Alejandro Aura

Mis poemas y otros escritos.

Archive for the ‘mi voz’ Category

Sonidos de la ciudad

Posted by aura en Miércoles, 26 septiembre, 2007

Ya ven ustedes que hay muchas formas de conocer un sitio, y luego, cuando se distancia uno un tiempo, vuelve, reconoce y con ello se evoca a sí mismo. Ya se sabe que la memoria es altamente creativa, que es capaz de inventar cosas que nos cuela por tan ciertas como lo que estamos constatando ahora. ¡Adió!, ¿no va a ser cierto?, si yo me acuerdo como si lo estuviera viviendo ahorititita. Y en esas felices trampas nos dejamos enredar con alegría.

Uno de esos reservorios de recuerdos son los ruidos, sobre todo los ruidos sociales, los ruidos con clave de utilidad. Pienso en estos seis últimos años vividos en Madrid y apenas hay ejemplos comunes: el chatarrero, que pasa en un camioncito con altavoz anunciándose a sí mismo con una dicción imposible pero que igual no hace falta, porque es como el ropavejero mexicano que pasaba empujando un carro de madera de dos ruedas y gritando algo como, “zpaaaats, ropsada que veeeenda”, o el afilador con su zampoña melancólica, que comparte el instrumento con el de México, aunque con distinta melodía.

Contrario al ruido combativo que hacen los camiones de basura a la medianoche en Madrid, que jalan con gran estrépito los contenedores y los acomodan para que el camión haga su ejercicio mecánico de subirlos, vaciarlos y devolverlos a la tierra, acá pasa a media mañana un hombre por la calle sonando una campana manual que indica que es hora de sacar la basura porque el camión llegará en unos minutos; los hábitos de esta ciudad son distintos, acá hay siempre gente en las casas para entregar en mano las bolsas al hombre que las recibe arriba del camión.

Otra percepción auditiva que es notoriamente distinta entre ambas ciudades es el volumen al que hablan en la calle las personas; en México se habla con almohadas de terciopelo ante la voz para que nadie más que nuestro interlocutor se entere de lo que estamos diciendo; en Madrid se solicita a toda hora testigos públicos de cuanto se habla.

Ahora en Madrid ya no se vocea el gas desde que el gas natural entubado abastece a la mayoría de las casas -hasta hace poco pasaba gritando el butanero-, pero en algunas ciudades de México, como en Zacatecas, por ejemplo, el camión repartidor tiene un equipo de sonido de altísimos decibeles que invade desde tempranas horas el espacio colectivo con una muy agresiva competencia entre marcas que desde primera hora se pelean la clientela sin que el ayuntamiento les imponga reglas de comportamiento social en defensa del recato de los vecinos. En la ciudad de México todavía se escucha ocasionalmente la voz humana natural que grita “el gaaaaaas”.

Me puse a evocar y se me vinieron a la memoria montones de pregones y ruidos de la ciudad que ayudaron a construirme y hoy ya no caben, pero otro día los usaré para escribir otra página inútil, como ésta.

Anuncios

Posted in diario, mi voz | 5 Comments »

A vista de los dioses

Posted by aura en Viernes, 21 septiembre, 2007

Ayer veníamos en las poderosas espaldas de Zeus que amontona las nubes. Qué distinta es la mirada de los seres superiores, que miran desde el espacio inconmensurable las cosas y su insondable pequeñez. Por eso nos tratan con tanto desprecio, a pesar de nuestros ruegos y de todas las muestras de veneración que les hacemos; acaban burlándose de los sacrificios y hecatombes porque a esa distancia que ellos se mueven difícilmente llega el humo de los fuegos en los que ofrendamos nuestras pingües ovejas y nuestros bueyes de rótiles corvas para su regocijo y mucho menos llegan nuestras voces con sus plegarias clarisonantes que envolvemos en profunda emoción para conmoverlos. Ni se enteran. Pasan muy por arriba de las nubes con la vista puesta en horizontes que abarcan a un tiempo el mar y la tierra, las montañas que sobresalen, los volcanes, los lagos y los valles de cuadrícula verde.

Estimados pasajeros, les habla desde la cabina el capitan Jehová; en veinte minutos aterrizaremos en el aeropuerto Benito Juárez de la ciudad de México, les rogamos que mantengan puestos sus cinturones y cumplan con todo el instructivo que ya se tienen que saber después de tantos años de ir y venir con nosotros desde cualquier lado al otro lado y viceversa. Nosotros muy aplicados nos asomábamos por los ojos del dios, que los tiene a montones acomodados a lo largo de todo el cuerpo. Ahora dará la vuelta por tierras tlaxcaltecas e hidalguenses para enfilarse por territorios de estirpe mexiquense, cada vez más visibles porque va bajando hacia la poderosa tierra que posee en sí todos los bienes materiales que se pueden desear. Si a la izquierda se ve el cerrro del Chiquihuite lleno de antenas es que ya llegamos y todo lo que hay por ver se precipita al ojo atónito de este observador absorto que no aprende a controlar su emoción por más que repite la experiencia. Por la derecha, pues ha llovido en abundancia este año, doquier se ven cuerpos de agua que deben ser la laguna de Zumpango y el lago de Guadalupe y la presa de no sé cuántos.

Y mira, allí están ya las torres de Ciudad Satélite y la zona fabril de San Bartolo y la cúpula blanca de El Toreo; allá el Panteón de San Joaquín y el Hipódromo de las Américas y los campos militares y el Bosque de Chapultepec y los edificios cada vez más abundantes y señalados de Santa Fe. Pues todo viene al ojo ya con descomunal presencia cuanto que cada vez baja más la deidad que nos transporta. El alma se inclina a mirar hacia la izquierda por disfrutar de la ciudad cuyo cuerpo inconmensurable yace allí tendido esperando a estos aventureros que han cruzado una cuarta parte de la tierra sólo para venir a comerse unos tacos de achicalada con salsa verde, su cebollita y su cilantrito. Pero la izquierda queda muy lejos y uno no se puede andar paseando por esta panza vacía de un lado para otro porque lo impiden el cinturón y las sobrecargos. No queda más que acudir a la memoria para saber todo lo que se ve desde aquel otro lado. Pero si ya pasamos la Calzada de Tlalpan y allí está la geometría de cobre del Palacio de los Deportes es que sólo faltan segundos para volver a estar en la tierra, nuestro natural elemento, del que nos elevamos con la ilusión de codearnos con ellos, con los dioses.

Posted in diario, mi voz | 4 Comments »

Las maletas

Posted by aura en Jueves, 20 septiembre, 2007

En rigor, con el uniforme tengo suficiente; dos camisas y dos pantalones vaqueros alcanzan tranquilamente para dos meses de viaje, o más. Y en una mochila que se lleve en la espalda tres camisetas, tres calzoncillos, tres pares de calcetines y párale de contar. Bueno, un suéter, por si hace frío; el saco lo llevo puesto, por si hay que ir presentable. ¿Entonces por qué se me llena una maleta grande? Sin contar con los encargos. Por si esto, por si aquello. Uno, a cierta edad tiene que pensar en todas las circunstancias que pueden presentarse. Quizás el presidente de la República se entere de que estoy en el país y me invite a cenar y no es cosa de ir de camiseta, o a lo mejor el señor Slim –por quien tanto rezo- me convide a comer en el Club de Industriales y allí no dejan entrar a nadie sin corbata y ni modo de ir con mis zapatones de minero, hay que pensar en eso. De ligues por fortuna estoy exento, de modo que no tengo que pensar en el vestuario adecuado, y no creo que me contraten para ninguna película, aunque si ocurriera ese trance ellos se harían cargo del vestuario, faltaba más.

De cosas sí: tengo que llevar este aparatito desde el que me comunico diario con ustedes, y pesa lo suyo -¿se imaginan que decidiera no llevarlo como cuando viajaba uno atenido al servicio postal para comunicarse con los demás?, “querido amigo: ando en América del Sur desde hace meses y te recuerdo con mucho cariño, no sabes la falta que me hace un hombro para llorar”, así viajé por medio mundo y ahora sé que la vida era distinta; lo que no he dirimido es si era mejor o peor, pero en todo caso, no me había comprometido a escribir una bitácora diaria en la que diera cuenta de mis días y sobre todo, publicara, uno a uno, los poemas que llevo escritos en la larga cuenta de los años-; he de llevar el cargador de corriente y los anteojos que compré el año pasado y me quedaron tan mal que no he podido usarlos, así que iré a la óptica y una de dos: o me los ajustan o nos peleamos; algo que leer en el camino porque pasa uno horas y horas en los aeropuertos y en el avión. Y luego hay que llevar algunas cosas para los demás, por pocas que sean.

Empieza la cuenta atrás; ni el desayuno sabe a nada; al ratito vendrá Oscar por nosotros para llevarnos con su enorme gentileza a la T4, esa terminal que diseñaron para cíclopes y gigantes, pensando que algún día Madrid estará poblado por seres mitológicos -los que estamos apenas en proceso sufrimos bastante con las ingentes proporciones-. Viene ahora un lapso –lo conozco de sobra- en el que dejamos de ser nosotros para ser la carne de que se alimentan los aviones, materia sin personalidad ni gusto ni deseo, que hay que portear de aquí para allá, y traer, de allá para acá, la de repuesto. Pero lo más pesado de todo, y siento no haber sabido describirlo con precisión, son las maletas.

Ah: puede que a partir de mañana haya irregularidades serias en la ordenada continuidad de esta bitácora; ustedes sabrán comprender. Yo prometo seguir contándoles todo.

Posted in de viaje, diario, mi voz | 4 Comments »

Viajar

Posted by aura en Miércoles, 19 septiembre, 2007

Muy difícil es acomodar irse al aeropuerto y tomar un avión a México adentro del esquema o de la idea de viajar; ya casi que llega uno, le dan un somnífero, lo desintegran y lo materializan de nuevo en otro lugar. Viajar, Magallanes, Colón, Marco Polo, los diez mil de Jenofonte que se fueron caminando de Grecia a Persia y se regresaron igual, cargando en algunas bestias –que cuando hacía hambre se las tenían que comer, para colmo- sus armas y toda su impedimenta, con sus chicas de servicio sexual que los seguían y el botín que iban recogiendo en el camino; más de seis mil kilómetros a patita; pero esto de ahora es más bien una ilusión, la concreción de un sueño de la ciencia ficción del siglo pasado. Te ponen un rato en una sala de espera llena de tiendas y cafeterías y luego te meten a otra sala de espera incómoda y alargada en la que, sin embargo, te dan de comer y beber, te ponen películas y te prestan una mantita para que te duermas un rato, mientras hacen la brujería. Y ya está, ya atravesaste el Atlántico, miles de kilómetros, una buena rebanadota del pastel de la tierra te la echaste al buche sin darte cuenta.

Y cada vez vuelve a pasarme igual. Pienso que no se han descubierto las papas, tan durables, sabrosas y nutritivas; que llevamos cebollas, ajos, pan que se enmohece, harina para fabricar más si es que hay tahonero, un poco de cecina, algunos jamones que se administran como si fueran de oro, habas y lentejas que se cuecen sin gracia y unos cuantos animales que enflacan en el camino porque se marean y aborrecen el pienso y a los que cada vez les comemos menos; nada de verdura porque a los tres días se agosta y sí algunas barricas de manzanas que el capitán escatima; higos secos y olivas, y párale de contar. Se acumulan las semanas desde que salimos de Palos. Agua y nubes o estrellas y el ruido de la quilla rompiendo despacito el agua. La luna que se achica y desaparece y luego vuelve a crecer nos engaña siempre y nos quita el sueño y el sol nos confirma el horror. Ni mentiras que contarnos porque ya las conocemos todas; si acaso alguno inventa un recuerdo nuevo y nos lo narra y luego nosotros lo vamos repitiendo durante días en distintos rincones del barco, cada quien a su manera. De repente veo algo que me parece sólido en el horizonte, estoy de vigía en la cofa, llevo un rato haciendo recuento y maldición del viaje. ¡Tierra!, grito con todas mis fuerzas, ¡tierra! Me llamo Rodrigo de Triana, para que no se les olvide.

Ándale, eso sí es viajar. Porque luego viene bajarse del barco y recorrer a pie todo lo que se pueda, y encontrarse con cosas desconocidas, con seres que no acabamos de saber si tienen alma o son vertebrados nada más. No digo que sea bonito pero eso sí que es viajar; hartarse de verduras y frutas después de probar y desconfiar de todo. Y tener que regresar por el mismo camino. No que mi boleto dice que salimos a las dos y llegamos a las cinco y tantos del mismo día, de continente a continente. ¡Ah, chingá! ¿tres horas y feria? No señor, es que nos comemos siete en el camino, ¿no ve que vamos siempre hacia el encuentro con el sol? Díganme, ¿qué falta para que nos den un somnífero, nos desintegren y nos materialicen en otra parte? Viajar, ¡bah!

Posted in de viaje, diario, mi voz | 4 Comments »

La octava

Posted by aura en Miércoles, 19 septiembre, 2007

Posted in Fuentes, mi voz | Leave a Comment »

Esta casa y la de antes

Posted by aura en Martes, 18 septiembre, 2007

Ahora resulta que tenemos dos casas; fuimos víctimas de despojo y cuando nos restituyeron lo injustamente ocupado ya teníamos otro domicilio desde el que estábamos atendiendo al personal interesado; ahora vivimos en dos barrios colindantes: blogspot y wordpress. Milagros se va por las mañanas con cubeta, escoba y trapeadores a limpiar el puerquero que nos dejaron; lo único que no me gusta mucho es ese trapo que se pone en la frente amarrado por detrás, como de pirata o de Ount Jemima, porque me parece que no le agracia su carita, pero fuera de eso estoy encantado del trabajo de orden y restauración que está haciendo. Ya casi le devolvió todo su chiste; pueden ustedes verlo si se desplazan al barrio donde antes estábamos: blogspot, allí está todo nuestro pasado; se entra como a la obra de un templo restaurado de la antigüedad en el que se pueden leer los códices que permanecen intactos. Aunque la verdad yo no sé qué hacer con dos casas; no puedo dormir en ambas, ni ir a comer, ni dormir la siesta, que me es consustancial, ni tener en las dos cepillo de dientes. Hasta mi erotismo está mermado porque me inhibe la duplicidad, si de por sí. No me explico cómo le hacen.

Pero lo peor no es eso, sino que no sé cómo las vamos a atender porque pasado mañana nos vamos a México. Claro que las casas son virtuales y da lo mismo dónde estemos, pero para atenderlas se necesita una cierta estabilidad, una rutina, y nosotros, a partir del jueves, vamos a andar de la ceca a la meca. Allá nos lleva el Encuentro de Poetas del Mundo Latino y algunas presentaciones de “Se está tan bien aquí”, famoso libro de poemas que ya tuvo su estelar presentación en Madrid, ampliamente reseñada aquí si os acordáis. Mas tengo una violetas aquerenciadas conmigo, aquí pegaditas en mi mesa de trabajo al lado de la ventana, porque las encontré, pobres, en una charola cerca de otra ventana, amarillas y deslucidas y me las traje para acá, se ve que no bebían casi nunca del plato de abajo porque no les ponían: ¿quién las va a cuidar en mi ausencia? Apenas están levantando cabeza, engordando sus hojas, enverdeciendo, y las voy a tener que abandonar a su suerte. Le pediré a Tencha que me las mime.

Estoy nervioso, lo tengo que confesar; errático; hace un año que no voy a México, ¿estará todavía en pie? Por lo que leo en los periódicos, partes sí y partes han caído ya. Sólo espero que prevalezcan Los Panchos y que esté Benito en el mostrador que da a la calle y me despache mis campechanos de costilla con chicharrón; hago ejercicios de concentración mandando energía a San Cosme para que resista Boca del Río cualquier vicisitud que le acontezca y pueda echarme allí un coctel grande de los ostiones que están desconchando en la mera entrada desde que tengo memoria. Y pido que aquella señora que está en una esquina de la colonia Portales a la que sé llegar, siga haciendo esas quesadillas que embelesan, y que las hijas de doña Lupe, la de Zacatecas, hayan heredado la excelsitud de su antepasada para hacer gorditas. Y que todo lo demás lo encuentre en orden y en su lugar. Pero estoy de los nervios, como dicen por acá. Y con dos casas, para colmo.

Posted in diario, mi voz | 4 Comments »

La séptima

Posted by aura en Martes, 18 septiembre, 2007

Posted in Fuentes, mi voz | Leave a Comment »

Lo que va de ayer a hoy

Posted by aura en Lunes, 17 septiembre, 2007

Conque dos camisas y dos pantalones iguales, ¿no?, mezclilla como los muchachos, fácil de lavar, según tú que no tienes que planchar; la lavada la hace la lavadora pero ¿la planchada?, porque te darías cuenta de que hay que echarle más brazo, más calor, más rocío y más tiempo; y ya con eso te sientes soñado, que reconquistaste la juventud, que quitarte corbata y camisa blanca –bueno, ya ni se usan blancas, ya nomás tú de conservador te las ponías; de conservador y de molón, porque mantenerlas blancas tiene su chiste- te da licencia para sentirte nuevo o libre, o lo que quieras sentirte con ese afán que te dio de dejar de parecerte al que fuiste tanto tiempo, ese señor eficaz, rápido, de gesto simpático y nervioso, útil, medianamente vestido, porque has de reconocer que siempre, por más que te dabas cuenta, te dolía el codo para mandarte a hacer las camisas a la medida o para ir a las sastrerías que te constaba que podían vestirte como dios manda, y andabas masomenitos.

Y ese tema con el que saliste el otro día, ¿de cuándo acá te ha dado por criticar las corbatas de los demás?, ni que las tuyas fueran las non pelustra; aunque sí, si uno se asoma a tu armario, en donde están colgaditas como pollos muertos –ya sería bueno que las jubilaras, que se las pasaras a alguien que vaya en ascenso antes de que se pudran o que las llevaras a una de esas tiendas de ropa de segunda mano, mano-, se ve un estilo, un gusto sobrio, una cierta uniformidad en lo variado; pero no vas a decir que mientras las usabas hacías una reflexión profunda cada mañana para ver cuál te ponías según los compromisos de tu agenda o el iris de las damas con quienes tendrías la oportunidad de encontrarte. Bueno hubiera sido que te tomaran fotos vistiéndote, para que se te quitara lo criticón.

¿Y eso de los zapatos de tela tipo alpargatas desde cuándo te dio? Porque qué esperanzas, si desde muchacho te ponías unos zapatones que se notaran, que te duraban hasta que se acababan, y tú muy orgulloso progonabas el bajo precio, porque ahora no vas a negar que comprabas calzado recio de minero en los mercados del bajío y que luego, ya más mayorcito, te dio por los botines Piletas que empezaste a comprar en el mercado Arroyo de la Plata, en Zacatecas, que bien que te atrevías a ponértelos hasta con traje con todo y lo amarillos y pesados que son, más baratos que lo más barato que se hubiera podido encontrar nunca en Liverpool o en El Palacio de Hierro, excepto aquellos bostonianos Hugo Boss que estaban rebajados de la rebaja y vueltos a rebajar de la mitad a la mitad y te los compraste porque de plano. Con esos sí que te sentías jet set, el junior de la Fortuna. No que ahora con tus alpargatitas de cinco euros no sé a quién quieres impresionar. Y peor cuando te veo venir del mercado con esas fachas y arrastrando tu carrito del mandado.

La verdad es que ayer me dejaste con el ojo cuadrado, cuate, ¿este es el que conocí? ¿tan gacho lo ha revolcado la vida, me dije para mis entrañas? ¿no te gustaría dejar a un lado esa demagogia de la apariencia y volverte a engalanar como solías cuando tu mundo era lino, lana, pana y algodón? Tienes todo para hacerlo, y hasta mejor de lo que era. Nomás es que quieras.

Sí, le dije, sígueme diciendo porque siento bonito.

Posted in diario, mi voz | 1 Comment »

La sexta

Posted by aura en Lunes, 17 septiembre, 2007

Posted in Fuentes, mi voz | Leave a Comment »

De uniforme

Posted by aura en Domingo, 16 septiembre, 2007

Siempre he tenido un rechazo espontáneo por los uniformes. No que no respete a los uniformados; a veces sí y a veces no, depende; eso es otra cosa. Pero los vestuarios diseñados para hacer desaparecer lo que es individual y marcar la pertenencia del miembro del rebaño a un mismo dueño, ya sea la patria o la empresa o el equipo o la religión, me dan rasquiña. No me acuerdo si de niño tenía la misma idea porque ya ven que los niños se ilusionan mucho con esos vestuarios y suelen tener y manifestar el deseo de uniformarse; lo que sí recuerdo, por ejemplo, es que mi hijo Juan a los nueve años, necesitaba tener un uniforme de un equipo de futbol, costara lo que costara, aunque eso en su momento lo achaqué pura y cabalmente a los efectos de la desmedida promoción de los equipos, al endiosamiento que la mercadotecnia hace de los jugadores para tener en sus devotos seguidores un mercado cautivo. Pero ahora que recuerdo Juan quería el uniforme de uno de los jugadores, con su número, no cualquier uniforme del equipo, ni mucho menos cualquier uniforme de futbolista. O sea que quería un uniforme para diferenciarse y no para parecerse a los demás, qué curioso.

Claro, supongo que en las jerarquías religiosas debe ser lo mismo: sotana negra y alzacuello lo llevan miles y miles de curas, pero sotanas de color morado o púrpura sólo las llevan los obispos y los cardenales y nada más hay uno que la lleva distinta de todos los demás; aunque sea el uniforme de la profesión bien diferenciado queda el que lleva la sotana única. Y algo semejante pasa con los militares: no es lo mismo el uniforme talla 36 a 42 que hacen por millares en grandes fábricas con tela sintética que el uniforme hecho a la medida del general, con una tela del mismo color, más o menos, pero de otro material y otro tejido y con el agregado de los adornitos dorados y esmaltados por doquier. Se nota a leguas, aunque vayan todos uniformados, quién es el que manda. Y allí también el uniforme uniforma a unos, a la mayoría, pero destaca a los escogidos y sobre todos al mandamás, que es el que va menos uniforme que los demás aunque lleve una imitación del vestido reglamentario común.

Esto vino a cuento porque últimamente me visto con uniforme, que es una manera de llamar a un pantalón y una camisa vaqueras, de mezclilla azul (ver mezclilla en el glosario); salgo poco de casa y tengo dos pantalones y dos camisas iguales que compré el año pasado en San Luis Potosí, a muy buen precio, y con la certeza de que son prendas de larga duración y resistencia, como que originalmente, antes de que se volvieran el uniforme social de la modernidad, eran la ropa de los obreros. Se pueden comprar pantalones y camisas de mezclilla en las tiendas caras de diseño, y se nota, se les ve la clase; como a mi uniforme, sólo que a mí no me importa que se vea que lo compré en el mercado. Alterno los dos juegos, camisa y pantalón que me pongo tres o cuatro días, con el otro juego que es idéntico, así que si me ven pasar siempre con la misma ropa ya quedan advertidos de que sí hay espacio para lavarla porque tengo dos.

Posted in diario, mi voz | 4 Comments »