. Pero además la diosa urdió hacer que Dido, la reina de Cartago, se enamorara de su hijo y con mucha truculencia lo hizo entrar en la ciudad envuelto en una nube para que nadie lo viera hasta que estuvo seguro.

Entonces la reina le pidió que le contara por qué venían de camino y qué había pasado en Troya y todo lo que Homero dejó pendiente de contar. El pobre Eneas, con el jet lag del largo viaje, no tuvo más remedio que ponerse a enhebrar cómo fue que los aqueos idearon lo del caballo y lo de la falsa retirada y cómo discutieron los troyanos si lo metían o no lo metían a la ciudad y cuando por fin lo hicieron cómo cuando ya estaban dormidos y bebidos festejando el fin de la guerra, salieron los malditos atacantes de la panza del maderoso equino, abrieron las puertas y dejaron entrar a los demás que cautelosamente se habían regresado y pasaron a todos a cuchillo e incendiaron la ciudad. El fin de Troya. Un horror. El pobre Eneas no podía dejar de contar a pesar de que estaba cansado y tenía fiebre a causa de algún virus maligno que pescó por ahí, porque Dido estaba embelesada. En el banquete nomás picoteaba porque con la calentura perdió el apetito. Le tuvo que narrar cómo convenció a su padre Anquises de que abandonaran la ciudad y se llevaran sus penates para fundar otra patria en otra parte porque así se lo aconsejó Héctor, que se le apareció como fantasma. Agarró pues a su hijo y a su padre mientras que su mujer Areúsa los seguía convenientemente atrás hasta que se les perdió.

Tales eran los acontecimientos que ayer me tenían en vilo. No tenía yo cuerda para nada, ni alegría ni entusiasmo, sólo quería que me dejaran descansar, que supieran aguardar hasta que se me pasaran los efectos del cambio de altura, de la monstruosa transformación de la hora, del desajuste en la maquinaria interior que se produce con la violencia de un traslado tan inhumano, pero Virgilio, con su enorme poder me tenía atrapado. Ya no sabía yo si era Eneas el del jet lag y la fiebre y el cansancio y los malestares del cuerpo, o era yo. El caso es que recuperé el horario, dormí toda la noche y estoy listo para seguirle contando a Dido todas mis aventuras.

Posted in de viaje | Leave a Comment »

Las maletas

Posted by aura en Jueves, 20 septiembre, 2007

En rigor, con el uniforme tengo suficiente; dos camisas y dos pantalones vaqueros alcanzan tranquilamente para dos meses de viaje, o más. Y en una mochila que se lleve en la espalda tres camisetas, tres calzoncillos, tres pares de calcetines y párale de contar. Bueno, un suéter, por si hace frío; el saco lo llevo puesto, por si hay que ir presentable. ¿Entonces por qué se me llena una maleta grande? Sin contar con los encargos. Por si esto, por si aquello. Uno, a cierta edad tiene que pensar en todas las circunstancias que pueden presentarse. Quizás el presidente de la República se entere de que estoy en el país y me invite a cenar y no es cosa de ir de camiseta, o a lo mejor el señor Slim –por quien tanto rezo- me convide a comer en el Club de Industriales y allí no dejan entrar a nadie sin corbata y ni modo de ir con mis zapatones de minero, hay que pensar en eso. De ligues por fortuna estoy exento, de modo que no tengo que pensar en el vestuario adecuado, y no creo que me contraten para ninguna película, aunque si ocurriera ese trance ellos se harían cargo del vestuario, faltaba más.

De cosas sí: tengo que llevar este aparatito desde el que me comunico diario con ustedes, y pesa lo suyo -¿se imaginan que decidiera no llevarlo como cuando viajaba uno atenido al servicio postal para comunicarse con los demás?, “querido amigo: ando en América del Sur desde hace meses y te recuerdo con mucho cariño, no sabes la falta que me hace un hombro para llorar”, así viajé por medio mundo y ahora sé que la vida era distinta; lo que no he dirimido es si era mejor o peor, pero en todo caso, no me había comprometido a escribir una bitácora diaria en la que diera cuenta de mis días y sobre todo, publicara, uno a uno, los poemas que llevo escritos en la larga cuenta de los años-; he de llevar el cargador de corriente y los anteojos que compré el año pasado y me quedaron tan mal que no he podido usarlos, así que iré a la óptica y una de dos: o me los ajustan o nos peleamos; algo que leer en el camino porque pasa uno horas y horas en los aeropuertos y en el avión. Y luego hay que llevar algunas cosas para los demás, por pocas que sean.

Empieza la cuenta atrás; ni el desayuno sabe a nada; al ratito vendrá Oscar por nosotros para llevarnos con su enorme gentileza a la T4, esa terminal que diseñaron para cíclopes y gigantes, pensando que algún día Madrid estará poblado por seres mitológicos -los que estamos apenas en proceso sufrimos bastante con las ingentes proporciones-. Viene ahora un lapso –lo conozco de sobra- en el que dejamos de ser nosotros para ser la carne de que se alimentan los aviones, materia sin personalidad ni gusto ni deseo, que hay que portear de aquí para allá, y traer, de allá para acá, la de repuesto. Pero lo más pesado de todo, y siento no haber sabido describirlo con precisión, son las maletas.

Ah: puede que a partir de mañana haya irregularidades serias en la ordenada continuidad de esta bitácora; ustedes sabrán comprender. Yo prometo seguir contándoles todo.

Posted in de viaje, diario, mi voz | 4 Comments »

Viajar

Posted by aura en Miércoles, 19 septiembre, 2007

Muy difícil es acomodar irse al aeropuerto y tomar un avión a México adentro del esquema o de la idea de viajar; ya casi que llega uno, le dan un somnífero, lo desintegran y lo materializan de nuevo en otro lugar. Viajar, Magallanes, Colón, Marco Polo, los diez mil de Jenofonte que se fueron caminando de Grecia a Persia y se regresaron igual, cargando en algunas bestias –que cuando hacía hambre se las tenían que comer, para colmo- sus armas y toda su impedimenta, con sus chicas de servicio sexual que los seguían y el botín que iban recogiendo en el camino; más de seis mil kilómetros a patita; pero esto de ahora es más bien una ilusión, la concreción de un sueño de la ciencia ficción del siglo pasado. Te ponen un rato en una sala de espera llena de tiendas y cafeterías y luego te meten a otra sala de espera incómoda y alargada en la que, sin embargo, te dan de comer y beber, te ponen películas y te prestan una mantita para que te duermas un rato, mientras hacen la brujería. Y ya está, ya atravesaste el Atlántico, miles de kilómetros, una buena rebanadota del pastel de la tierra te la echaste al buche sin darte cuenta.

Y cada vez vuelve a pasarme igual. Pienso que no se han descubierto las papas, tan durables, sabrosas y nutritivas; que llevamos cebollas, ajos, pan que se enmohece, harina para fabricar más si es que hay tahonero, un poco de cecina, algunos jamones que se administran como si fueran de oro, habas y lentejas que se cuecen sin gracia y unos cuantos animales que enflacan en el camino porque se marean y aborrecen el pienso y a los que cada vez les comemos menos; nada de verdura porque a los tres días se agosta y sí algunas barricas de manzanas que el capitán escatima; higos secos y olivas, y párale de contar. Se acumulan las semanas desde que salimos de Palos. Agua y nubes o estrellas y el ruido de la quilla rompiendo despacito el agua. La luna que se achica y desaparece y luego vuelve a crecer nos engaña siempre y nos quita el sueño y el sol nos confirma el horror. Ni mentiras que contarnos porque ya las conocemos todas; si acaso alguno inventa un recuerdo nuevo y nos lo narra y luego nosotros lo vamos repitiendo durante días en distintos rincones del barco, cada quien a su manera. De repente veo algo que me parece sólido en el horizonte, estoy de vigía en la cofa, llevo un rato haciendo recuento y maldición del viaje. ¡Tierra!, grito con todas mis fuerzas, ¡tierra! Me llamo Rodrigo de Triana, para que no se les olvide.

Ándale, eso sí es viajar. Porque luego viene bajarse del barco y recorrer a pie todo lo que se pueda, y encontrarse con cosas desconocidas, con seres que no acabamos de saber si tienen alma o son vertebrados nada más. No digo que sea bonito pero eso sí que es viajar; hartarse de verduras y frutas después de probar y desconfiar de todo. Y tener que regresar por el mismo camino. No que mi boleto dice que salimos a las dos y llegamos a las cinco y tantos del mismo día, de continente a continente. ¡Ah, chingá! ¿tres horas y feria? No señor, es que nos comemos siete en el camino, ¿no ve que vamos siempre hacia el encuentro con el sol? Díganme, ¿qué falta para que nos den un somnífero, nos desintegren y nos materialicen en otra parte? Viajar, ¡bah!

Posted in de viaje, diario, mi voz | 4 Comments »