Alejandro Aura

Mis poemas y otros escritos.

Archive for the ‘sueño’ Category

Minuciosa noche

Posted by aura en Lunes, 28 enero, 2008

Ahora sí de plano, dije, me voy a dormir aprovechando el golpe de sueño que me dio y a ver hasta dónde llego con el primer empujón, que luego ya veremos. Pues lo cierto es que pude ofrendar ocho horas en los noctívagos altares; ocho horas de recorrer una misma tela con atención exquisita y dedicación prolija, tomando en cuenta que lo que queda de la noche sobre el mostrador de la memoria es migajería difícil de clasificar.

Aunque, vayamos por partes: a las dos horas de haber caído me despertó un retortijón. Aquí está la celada, pensé, esta es la trampa que me pone la noche para enseñarme quién manda, y me levanté al baño. Pensaba entretanto que había concluido la cuota a mi favor y que en adelante la caverna de los desvelados se abriría espantosa para irme tragando durante interminables horas. Me resigné. En las veladuras que se iban descubriendo gracias a no querer pensar para que el pensamiento no me ocupara, había una apasionante visión bíblica de lo más apocrifota: el Nazareno tenía que dejar los campos de labranza en que laboraba su gente y podíamos aprovechar para adoctrinar en su contra, seguros de que no regresaría y podríamos realizar nuestra humanitaria encomienda –lo de él representaba un peligro para la especie- siempre y cuando lo hiciéramos con absoluta minuciosidad.

El secreto estaba en atender a lo ínfimo, en ir a las partes moleculares de la composición del paisaje, del color, de la acción; tomado de bulto nada servía para el propósito, que a esta hora era ya más individual y profano: pasar la noche, hundirme en su regazo, diluirme en atención concentrada a lo que estaba haciendo. Y logré deslizarme sin que los guardias lo impidieran; no sé cómo porque estaban ahí listos con luces, ruidos y cohetones para impedirme la entrada y arrojarme al espinoso desierto de la vigilia lleno de serpientes y alimañas. Pero pasé; de ladito, pero pasé; la tos tuvo misericordia y no descubrió mi ubicación mientras cruzaba los primeros tramos que lo mismo eran crestas ardientes de montañosas formaciones que acantilados espeluznantes cuyo fondo me llamaba con voces seductoras: ven, me decían, ven, ponte a leer, escribe un rato, baja una peli a la compu, aprovecha el tiempo.

Lo que yo quería era seguir durmiendo y lo que menos tenía era fe en lograrlo pero persistí por un secreto impulso. Ladeado sin remedio, escorado sobre estribor me fui dejando llevar por la corriente. Que me hunda, decía yo, que me devore. Y con esta oración pagana fui ganando terreno. De vez en cuando salía yo a la superficie y pedía volver a lo profundo. Mis emergencias, ahora lo sé, no fueron sino manchones pasajeros en la tela. Y aunque estoy adolorido de los huesos de este costado veo con satisfacción que haciendo caso con humildad a las voces que lo guían a uno se puede transitar por los peores abismos. Una y otra vez regresaba a la parte infinitesimal de cada instante; eran paisajes bucólicos ingleses de los Siglos XVIII Y XIX, con sus damas, sus caballos potentes, sus prados prodigiosos y sus perros. Nada podía quedar sin revisarse a fondo, tal era la condición, y la cumplí con disciplina ejemplar, tanto que transcurrieron ocho horas y heme aquí, un poco adolorido pero en el fondo satisfecho de haber podido dormir.

Posted in sueño | 2 Comments »

Mi ejército de Roma

Posted by aura en Jueves, 27 diciembre, 2007

A lo ancho, a lo largo, hacia adentro y en torno; en todas las dimensiones estuve y todo lo abarqué y conocí empeñado en la perfección necesaria para ser el maestro que ve desde fuera y puede definirlo todo. Nada se quedó sin pasar por mi experiencia. Estuve en la formación individual y en el entrenamiento colectivo de los hombres que componían aquel ejército descomunal; cada uno era la respuesta del músculo común y todos juntos actuaban como un cuerpo único que reacciona al estímulo externo que toca un nervio sensible. Estuve en las cocinas en donde se prepara la alimentación simultanea para miles de bocas hambrientas, necesitadas del combustible  con que habrán de desplazarse por el camino glorioso de la historia. Me tocó comprobar plato por plato, la abundancia, la precisión, el equilibrio de lo necesario y la vanidad de lo exquisito; las raciones de carne, la oportunidad del salseo, la cocción adecuada, la temperatura al servirse, porque todo respondía a un plan calculado con rigor científico; el azar carecía de fuero en tal entorno. Para que una máquina tan poderosa avance es necesaria la aportación del combustible en grado y calidad impecables. Y los vi y los acompañé a comer con apetito voraz en medio de los campos polvosos en donde se formaban a millares desconcertando cualquier capacidad de imaginar el número de elementos que contemplarían aquellas multitudes colosales.

Me tocó también conocer las bodegas de intendencia. Un universo de correas, cáñamos, alambres, clavos, hilos de todas clases, ojillos metálicos, aldabas, goznes, tiras de cuero, perplejidades sin cuento capaces de ayudar a reparar cualquier rotura, cualquier imprevisto en cualquier momento. Quienes allí estaban eran maestros en el arte de lo inimaginado, profesores de todología, funámbulos entrenados para sorprender al mundo con las acciones más inocentes y pedestres de la reparación de todas las cosas. No puede haber nada que un soldado de este ejército necesite, nuevo o arreglado, que no se resuelva en este departamento inmenso de alucinaciones. Conocí la habilidad con que trabajan, la inmediatez de sus respuestas, la finura de sus acciones para resolver con una laminilla la resquebrajadura del escudo, o con un alambre retorcido calibrar la catapulta que perdió precisión en el desplazamiento; habilitar una sandalia para evitar una cojera o reenganchar una túnica al hombro de una figura destacada, o enderezar un carro con una ganzúa para que no salga de la perfecta formación a que pertenece.

No sé por qué vi todo esto. No entiendo qué necesidad tengo de andarme soñando en medio del ejército imperial de Roma, ni menos como observador o cronista. Ni en medio de ningún ejército de ninguna época de la historia de la humanidad. Pero uno no define lo que sueña ni programa los veleidosos viajes de la inconsciencia por esos territorios enigmáticos de la noche. Uno cierra los ojos, tose, se lamenta de no dejar dormir tranquila  a su compañera y poco a poco, según se pueda, se abandona a lo que venga. Y si eso viene por algo será, pero qué difícil, qué difícil explicarse en el trance de despertar que uno es un perito en soldadería romana, un experto en alimentación, equipamiento y apariencia del ejército con que Roma conquistó el mundo que sus ojos alcanzaron a ver y que sus viajeros le dijeron que existía. Uno qué tiene que ver, hazme favor.

Posted in diario, sueño | 1 Comment »

El dolor y la gloria

Posted by aura en Viernes, 14 diciembre, 2007

Hay un territorio en España que ahora es Comunidad Autónoma y antes fue el reino de Aragón, con sus altos y bajos, con oscuridades y sombras extendidas por lomeríos y desviaciones a lo largo de su historia y de su geografía. Le levantan los Pirineos el cuello de una cabeza altiva. No es pobre porque ya España no es pobre, pero todavía en muchos de sus pueblos se siente el pasado cercano lleno de privaciones; está, no en pie sino como quedó, en carne viva, en dolor vertido, el testimonio doloroso de la Guerra Civil, en Belchite (el dolor), y el áspero y concentrado pueblo donde nació Goya, Fuendetodos (la gloria). El frío de las regiones y las casas de piedra. Ayer hacía menos siete grados en Teruel. Los Montes Negros, la comarca de los Monegros, entre Zaragoza y Huesca, se volvió navegante y quedó en estepa por la tala de bosques para construir barcos. El Ebro pasa cerca; hay sistemas acuíferos profundos. En los pueblos pequeños no vive casi nadie; la mayoría de los aragoneses están en las ciudades.

Y ayer anunciaron una transformación radical de la comarca de Monegros, que es desierto: harán un paraíso del ocio y el sinsentido, que por lo pronto se llama Gran Scala y al que aspiran a atraer no sé cuántos millones de humanos sin brújula (pero con dinerillos) al año para que disfruten de casinos y espectáculos casi como en Las Vegas. Vendrán a millones (púmbatelas y cataplúm) y crearemos miles de empleos, dijeron: falacia más ruin cuesta trabajo encontrar entre las justificaciones humanas para acometer perversidades. Montones de hoteles, casinos a puños, comercios de todo, campos de golf que son emblema de un mundo en el que no existen los pobres (ni los niños ni la creatividad). Habrá una puertecita de contrataciones para empleados de servicio, transportes, intendencia, seguridad sobre todo; habrá. Y la comarca se volverá un Eldorado en el que escurrirán millones de euros de impuestos. Porque, a ver: los aragoneses ya no somos pobres; tenemos dinero y para qué otra cosa puede servir el dinero más que para producir más dinero. Y si no nos alcanza no importa: nos juntamos con inversionistas de otras partes en donde haya dinero y ya está; habrá para todos.

Ha habido varias veces en México, y supongo que en el resto del mundo, un sistema de estafas en serie que se llaman pirámides. Tú te aseguras de que equis número de personas te den una cantidad determinada de dinero y los convences de que a su vez se aseguren de que encontrarán un número de proveedores que les den a ellos, que conseguirán a otros que los surtan en un escape geométrico sin límites, del que siempre ganarás, en teoría, una pequeña cantidad que repetida muchas veces se vuelve fortuna. Es eficaz, hasta cierto punto, pero es una estafa porque su única razón de ser está en obtener dinero sin ofrecer nada a cambio, más que la ilusión. Esto no es una estafa, por supuesto. Cómo va a ser si lo avalan las autoridades políticas y los usos del tiempo. Esto se llama inversiones, desarrollo, futuro promisorio. Ocio y entretenimiento. Negocios legítimos, pues. Y que ruede el mundo.

Ayer en la tarde, durante la siesta, mi hija Cecilia ingresó a mis sueños. Estaba bien, bonita, alegre; algo que ya no recuerdo andaba haciendo con mi hermana María Elena. Bienvenida a mis sueños, hija.

Posted in diario, sueño | 2 Comments »

Un sueño de destrucción

Posted by aura en Martes, 11 diciembre, 2007

Una trama horrorosa: soy un músico –intérprete y compositor- europeo profesional y me veo organizando una serie de conciertos-destrucción en los que están involucrados muchos músicos mexicanos. Cada concierto es una máquina que hace desaparecer todo el edificio en el que tiene lugar; digamos que el concierto es el edificio. Y yo estoy furiosamente aplicado a conseguirlo, sin contar con que tengo toda la capacidad y habilidades para hacerlo. Y el poder. Al final, cuando ya falta poco para terminar la obra demoledora, cuando han caído sucesivas edificaciones arquitecto-musicales, me doy cuenta de que todos esos músicos, quiera yo o no quiera, me guste o no me guste, son parte de mi propia familia, mis hijos, mis nietos, mis sobrinos y que lo que estoy haciendo es una venganza espuria, ilegítima, mal encaminada, porque todos ellos no son los causantes de mi tos. Y no solo eso, sino que la dolorosa, la desgarradora tos, se podría haber resuelto armónicamente si en lugar de destruirlos los hubiera conjuntado de buena fe.

Para soñar esto hube de pasar previamente por un proceso de insomnio que lleva ya dos o tres semanas. Desde que estoy tomando este tratamiento de medicinas de laboratorio –creo que es medicina molecular- casi no duermo. Cortisona y Tarceva están haciendo estos estragos. Ayer, por ejemplo, habiéndome dormido después de las cuatro me levanté a las siete porque había que ir a análisis de sangre (que fueron bastante positivos, por fortuna); no dormí más en todo el día. Por la noche oí pasar las horas sin encontrar un solo remanso en que tenderme hasta pasadas las cinco de la mañana; vi sucesivos capítulos de una serie de televisión (ahí debe estar la clave), leí periódicos de ambos países, un libro antológico de diversos autores mexicanos conjuntados arbitrariamente por Lolita Bosch (o sea que las claves existen). El ataque de tos, como a las ocho y media de la mañana, cuando otra vez llevo sólo tres horas durmiendo, está cargado con la explicación de los motivos de mi sueño y me despierta imperioso para que lo cuente, para que lo escriba antes de que se desvanezca como se desvanecen todos los sueños, hasta los más potentes.

Yo músico y músicos mis descendientes y un oscuro impulso de acabar con ellos porque no los conozco ni los entiendo y creo que me son nocivos. Y la trama perfectamente organizada con habilidad de guión de serie policíaca. ¡Qué espanto! Y cómo no van a tener los sueños el prestigio mágico que tienen si actúan con tanta alevosía sobre nosotros, si tenemos tan incompleta información de su perversa máquina, si están tan lejos del deseo y tan cerca de no sabemos qué complicaciones de la conciencia. Si sólo nos acercamos a ellos con vislumbres tan leves que al despertar no sólo no sabemos nada sino que traemos dagas enterradas. ¡Ay, padre Shakespeare, vuelve y ayúdame a entenderlo, déjame abrir la página en la que sabes lo que está pasando y te ríes junto conmigo del destino! ¡Padrecito Freud, ayúdame! Yo sé que hay gente que con dos o tres horas de sueño tiene bastante; a mí me desquicia, como se ve.

Posted in cáncer, sueño | 1 Comment »

La vida perdurable

Posted by aura en Domingo, 2 diciembre, 2007

No, sin aspavientos, naturalito: una sociedad en la que prácticamente se ha eliminado la muerte. La gente vive hasta que quiere; la ciencia y la cultura han logrado alargar la vida de manera indefinida y sus plazos se extienden sin presión, cómoda y generosamente, con una estadía dedicada a pensar, a buscar soluciones de utilidad y enriquecimiento para el propio concepto de la vida. Hay viejos de edades muy muy legendarias. Cuando estos cuerpos dejan de poder o de querer manifestar su voluntad, lo que también ocurre, el estado se hace cargo de su tranquila desaparición. La explosión demográfica es muy limitada porque nadie tiene prisa, y sí, el conjunto crece siempre un poco, pero quedan muchos siglos por delante para temer una saturación del planeta, si es que tal cosa pudiera llegar a ocurrir -nuestro planeta es grande y productivo, han dicho-, además de que todos están seguros de que se encontraría solución para esa lacra.

Por la mañana se comen frutas de agua: melón, sandía, piña, papaya, mango; hay una segunda colación, hacia el medio día, con frutas de consistencia: plátanos, manzanas honorables, peras doctorales –se llaman así por el grado de desarrollo que han alcanzado en los huertos-, melocotones, en su caso, y van acompañadas de los frutos secos, higos y orejones, nueces, piñones, uvas pasas, y tunas, y se hermanan con panes de variados cereales e infusiones exquisitas logradas con tantos matices de mixtura que hay quienes durante años no repiten un mismo sabor. Para la tarde están los kiwis reservados junto con las uvas frescas, las fresas y la variedad de moras; es entonces cuando, de manera muy medida, se come una poca de carne, algún huevo de ave ricamente preparado y la panoplia infinita de verduras que la tierra ofrece. Por la noche es el vino, los aguardientes, y el pan con mermeladas, jaleas, compotas y pasteles. Y la música en todas sus formas.

Lo redacté de otra manera en el duermevela, y no quería despertar. Se me habían ocurrido unos adjetivos preciosos para las frutas y la dieta era de un equilibrio asombroso. Hasta las contradictorias tunas tenían un lugar comprensible. Había características de los viejos que no pude reencontrar en la vigilia. Estaba todo resuelto para que la vida resultara tan durable como la voluntad de vivirla y en ello campeaba una deliciosa armonía. Todavía me acuerdo que lo dije en voz alta para que Milagros lo oyera (seguramente estaba tan dormida como yo, pero eso, ¿qué le importaba a mi previsión?) y me ayudara a reconstruirlo al rato. Pero no, qué esperanzas, ya no pude dormirme; amodorrado y todo me incorporé a escribirlo y vi con tristeza, como tantas otras veces, que es irrecuperable la perfecta y luminosa redacción interna de los sueños.

Posted in diario, sueño | Leave a Comment »

Caballos en la noche

Posted by aura en Miércoles, 28 noviembre, 2007

Caballos. Un libro acerca de caballos. “El caballo de Lady Nosecuántos”. Se trata de un libro serio, moderadamente antiguo, con una encuadernación elegante y sobria. Debe ser la historia íntima de la relación de una dama de antaño con su cabalgadura; algo que sin duda rebasará la noción del transporte y lo utilitario para entrar en honduras humanas de sesgo confidencial, pienso; qué atractivo. Una doña del XVIII, envuelta en sus largas y abudantes telas, que cuenta, quizás desde una perspectiva psicologista (o de boudoir, si somos más afortunados) los recovecos de una dependencia mutua basada en la simpatía entre especies y en la constancia fraternal de su convivencia. Hojeo en la penumbra para buscarle sustento a mi percepción intuitiva: algo de lo que supongo puede ser la materia de este tratado, quizás no ando tan lejos. Aunque parece que va más allá, que no sólo es la relación de una señora con su bestia sino una sucesión de historias de afinidad entre personas y equinos. No los paramentos y jaeces, arreos y aparejos, sino el oído del caballo y el susurro del amo, el aliento cortado de la emoción de su jineta en ciertos momentos señalados y el respingo inteligente del corcel con su tesoro a cuestas, el valor social de un entendimiento superior en ciertos seres privilegiados que con tal ventaja se separan del montón.

Centauros e hipogrifos. La transmigración de almas que acaba creando seres nuevos con características comunes a sus orígenes compartidos y la permanencia que tales mitos pueden tener en los siglos, hasta volver a intentar, en los nuestros, su revalidación física con argumentos novedosos, ¿por qué no? Acaso se hayan visto en algunas remotas estepas cabalgando al claro de luna seres de apariencia inimaginable y estas páginas den cuenta de ello con nuevas aproximaciones científicas. Pero el libro se va deslavando; lo poco que puedo hurgar me lleva de nuevo al principio de lo percibido y noto que cada vez es de menos quilates y más reiterativo; me acojo de nuevo a imaginaciones preteridas haciéndolas más planas y quitando relieves; ya casi no tiene chiste. Ya no sólo es de una dama sino de señoras y señores, hombres o mujeres a caballo, y la elegancia enigmática que prometía se empieza a resolver en monturas y aires ecuestres. No; ya desperté dos veces y es imposible retomar el brillo de piedra preciosa del principio del sueño.

Qué lástima, hubiera sido un sueño estupendo si pasando las páginas, el libro, como en secuencia cinematográfica, hubiera comenzado a vivir, con la imaginación concentrada de quien puede realizar, por recursos y por capacidad creativa, lo que le dé la gana. Pero eso tienen los sueños, que se deslíen, conforme avanzan hacia la vigilia se vulgarizan. Me desperté sin nada de valor y con la sensación de haber derrochado una fortuna. Vuelvo al día con la boca reseca; me levantaré a buscar una mandarina.

Posted in diario, sueño | Leave a Comment »

Modernas dormedurías

Posted by aura en Sábado, 10 noviembre, 2007

Sabemos de sobra que la brecha se ahonda; el abismo entre los que pueden y los que no es cada vez más ancho. Lo ponen en evidencia las noticias cotidianas, las discusiones en reuniones de perros y gatos como la que se está llevando a cabo en Chile y acontecimientos como el de anoche. Yo anoche me acosté, como todos estos días, a correr el riesgo de que la tos me lo arrebate todo y en vez de ser ya yo me vaya convirtiendo en un guiñapo que es sacudido por dentro como una banderita enhiesta en la orilla de un mar atormentado, desgarrada, deshilachada y sin ninguna prez ni estima, ni estilo ni señorío. Con expresa modestia comencé a toser y todo en mi entorno a desarmarse como el jergón de una venta de paso ante el embate de un caballero andante extemporáneo. Veía alejarse la posibilidad del sueño cada vez que éste se acercaba a rondarme; el guante áspero y rasposo que me mueve por dentro sacudía los trapos y lo ahuyentaba.

Pero de pronto ocurrió algo difícil de explicar. Sin proponérmelo ni procurarlo fui usado por un nuevo servicio del que yo carecía por completo de noticia; hagan de cuenta que hubiera contratado a una dormeduría de primer mundo, unos servicios suecos de dormición perfecta, que se aplicaron en mí en el acto y comenzaron a funcionar en la plenitud de su eficacia. Un sistema activado por control remoto cambiaba todo de signo, de color, de forma; lo deseaba y mi cama era impecable, rígida y suave al mismo tiempo, mullida como el pecho de una madre gorda y aséptica; el tiempo era un fluido incoloro en el que estaba encapsulado para pasar de un lado al otro sin sentirlo. Todo tenía contornos definidos, claros, recién pintados, y todo dispuesto por una mano maestra del diseño para no salirse de un estado de comodidad en el que podía activar botoncillos que satisfacían en el acto necesidades y deseos. Lo mínimo apetecible, y más que eso, en los términos del contrato, digamos, estaba a la mano del usuario. El mejor sueño del mundo, el sueño que va de punta a punta con lujo y sin escollos.

Dos o tres veces tuve que salir del paraíso porque una descompostura estomacal me obligó a pasar al baño adjunto, y en esos tiempos extras me di cuenta de que estaba disfrutando de un servicio excepcional, algo que no solicité porque no conocía pero de lo que a partir de ahora podría volverme prosélito incondicional y adicto, y volví a sus brazos, por decirlo de algún modo. Fue hasta después, ya entrada la vigilia, cuando entendí que había trasmigrado algo del reino onírico al de la luz del día y que ni los suecos ni los finlandeses ni la más sofisticada empresa de primer mundo tiene tal oferta en el mercado. Y si la hubiera, si acaso el genio de la invención humana hubiera ya encontrado ese camino, no sería para gente como yo sino para aquellos que al día pueden poner en el tapete lo que nosotros no podremos en todos los años de nuestra vida. Me queda la satisfacción de ser quien lo soñó.

Posted in diario, sueño | 1 Comment »

La traducción del sueño

Posted by aura en Lunes, 29 octubre, 2007

Mientras estaba yo preso en las cómodas catacumbas del sueño era facilísimo enhebrar la secuencia que ligaba tos con explicaciones; su lógica onírica era contundente. Los accesos expectorantes estaban sujetos a un guión perfectamente estructurado en el que se sucedían secuencias diferenciadas de acciones. Venía toser y la escritura que correspondía lo tenía previsto sin alteraciones. Pero transgredí el orden en una de esas: por lo visto estaba previsto que la tos se acomodara a mis movimientos siempre y cuándo éstos fueran para dormir sobre un costado o sobre el otro, pero cuando intenté hacerlo boca arriba algo no permitido alteró la composición de la página y me vino un acceso mucho más intenso. Tenía una explicación: se habían alterado las sílabas del texto -¿qué texto?, el del libreto-; un imperceptible cambio en la acentuación y cuenta de las sílabas había roto la armonía y era imposible continuar tosiendo con moderación; el exceso llegó a las arcadas y me obligó a buscar la falla. Recuperé la cuenta y el orden de los acentos de las sílabas y volvió la tos a su incómodo pero aceptable cauce.

El problema es siempre el mismo, cómo pasas de un lado a otro lo que allá es transparente, continuo y regalado y aquí es una pura boruca de incoherencias que por más que te apliques es imposible ordenar. Toda traducción es difícil, de acuerdo, pero la del sueño a la vigilia es de las peores. A menos que se pudiera conservar la duermevela, ese estado perfecto de la inteligencia en el que todo tiene acomodo. Pero el ojo curioso ya atisbaba luz más allá de los postigos –parece que el sol está rasgando el velo gris que ayer le impusieron al día- y las células iban desperezándose por su cuenta; la lógica impecable del sueño iba oxidándose y haciéndose reacia a ciertas flexiones que le imponía el pensamiento, recién llegado a trabajar. La tos no es música, ¿cómo es que tiene partitura? Y en todo caso, desafinar no la autoriza a tirar los bártulos como muchacha berrinchuda y optar por la vomitada; eso no es más que un chantaje para tratar de arrebatarle privilegios a la vigilia y conservar su arrebujada condición de mimo debajo de las cobijas.

Pero una vez roto el encanto uno sabe sabe que jamás recuperará esas bahías en que placenteramente se movían las barcas ofreciendo destinos imposibles. Te despertaste y se acabó la ilusión, así fuera de oro puro y estuviera cubierta de diamantes y zafiros. Entre más esfuerzos haces para recuperar sus lenguajes más el sueño se te escabulle y con mayor saña se burla de ti tachándote de ingenuo. ¿Otra vez caíste, corderito? ¿No has aprendido que hay reinos que te son ajenos aunque parezcan incluirte en sus engañosas telarañas? Mira: hay una secta macabra que te arrebata por las noches y te usa para todas sus inconfesables maquinaciones. Nunca sabrás qué intenta, qué designios tiene ni por qué se fija en ti. Tú apechuga, y confórmate con las explicaciones que puedes cosechar cuando estás despierto. La tos no tiene partitura. Ve al médico.

Posted in diario, sueño | Leave a Comment »

Oscuridad y sueños

Posted by aura en Viernes, 19 octubre, 2007

Con qué facilidad los sueños se evaporan. El solvente de la vigilia es mucho más poderoso que el deseo de traducir mensajes; la mano onírica con su guante blanco y seco los dejó cuidadosa en el buzón para ser interpretados luego. Cuando empezaron a sonar los ruidosos cláxones en la calle y me quitaron la felicidad de los sueños estuve redactando la historia de unos becerros –él y ella- que se alegraban tanto de su encuentro –como seres enamorados- que se manifestaban con expresiones ajenas a su especie y comprensibles a la nuestra, como una escena bucólica descrita por el propio Shakespeare. Pero no sólo sino que yo me veía en una situación de definición difícil: resulta que me habían asignado para un puesto diplomático en un país de oriente y mientras unos me decían que qué suerte, otros me sugerían que no aceptara, que qué iba yo a hacer entre camellos, arena, suciedad y violencia. Yo no tenía opinión, supongo, porque tan pronto me alegraba del exótico destino como me veía disgustado por las circunstancias. Andaba yo por la ciudad en calles que no eran paralelas y había que conocerlas para acortar el camino; no era agradable estar solo. El ruido, sin embargo, que era de este lado, acabó dispersando por completo los materiales etéreos de los sueños.

Me desperté incómodo y tosiendo intensamente; una tos telúrica que tenía como fondo las campanas de la catedral de San Luis; no sé qué ondas penetraban a mayor profundidad de la tierra, unas a poner su queja, las otras a convocar almas para el rito, y ya que el material se me desvanecía quise evocar las acciones de ayer para tener sustancia. En realidad no hay nada –pensé- ni a un lado ni al otro, ni en la vigilia ni en los sueños; todo se desvanece igual, todo se difumina y deslava con el agua del tiempo. Aunque no, sólo es cosa de la mañana tener tal pensamiento que aún no ha sido activado por la chispa del día; es mentir querer escamotear cosas que ocurrieron, o que al menos la memoria puede enumerar sin que se dispersen al buscar atraparlas. Otras campanas de otra iglesia cercana acompañan mi vuelta a la razón; no son catedralicias, pero suenan y convocan.

Fuimos por la tarde a las gorditerías de Morales. Uno tras otro están los establecimientos que ofrecen iguales atractivos: gorditas, quesadillas, sopes. Los panes planos de maíz se separan por en medio y se dejan rellenar de chicharrón guisado, de queso con rajas, de picadillo, de nopales, de huevo con salsa verde o roja, de carne deshebrada. Lo que notamos fue que el maíz sabía como de antes cuando nos dieron unas tortillas para hacernos nuestros tacos de aguacate.

Y bueno, perdónenme la dispersión, se cumplió a lo que te truje: presentamos el libro en el Museo Cossío. El poeta Armando Adame, con quien tantos y tan buenos recuerdos tengo, hizo las galas de la presentación y luego leí los poemas ante público atento y cariñoso. Un joven gótico me preguntó al final de la lectura que por dónde se debe seguir cuando la oscuridad se acaba y le dije más o menos que no se acaba porque no está afuera, que tiene matices infinitos que la van transformando, que los busque dentro de sí; me miró con desconfianza y no sé si creyó en lo que le dije o pensó que había hecho un juego de palabras.

Posted in diario, sueño | 2 Comments »

Sábado en Calanda

Posted by aura en Sábado, 25 agosto, 2007

Estábamos en un café, en alguna terraza de alguna parte y un grupo de jovencitas, garridas mozas de estupendos talles se acercaron a mí con intención de hablarme. Que había yo ofrecido cierta vez ir al lugar al que me convocaban y había faltado a la cita, será, les dije; no, maestro, pero queremos que vengas, planteó una de ellas, más bonita que un sol naciendo apenas; tenemos un lugar que se llena y la inquietud allí aflora burbujeante, abunda la juventud en tal espacio y queremos que vayas, participes y constates. Y las demás tercian, apoyan, abundan con argumentos tales como éste: queremos que lleves, como ejemplos de poesía, unas trenzas de estambre medievales, de esas de color verde cenizo entreverado con grises, que aunque parecen cosa firme, si las deshaces son sólo rizadas ondas, y que ante todos desveles el enigma de lo que no siendo nada puede hacer la belleza o darnos risa. Ah, pues iré, cuenten conmigo, allí estaré a las ocho. Pensé en irme a casa a trabajar para tener lo necesario, pero ahí se deshizo la intención y todo derivó por otros cauces menos entusiastas.

Desperté con la preocupación. Son las ocho, y a las once será la presentación de mi libro en el CBC. Milagros está dormida. La persiana bajada impide el paso de la luz pero ya es día pleno. ¡Hop! ¡Arriba! Por más rápido que vaya usaré una hora al menos, porque ya me conozco, para escribir y publicar mi página del día y su poema correspondiente; de modo que andando, galgo viejo, moviéndose, cochecito, me dije a mí mismo; luego, hay que hacer las abluciones apropiadas y desayunar, ir a comprar el periódico, ir al baño, lavarse los dientes y llegar caminando al lugar de los hechos, así que ¡arriba! Entonces levanto la persiana y en efecto: ya está el sol trepado en el andamio, listo para comenzar a hacer piruetas, ya no me puedo entretener con sueños de jovencitas como gacelas que vienen a buscarme para que las adoctrine; lástima, tan bonitas que estaban; aunque no era eso lo que en el sueño me importaba.

El caso es que como en el soneto de Lope, mi vecino, burla burlando ya va el tercer párrafo saliendo. Y como a la estructura ha de corresponder el contenido iré perfilando alguna oración de despedida. Todo fue bien ayer en la carretera; pasamos por Belchite, de tan infausta memoria; llegamos por la tarde a Calanda y descansamos; buscamos luego a Javier Espada, el culpable de que estemos otra vez en tierras de Teruel y de Buñuel, y nos fuimos a cenar a Alcañiz, a donde hay que volver de día y visitarlo porque se ven construcciones monumentales, una catedral y una lonja y una plaza de estupendas proporciones y un Parador legendario y mucho más que ver por arriba y por abajo, porque creo recordar que hay cuevas y catacumbas del tiempo de los romanos. Pero bueno, esta vez no vinimos de turistas sino de trabajadores de la cultura. A ver mañana qué les puedo contar.

Pero… el hombre propone y el azar dispone: wordpress está lavándose la carita y no le abre a nadie; hace una hora que estoy intentando poner mi página, de balde. Así que a ver a qué horas.

Posted in de viaje, diario, mi voz, sueño | Leave a Comment »