Alejandro Aura

Mis poemas y otros escritos.

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El espectáculo

Posted by aura en Martes, 30 octubre, 2007

Desde fuera adquiere un tono de sainete que invita a levantarse temprano, ir a comprar las localidades y estar prevenidos para no llegar tarde llevando cada quien su bolsa de huevos y jitomates arrojadizos. Sería divertido nada más si no tuviera un tufillo trágico. La semana pasada el ex presidente Fox declaró que el senador Manlio Fabio Beltrones, actual presidente del Senado, tiene abierto un expediente en la DEA involucrado con el narcotráfico; ¡zas! Nomás que Fox supo de este expediente cuando era presidente y tenía la obligación de velar por el bienestar de todos los mexicanos; entonces debió haber turnado esa información a los órganos de justicia para que se deslindaran las responsabilidades y se investigara al señor Beltrones, por lo que ahora el país, sin demérito de investigar a Manlio Fabio, puede y debe fincar responsabilidades judiciales al ex presidente por no haber cumplido oportunamente con su obligación. Cómo que lo sabías, chiquito, y te quedaste callado. ¿Quieres decir con esto que el ejercicio de la política está por encima del interés de los gobernados? O sea, ¿que la política es una entidad independiente de la sociedad, que tiene sus propios fines y que no necesariamente responde a los intereses de quienes otorgan los puestos políticos?

Seguramente no será esta pero muchas veces he pensado que llegará un momento en el que alguno de los miembros del clan no aguante más y suelte toda la sopa. Que uno encontrará cómo escabullirse de los mecanismos brutales de control que debe tener el sistema para denunciar las infinitas redes de corrupción que sostienen el aparato político nacional, no por buena onda sino porque se sienta acorralado y no esté dispuesto a sacrificarse por los de su especie. Que no aguante más o que se den las condiciones necesarias para que tal cosa ocurra. En algún momento llegué a pensar que el acceso de otro partido al poder propiciaría este momento de denuncia pero las declaraciones de Fox me desalientan: en la cúspide del poder un presidente de otro partido oculta información tan trascendente que pudo haber abierto en su momento la caja de Pandora. Pero el muy ocurrente se la guardó para usarla como arma defensiva personal por si lo atacaban cuando dejara de estar protegido por la banda presidencial.

Aunque hora renace mi esperanza: ¿y si fuera este el que acabara sacando al sol los trapitos de todo el gremio? No, mi esperanza es infundada; es lenguaraz pero marrullero; tratará de medrar con la información privilegiada que tiene sin traspasar los límites de la lealtad de clase, a leguas se ve que no es de los que tragan lumbre, porque ya estamos viendo en su poco elegante exhibición de riqueza, que también tiene cola que le pisen. Y tiene que cuidar también la cola de su mujer y de los hijos de su mujer, que no parece ser del grupo de las cortas. Ah, si llegara ese día en el que una a una fueran saliendo a la luz las fortunas de los políticos y se hiciera transparente el modo en que las obtuvieron. Cada uno tenemos nuestra lista de favoritos; a mí se me antoja horrores saber cómo se repartieron la riqueza colectiva con el tema de la desnacionalización de bienes, la banca, la televisión, el teléfono (Oh my Lord, cuida al Sr. Slim), las empresas públicas; cuánto obtuvo el que mató la vaca y cuánto el que le agarró la pata.

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Libro y blog

Posted by aura en Viernes, 31 agosto, 2007

La ventaja de los libros es que son objetos portátiles que te puedes llevar a tu casa o a donde quieras y usarlos sin restricción de fecha ni de horario. Llegas con libros de más y los acomodas en el librero o los amontonas en los alteros de pendientes, y ahí se pueden quedar el tiempo que quieran; años, incluso; toda tu vida, si quieres, y aún así es muy probable que alguien llegue a tus exequias, lo vea, lo coja, se ponga a leerlo mientras otros hacen el rito de difuntos y acabe llevándoselo porque crea que tú a lo mejor ya no lo necesitas. Mientras que otras formas de lectura, como ésta, tienen condicionantes más restrictivas; una, entre muchas otras: si no lo lees ahora, mientras tienes en tu ordenador o computadora este programa, es probable que ya no puedas leerlo el año próximo porque el software esté descontinuado o rebasado y la ley vertiginosa del mercado haya sacado ya otro más versátil, más rápido, más claro, más apropiado para las necesidades globales del momento.

Esta forma de bitácora, además, tiene la desventaja de que día a día te va alejando la página anterior, como arte de birlibirloque, y es cada vez más difícil llegar al principio, si es que de casualidad llega a interesarte y te gustaría no ir de atrás para adelante sino en la secuencia lógica en que aprendimos a leer y en que pasaron los días reseñados. Yo mismo, cuando trato de encontrarme con los pasos de algo que escribí aquí hace tres o cuatro meses, me desespero con el andar de cangrejo que hay que aplicar para recorrer páginas que son como rollo de papel que hay que extender para llegar al principio. Como los papiros. Por eso se inventaron los códices, que vinieron a resolver un problema idéntico al que tenemos hoy, toda proporción guardada.

De modo que la alarma sobre el desplazamiento del libro y el catastrofismo sobre su muerte con que nos hemos encontrado a veces me parecen innecesarios y aspaventeros. Consumida la euforia de la novedad, se habrán de separar las aguas y lo que es tierra volverá a ser tierra y lo que es océano nos volverá a arrebatar, como siempre, con sus promesas de mundos nuevos. Lo único que ocurre es que ahora tenemos más formas de lectura, más oportunidades de acercarnos a la letra escrita y una riqueza de información con la que no habíamos soñado nunca; cada vez está más al alcance de cualquiera todo lo escrito; lo que no quiere decir que la información de por sí sirva para algo en el trabajo de la cultura, en la formación de la gente, sino que las oportunidades, que se han multiplicado por millones y millones con relación a las que teníamos con sólo los impresos en papel, abren posibilidades prodigiosas a la educación pública y al desarrollo del conocimiento en todo el mundo. Otra cosa es que las dejemos, como hemos ido dejando todo lo demás, en las manos voraces del interés económico.

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