Alejandro Aura

Mis poemas y otros escritos.

Archive for the ‘La patria vieja’ Category

Oigo ruido

Posted by aura en Martes, 19 febrero, 2008

OIGO RUIDO
a Salvador Flores

A veces me levanto de noche para seguir un ruido.
Pienso quién anda allí, quién camina, quién toca.
Lo que perturba el sueño de mi casa tranquila
¿es ruido, sombra, recuerdo? ¿Pasa algo?
El perro y la gata se me quedan viendo:
no pasa nada; duérmete, querido,
la noche tuya y nuestra está tranquila.

¿Entonces por qué me desperté?
¡Hace tanto que cuido que no suceda nada!
Las puertas y las ventanas;
mi familia, mis huéspedes;
también mis cosas están en su lugar.

Luego tomo un vaso de agua, una copa de brandy,
enciendo un puro, me miro un rato en el espejo.
Éste era yo; sí, éste era yo; todo está en orden.

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Sistema audiovisual

Posted by aura en Lunes, 18 febrero, 2008

SISTEMA AUDIOVISUAL

¡Ah, gritemos!
¡Gritemos!
Ninguno ha de salirse con la suya,
con la misma vamos todos.
¡Gritemos!
Ningún escudo sirve,
ninguna malla defiende
y el parapeto del sueño
sólo es fino algodón envanecido.

A uno ya se le cayó la lengua,
a otro le ha crecido tanto un pie
(pobrecito almamía),
a cualquiera lo mordió la rabia misma
y no faltó alguna a la que el mar
se le hizo chico,
la tierra, chica,
el aire, chico, el infinito, nada.

¡Aullemos, pues!
Volvamos al aullido.
¿Qué otra cosa, de verdad, nos queda?
Con nuestras manitas acariciantes,
con nuestra boca amansada,
con nuestro modito fino,
con nuestro pecho caído del paraíso,
aullemos,
volvamos al aullido,
a la mueca insumisa,
al gesto intemperante,
a la verdad rotunda en la cara del aullido.

¡Sin melindres!
¡A lo mejor logramos algo! (¡Ah,
malditisísima conciencia!)
¡Atrás los nervios!
¡Abajo la compleja payasada del sistema nervioso!
¡Aullemos!
¡Anden, aullemos! ¡Volvamos al aullido!

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La patria vieja

Posted by aura en Domingo, 17 febrero, 2008

LA PATRIA VIEJA

I

Hagamos las paces;
que sea testigo el sol de que la voluntad de ser bueno
y la ilusión comercial de ser malo
nada tienen que ver con la desnuda tentación
de decir que la vida que pasó por nuestras manos
fue sencillamente buena.

Éste es otro septiembre y el clima es claro;
las pasiones a que está sujeta el alma
aflojan la tensión sonriendo complacidas:
Haz tu día y tu noche encuerado como un ángel,
sopla el cuerno.

Entonces miro mi cara seca como pantalla de asombro
y creo que está bien.
Maravilla es que viva,
que palpite tan fuerte este corazón solo,
que tenga ganas de decir a cuatro voces
que quiero continuar el juego.

Qué sabroso menearse suave bajo el sol elefante
cuando la vida está en un puño
y todo lo que nos lastima y nos alegra
está en un cesto de flores
sobre el que orinamos con placidez.

II

Me hundo en el gris corazón urbano de la lluvia,
¿y qué humo me detiene?
¿Qué amago me haría retroceder
si ya me di a la germinación todo dispuesto?
Aquí grito empapado por el gusto de gritar;
me voy a la serenidad última con mi regalada gana;
envuelto en hulla y barro creo por fin que la vida fue por algo
¿qué importa si entiendo, miserable de mí,
los destinos de la sal y del cobre?
Soy una cosa que además de morirse
se puede recostar en un pecho verdadero.
Lo horrible hubiera sido no volver jamás,
quedarse donde nos aplaudían a rabiar.
Oh espléndidas cadenas que me ha atado al goce
sin negarme la pena,
sigo siendo el que canta aturdido de mundo.

III

¿De qué hablas? –dice un pájaro enjaulado.
Y no me dejo; doy vuelta a la nefasta lágrima,
meto la mano en la jaula
y con sangre caliente que fue trino
le hago mi ofrenda al sol.
Soy yo el que revienta las cuerdas leves del arpa.
¡Jodida poesía!

¿Qué mejor que la tortuosa y rebuscada paz
del que se tira a un pozo
antes que correr el peligro
de que sus armas se enamoren de las armas contrarias?

A la danza no todos entran.
Sólo la música es perfecta
y se cuela en el hombre como plomo derretido.
Ningún peligro mayor que la ironía
que transforma en luz las llagas de los martirizados.

¡Gloria a las escenas pintorescas
que sin escrúpulos se dejan pintar en el paisaje!
¡Gloria al sol que evapora el agua del rencor
y nos deja perfectamente secos!

IV

El depravado pan me da las buenas noches
y entra con su migajón al juego.
No dice, pero bien que diría:
yo soy la panza truculenta del mundo,
yo soy el único dios y la memoria de Dios.

Me hincho, se me escurre una lágrima,
se me olvida mi nombre, niego la limosna,
exijo en un sólo acto que sea reconocida
mi incompleta necesidad de amor.

Anoche dormí hecho una furia, sin sueños,
rabioso contra mi cuerpo dormido;
en toda la noche no me abandonó la ira.
Me levanté desnudo como el primer hombre del mundo
y dispuesto a pactar.

Hice un tabernáculo en la cocina
para adorar al padre pan
y lo dejé sobre la mesa de altar al descubierto,
a la humedad, al aire, a las moscas,
al moho y al orín.

V

Me pregunto hasta dónde sería capaz
de llegar mi perfección
pues no hay razón para vivir tan secamente;
sería dueño de luces
antes que víctima de un espeso sol
con el que nunca he podido.
Pero hace falta doblar y desdoblar el alma
tantas veces al día para estar en forma
y el miedo empuja tan fuerte hacia la incuria.

El frío de nuevo, la horrorosa pigricia,
la flojera que me dice espérate tantito,
dale tiempo al tiempo, aliméntate bien;
mañana está bueno el día
para saber hasta dónde llega la vida.
No te apures.

VI

He sido siempre yo el que se va,
y siempre con una pinche sonrisita
que me sale del anonadamiento.

Amabilísimo al decir adiós y envuelto en fantasía
soy el que ha dejado su paraíso y su infierno
para que engorden los otros,
y cada vez más flaco, más el puro hueso,
he tratado de inventar que oigo
unos extraños cantos de sirena.

Tampoco era posible, si se ve con calma,
mantener de buena fe un estado serio de cosas
que ya estaban riéndose de mí desde mucho antes.
Ya es inadmisible ser buen hombre ante mí mismo.

VII

¿Qué propongo? Que me acaricie Verónica
hasta que sus manos suavísimas me levanten la piel
y que en la carne viva entierre sus labios gordos
y mastique. ¡Qué propongo!
Mi nombre es Alejandro
y lo cambiaría por volver a estar
perdido en la delicia de creer en la vida.

No es justo que empujemos más
esta carreta que dio tanto ya de sí.
¿Quién inventa una geometría nueva,
algo nunca visto que transforme el sentido lineal
de esta continua mierda?
¿Quién puede poner su inocencia a prueba
decidido a quedarse definitivamente sin ninguna virtud?

¡Qué cosa hincarse ante una mujer
para besarle el vientre
mientras sus ojos se eternizan
y sus manos y sus pequeñas ilusiones
se nos enredan en el pelo
como hijos inquietos que hubiéramos tenido!
¡Que qué propongo! ¡Joder, qué burla!

VIII

En realidad no quiero hacer las paces,
no me doy, burlo al contrario;
este juego me gusta más que la esperanza.

Ya sé que en el momento más inesperado
cae la muerte con cualquier pretexto.

Así que qué me importa.
Tengo manos y pies,
tengo mi boca y mi casa
y las más pequeñas partes de mi casa
están conmigo.

En efecto: me desnudo y me alabo.
Soy señor de la puerta y la ventana,
soy señor de la cocina y el baño
y estoy aquí conmigo discutiendo muy campante
si será mejor poner un biombo
o desechar de plano la idea
de compartir con alguien los floreros,
los cuadros,
las toallas,
las verdades
y las mentirijillas.

IX

Está pues; no terminaré nunca este cuaderno;
a cada paso hay razón para empezar de nuevo,
como si todo lo que se ha dicho
estuviera pendiente de ratificación.

Insisto cada momento en desamar a la vida
a fin de poderme preguntar,
si llego a conmoverme,
qué cosa es lo que tuvo este orden
que no me satisfizo.
Es eso, no me llena la vida.

Las horas que me quedan
¿serán todas como ésta?
¿Serán todas tan inverosímiles como ésta?
¿En todas las que vienen campeará la duda?

Quizás todo se debe
a que es mucho más que tristeza
de lo que esta imbuido mi corazón.

Oh estrella rotísima,
despedazada estrella,
¿en qué momento hubiera sido fácil
elevarse sobre la condición?
¿Ha pasado el instante?

Si es así no queda más que lamentarnos.
Ay, pobre de nuestro amor
para siempre condenado a las bajas esferas,
pobres de nuestras lágrimas de amor;
ay de nuestros ridículos trajes
y de nuestra lengua;
ay, pobres de nosotros los que tenemos sangre y dientes;
pobrecito de mí
que por una milésima de risa inoportuna
no alcancé la humana perfección.

Malhayan mis abundantes pruebas
con las que hubiera querido demostrar
que tengo la verdad
a pesar de las ciencias,
de los partidos políticos,
de las fiestas de quince años,
del arte cinematográfico.

Ay, pobre del que sabe
que ni el más pequeño mendrugo de su alma
alimenta a Dios.

Lamentémonos, pues todo está perdido
y de nada sirve la fragancia de la razón.
Quitémonos de la alegría sabatina
y del goce dominguero.

Hecha con dolor la vida cotidiana
nos va a dar el principio elemental,
el corazón de la fruta,
el agujero instantáneo que hace la piedra en el agua
y en razón del cual podremos comenzar de nuevo
un día
el ejercicio modesto de vivir.

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Retrato del aspirante a la riqueza

Posted by aura en Sábado, 16 febrero, 2008

RETRATO DEL ASPIRANTE A LA RIQUEZA

El aspirante a la riqueza esconde sus sentimientos y se comporta como un alegre vencedor.

Hay quienes lo envidian pero él también se envidia. Mas no le es indiferente a nadie.

Pone en juego todos los recursos de su imaginación para permanecer de una manera u otra con algo de fe.

El aspirante no es bondadoso pero su soberbia tiene ángel. Y no le importa la pesada pugna del bien y el mal.

Hace todo de tal manera que parece un ser ardiente. Su corazón corre de boca en boca, y a él le interesa que esto ocurra.

Fomenta el amor entre las gentes; con un refinamiento peligroso propone el bienestar, inventa modos, tiene amigos.

Pues sabe lo que sus palabras valen y las entrelaza de tal manera que parece pródigo con ellas.

Pero las que dijo ayer pierden hoy todo sentido y él se ríe y hace que los demás se rían de ellas. Aunque cada ocasión sabe y recuenta lo que ha perdido.

Y es capaz de hacer a un lado cualquier gesto bello, cualquier medida austera, cualquier programación ética y coherente.

Porque no quiere más lazos que los que pueda arrojar hacia el futuro; como si fura audaz, como un valiente.

Ilusorio domingo, fiesta íntima,
que días los que hemos de pasar;
tendremos una casa que parecerá una flor
y comeremos mieles exquisitas todo el tiempo.

El aspirante a la riqueza, pues, carga la tierra en una mano, y con la otra, a su pesar, detiene el cielo.

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Los viejos

Posted by aura en Viernes, 15 febrero, 2008

LOS VIEJOS

Van acabando a gritos como las aleluyas que cantan los coros infantiles.

Los ojos se les hacen blancos y plomizos y ya no tienen vuelta ni regreso.

Sus lenguas son flechas torpes a las que ninguna casualidad haría volver al arco. Y sus mandíbulas, un poco ridículas, se mueven solas.

Pero quisieran siempre estar hablando, explicando, detallando, con las paredes, con los muebles, con los otros hijos.

Y renuevan constantemente sus anécdotas, un poco heroicas y morales, como si volvieran a vivir.

Se desplazan con voracidad pasmada porque ya han corrido a todo encuentro posible y han atinado ya y fallado hasta encontrarse hastiados. Ah.

Han dormido lo menos que se puede, presintiendo cómo lo que ya dormirán no es sueño sino algo secundario.

Y en ello dan vueltas vertiginosas enredados en sus propios hilos. Ay.

El vapor, el humo, el gas quemado, el alma –se preguntan– ¿se eleva para volverse a condensar?¿Es así la ley, o sólo es moda pasajera?

Con la utilidad absurda de un timón de barco llevan la ruta. Algunos  lloran en el mar y ellos dirán que tal espuma es suculenta, espiritual, benigna.

Pues como ya son parte definitiva de la tierra, su sabiduría tiene cuerpo y olor y tiende a la bondad involuntaria.

Y sus pies dorados son cada vez más lentos y más bellos. ¿Qué pies hay más en flor que los que se encaminan a la muerte?

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Ronda de amor

Posted by aura en Jueves, 14 febrero, 2008

RONDA DE AMOR
A Paula de Allende

El colibrí

El colibrí que vuela en la huerta de mi amiga,
como sobreviviente de la belleza, va a morir.
Pero alguien se para frente al árbol padre y
aprieta el click que dejará vivos sus ojos.

El colibrí ni gana ni pierde; se detiene por
fin en la quietud de la copa, maravillado de sí mismo; cierra los ojos y se pone a soñar que recomienza.

El secreto

Hablemos bajo, como el que quiere preservar
algún misterio que juega entre los labios y el
caracol de la oreja.

Que lo que se diga regrese a la garganta
congestionada del que se atreva a hablar.

Un país que no inventó el amor en el momento
preciso, ¿qué bondad puede dar, qué generosidad?

Si el profeta lo dice el alba cae sobre él y
lo separa.

Tierra doblada en partes, tierra escondidiza,
lugar de puros ecos.

(¿Qué ha de decir uno, si entre su nombre y
su destino crece nada más que esta flor,
siempre, siempre a punto?)

Si la patria suavizada, tela de seda blanca
que hubiera de envolver al sol en su
descenso, cada vez que se hace verbo cae
más abajo, ¿para qué seguir sacando peces de
este río?

Hablemos bajo, hablemos horizontalmente,
hablemos como si sembráramos.

La virgen

El poeta escruta la telilla de la virgen,
tiembla, sabe tocarla y retirarse, tiembla,
se sabe hundir retrocediendo porque obedece
al clarín que le sangra los oídos.

El poeta abarca la cintura de la virgen con
una sola mano, y brama, y la otra la levanta
con el puño cerrado.

El poeta acaricia el pezón inmaculado –ay
poeta– y revienta su lascivia en cantos
celestiales.

Resonad, resonad bóvedas; que el más tímido
murmullo se reproduzca en la gran nave hasta
que el poeta ensordezca, hasta que aúlle como
los animales aúllan sin comprender. Que
aúlle hasta el infinito y sus ternezas se
desprendan con dolor de su alma y caigan
como gotas de licor dulce en el corazón
de los que aún esperamos el milagro.

La capitulación

Lo que nos mata no nos esclaviza, otra
cosa es lo que retiene nuestra libertad.

Por eso vámonos dejando arrastrar. Nosotros
no somos los mejores. Capitulemos. La
sangre está nada más para impulsar el
arranque del amor.

¿Quién metería la mano al fuego en contra
de esta pesadilla?

Dejemos dicho que los que tengan alcance
celestial no huyan, que se peguen a la
tierra como a la boca de una amada
insaciable.

Por eso vámonos dejando. Entreguémonos.

El cuerpo

Porque la última belleza, la belleza mayor
–así me muera yo de no serlo– está en el
cuerpo, donde el milagro que nos salva no
tiene el color y la textura de nuestra
imaginación.

El maestro

Ahora doblo la página en ocho partes y en
cada una de ellas pongo alternado su
nombre y el mío.

Se ve bien. Mi pulso anda tranquilo y la
piel de la palma de mi mano se vigoriza.

El maestro me dice que aunque, que la
patria no es esta mezquindad que
acostumbramos; que me asome más hondo.

El que cae de la palabra que usa, cae para
siempre; que me cuide.

Bajo su sombra, ya solo y sin libertad,
oigo pasar caravanas de camellos por mis
venas; ellos llevan la sal, la sorda envidia,
la canalla inclinación a la tristeza.

El sol les unta de manteca el pelo de las
gibas y les apesadumbra el paso. Ellos, con
su felicidad absurda, continúan.

Doblo la página en más partes y recomienzo
con antigua y mordaz caligrafía.

El colibrí

El colibrí oye de cerca el viento. Mientras
hay día hay colibrí. Y a pesar de la
imaginería constante de la naturaleza, a
los ojos del colibrí sólo importan las
flores.

Y canta. Y canta. Porque no tiene redes
con qué apresar la memoria.

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Inopinado vasallaje

Posted by aura en Miércoles, 13 febrero, 2008

INOPINADO VASALLAJE

No encuentro dónde poner el grito, ni bote donde líquido echarlo,
ni cajón, ni hoyo de topo, ni capullo, ni bolsillo, ni confesonario;
abro una máscara atrevida que ni vista de cerca ni de lejos es serena;
doy un paso tras otro conteniendo la respiración a duras penas.
Me está ocurriendo todo, la vida y la muerte me suceden de pronto
como carros de heno, como pacas de algodón, todo inflamable, peligroso.
Ay de tantos días perdidos en buscar una campana con sonido brillante.
Ay de tanta molicie corrompida, tanto espérame tantito. Ay, carajo,
me están llegando a la garganta los clavos en que colgué mis años juveniles,
la cresta melindrosa de la fantasía, la purgadísima nostalgia.
Un seco escudo de cuero curtido con sangre, ajo, vinagre y agua sucia
cuelga tras de mi puerta y dice agarra, agarra, defiende tu casa,
tira, ataca, rompe, descuartiza, cava el pozo de limpias aguas,
talla tu cántaro, trenza tu cuerda, distribuye tus tiestos de malvones.

Un jueves me pongo a preguntar y me miro las manos, cabeceo y sudo;
me caen pesados los párpados y a golpes los levanto: ¡a mirar, a mirar!
La turbia, la enojosa mano derecha se me quiere esconder,
no quiere nada con la vida, ni acariciar muros, ni acariciar palomas,
ni acariciar el chorro del agua, ni la tela, ni el ladrillo, ni el musgo.
Mano de parafina, mejor que te derritas;
mano de humo, te soplo; manita consentida, huyo de ti.

La luz de mi señor está encendida; de seguro trabaja por salvarme;
está tallando madera, hilando lanas ásperas para envolverme,
cinglando duros fierros en la fragua de su potente humor,
haciendo, haciendo, con el sueño de mi grito en un ojo de su cara, por     salvarme.
Me asomo y la estufa que da ese calor me compromete, es combustible mi alma;
me voy, me voy; voy a ser llamita, canción con lumbre o fuego eterno.
Y otra vez abro la mano para ver si ya puedo con las duras uñas que me dejé crecer
desbaratar el nudo que tengo en la garganta.

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Causas y efectos de la dolorosa vaguedad

Posted by aura en Martes, 12 febrero, 2008

CAUSAS Y EFECTOS DE LA DOLOROSA VAGUEDAD

Estos fueron los hechos:

mi boca fue pulida para el martirio, como una virgen de mármol cuyos     dolientes senos debieran de servir de altar de sacrificios.

En ello mi voluntad no tuvo parte.

Muy corazón mío, dilo de frente: si voluntad tuvieras otras cosas harías y no versos.

Mi boca fue pulida para el sacrilegio. Da en inventar, inventa, como si faltara hegemonía en el grupo a que pertenece.

Y pulida fue también para la dicha: ábrase la puerta y aparezcan las damas de la corte todas vestidas de azul y rosa y en medio un arco de oro triunfal.

Estos fueron los hechos.

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Posición ante la lluvia

Posted by aura en Lunes, 11 febrero, 2008

POSICIÓN ANTE LA LLUVIA

La tarde resiste hasta el último tono de este chorro azul en que se viene.

Las aguas en que hundió su cuerpo le dejan escoger entre la forma fugitiva y el acero azulenco de la muerte.

Y vencedora, entra en miles de dobleces al pueblo de la noche.

No ha sido derrotada.

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Antigüedad de la lluvia

Posted by aura en Domingo, 10 febrero, 2008

ANTIGÜEDAD DE LA LLUVIA

Sin decir compermiso la golondrina pasa a ras de tierra, velocísima, cuando sabe que va a llover.

Y extiende sus alas para cubrir con la minúscula sombra el requisito.

No va más. Se aleja haya o no haya árboles cercanos. Sabia y perturbadora como una alta dama occidental.

El que la ve siente que algo está de cambio, que la vida se va en mudanza por húmedos caminos.

Da miedo no ser más que un lento mamífero concupiscente. Y va a llover, caiga quien caiga.

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