Alejandro Aura

Mis poemas y otros escritos.

Licencias de manejo

Posted by aura en Sábado, 16 febrero, 2008

Me he encontrado en varias ocasiones con personas que están concentradas estudiando para su examen de manejo; obtener la licencia de conducir en España no consiste sólo en pagar el derecho correspondiente sino que hay que demostrar que uno está capacitado en la práctica y en la teoría para ingresar a esa cofradía corsaria que obtiene una patente para cruzar los mares de calles y carreteras viendo cómo medra con el espacio y con el tiempo. Atenidos a su temperamento, los españoles, una vez que tienen la pertenencia legal juzgan que pueden hacer lo que les dé la gana. Hay muchos muertos en carretera porque hay mucho carácter y mucho genio –A mí quién me va a decir a qué velocidad tengo que conducir-, declaró un día, un poco pasado de copas y con mucha chulería, el ex presidente Aznar, al criticar una medida preventiva puesta en práctica por el partido que echó al suyo en las anteriores elecciones. La lucha del gobierno por poner el bozal a la fiera es intensa y costosa, pero así son los españoles y hay que encontrar regulaciones que aminoren esos impulsos que causan tantos estragos y tantas vidas.

En México lo único que demuestra la posesión del carnet es que pagaste el impuesto correspondiente; si sabes o no manejar es cosa tuya, aunque como es una acción mecánica y sencilla, una vez que se convierte en segunda naturaleza tiene pocos secretos y prácticamente cualquiera lo puede hacer. Aunque no siempre fue así; yo recuerdo haber hecho examen de arranque, movimiento y estacionar, con un coche chatarra que servía muy bien para que los inspectores te reprobaran tantas veces como te negaras a pagarles el cómodo precio de la corrupción. El trámite, por supuesto, era oficialmente gratuito. Hasta que el gobierno tomó el negocio en sus manos y legalizó el pago quitando el motivo de descomposición moral a los sinodales, los exámenes. De modo que en México la licencia de manejar es una identificación aleatoria y la comprobación de que pagaste lo correspondiente, pero nadie siente que lo autorice a más. Por desgracia no conozco un estudio comparativo de accidentes de coche entre los dos países.

Pero yo, que hice un principio vital de mi negativa a estudiar para exámenes –razón por la que soy autodidacta-, me temo que voy a tener que hacerlo casi cincuenta años después de haber empezado esa actividad mecánica que he practicado durante toda mi vida. Y peor, cuando he iniciado ese alegato por el que reclamo que se legisle sobre la pertenencia de seguir produciendo vehículos de locomoción no colectivos o de servicio, cuando pido públicamente que algún país tenga las agallas para prohibir el coche particular. Pero voy a tener que hacerlo porque el pequeño subterfugio de que me he valido para manejar en España me parece indigno de quien se la pasa criticando: no tengo coche pero cuando tengo que manejar –cada vez menos, lo que agrava el peso de mi decisión- llevo conmigo mi pasaporte para, en caso de necesidad –que no me ha ocurrido nunca-, alegar que soy turista y mostrar mi licencia mexicana, ocultando que en realidad soy residente del país y sé que debería atenerme al reglamento y las normas. Aquí cabe también la expresión, aunque me duela: cuestión de temperamentos.

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Retrato del aspirante a la riqueza

Posted by aura en Sábado, 16 febrero, 2008

RETRATO DEL ASPIRANTE A LA RIQUEZA

El aspirante a la riqueza esconde sus sentimientos y se comporta como un alegre vencedor.

Hay quienes lo envidian pero él también se envidia. Mas no le es indiferente a nadie.

Pone en juego todos los recursos de su imaginación para permanecer de una manera u otra con algo de fe.

El aspirante no es bondadoso pero su soberbia tiene ángel. Y no le importa la pesada pugna del bien y el mal.

Hace todo de tal manera que parece un ser ardiente. Su corazón corre de boca en boca, y a él le interesa que esto ocurra.

Fomenta el amor entre las gentes; con un refinamiento peligroso propone el bienestar, inventa modos, tiene amigos.

Pues sabe lo que sus palabras valen y las entrelaza de tal manera que parece pródigo con ellas.

Pero las que dijo ayer pierden hoy todo sentido y él se ríe y hace que los demás se rían de ellas. Aunque cada ocasión sabe y recuenta lo que ha perdido.

Y es capaz de hacer a un lado cualquier gesto bello, cualquier medida austera, cualquier programación ética y coherente.

Porque no quiere más lazos que los que pueda arrojar hacia el futuro; como si fura audaz, como un valiente.

Ilusorio domingo, fiesta íntima,
que días los que hemos de pasar;
tendremos una casa que parecerá una flor
y comeremos mieles exquisitas todo el tiempo.

El aspirante a la riqueza, pues, carga la tierra en una mano, y con la otra, a su pesar, detiene el cielo.

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Aguas con el Zócalo

Posted by aura en Viernes, 15 febrero, 2008

La carcasa, el armazón es lo que me despertó, lo que me duele; si pudiera voltearme y acomodarme sobre el otro costado estoy seguro de que lograría seguir durmiendo pero voy a tener que esperar a que se ablanden los huesos y se les afloje la carne que tienen apretada alrededor para poder echarme otra pestaña. Dormí cuatro horas seguidas en blandito y una más como montado en mula serrera que me llevaba a los tropezones y jaloneos hasta que ya no quise y me levanté. Le estaba dando vueltas con cierto regodeo al tema del Zócalo de la ciudad de México. La primera heterodoxia que se me ocurrió cuando participé en el primer gobierno democrático del D.F. fue organizar un baile público y gratuito con Celia Cruz. ¿Ya preguntaste si se puede bailar ahí?, me dijo una colega de alta jerarquía política sorprendida por mi ocurrencia. ¿Y quién nos lo va a impedir si el gobierno somos nosotros?, le contesté. No, pero cerciórate de que no haya restricciones constitucionales o limitaciones del uso para ceremonias oficiales. Así nos tenía acostumbrados el PRI; la ciudad y el país estaban enajenados, había que pedir permiso para usarlos. O eso era lo que nos habían grabado en lo profundo del alma.

Mucha gente no se acercó a este primer concierto porque creyó que era una tomadura de pelo, que se trataría de alguna imitadora de la cantante, pero corrió la voz de que sí era cierto y los conciertos se fueron llenando de todo ese mundanal que había sido siempre testigo de los grandes espectáculos internacionales que pasan por la ciudad pero a los que no tiene acceso porque las entradas más baratas cuestan lo de varios días de salario mínimo. Sí hay, pero no para mí, era la sensación colectiva en muchos millones de capitalinos. Luego ampliamos el espectro y comenzamos a hacer grandes exposiciones, presentaciones de poetas, ferias del libro y celebración de fiestas populares. La plaza se transformó, por obra y gracia de su uso real en un centro cultural de ingentes proporciones; mucho más que un estadio o que el auditorio más choncho que haya. El siguiente gobierno deshizo la infraestructura que armamos y cambió el signo de las presentaciones de artistas; al carecer de una política cultural propia se las cedió a los promotores comerciales, pero continuó usando el espacio como centro de cultura.

El actual ha tenido una visión más moderna y de mejor marketing; llegó al colmo de armar una pista de hielo gratuita para los capitalinos o de montar allí algún congreso internacional al aire libre. Su vocación cultural organizada y madura está entrando a los cánones modernos. Pero ya saltó la liebre. Ayer una senadora del PRI presentó una iniciativa para que el Zócalo pase a ser jurisdicción del gobierno federal. Puede ser una batalla dura y encarnizada, sobre todo si quienes defiendan la posición del gobierno de la ciudad lo abordan desde un punto de vista de política territorial y luchan con las puras armas institucionales. Se trata de una batalla de más calado; una batalla de la ciudad contra su clase política y el uso patrimonial del país. Hay que tomar en cuenta a la gente y hacerla entender lo que está en juego. Hasta ahora es un espacio ganado, de alta carga simbólica; simplemente hay que reforzar su uso con un programa fuerte de política cultural que la ciudad comprenda y asimile como propio y ella lo defenderá. Y luego dicen que la cultura es suplementaria.

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Los viejos

Posted by aura en Viernes, 15 febrero, 2008

LOS VIEJOS

Van acabando a gritos como las aleluyas que cantan los coros infantiles.

Los ojos se les hacen blancos y plomizos y ya no tienen vuelta ni regreso.

Sus lenguas son flechas torpes a las que ninguna casualidad haría volver al arco. Y sus mandíbulas, un poco ridículas, se mueven solas.

Pero quisieran siempre estar hablando, explicando, detallando, con las paredes, con los muebles, con los otros hijos.

Y renuevan constantemente sus anécdotas, un poco heroicas y morales, como si volvieran a vivir.

Se desplazan con voracidad pasmada porque ya han corrido a todo encuentro posible y han atinado ya y fallado hasta encontrarse hastiados. Ah.

Han dormido lo menos que se puede, presintiendo cómo lo que ya dormirán no es sueño sino algo secundario.

Y en ello dan vueltas vertiginosas enredados en sus propios hilos. Ay.

El vapor, el humo, el gas quemado, el alma –se preguntan– ¿se eleva para volverse a condensar?¿Es así la ley, o sólo es moda pasajera?

Con la utilidad absurda de un timón de barco llevan la ruta. Algunos  lloran en el mar y ellos dirán que tal espuma es suculenta, espiritual, benigna.

Pues como ya son parte definitiva de la tierra, su sabiduría tiene cuerpo y olor y tiende a la bondad involuntaria.

Y sus pies dorados son cada vez más lentos y más bellos. ¿Qué pies hay más en flor que los que se encaminan a la muerte?

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¿Día del amor y la amistad?

Posted by aura en Jueves, 14 febrero, 2008

De veras que es difícil ir haciendo valoraciones constantes que nos permitan entender un poco quiénes somos, o más bien, cómo somos. Ya no digamos las monstruosidades de los pueblos que no tienen estructuras de organización y de poder y se ven zarandeados por los advenedizos que hallan abiertas las oportunidades de ser algo que está confundido entre la fantasía y la enfermedad, herencia del saqueo colonial de todos los siglos; esos tiranos, señores de la guerra, que matan y mandan matar a miles o millones de personas con tal de ser el que posee la capa que a todos los demás da miedo mirar y que apoyados por los peores gobiernos de la tierra, los más ricos, venden barata la riqueza que sus países tienen para comprar armas con que jugar sus espeluznantes juegos. Con qué dolor se ha ido haciendo el mapa de África en las últimas décadas, y si estiramos el cuello, con qué dolor se ha ido haciendo la historia de los hombres sobre la tierra: Songo le dio a Borondongo, Borondongo le dio a Bernabé, Bernabé le pegó a Muchilanga…

Luego, claro, todo el que puede se quiere ir. Y hasta el que no puede; cómo se pone en juego la misma vida para pasar una frontera y buscar en otro lado lo que aquí ya se sabe que definitivamente no hay. No hay trabajo, el trabajo está pagado en mucho menos de lo que vale y no tiene dignidad, no se presta para exaltaciones mínimas de la condición humana, como la que hace que Eumelo, un cuidador de puercos del siglo once o doce antes de Cristo, se nos haga hoy tan entrañable y sobrio en su prístina laboriosidad. Lo que hay son las grandes oleadas de refugiados que pasan por cientos de miles de una desgracia a otra arrastrando sus cadáveres hasta ver en dónde los pueden dejar para que desaparezcan lo más pronto posible. Y con esto hay que mirarnos y valorar lo que somos porque aunque no encontramos cómo hacer algo para enmendar esa aberrante imagen que nos devuelve el espejo, también hacemos todo lo posible por apagar la luz para no verla y que los demás que están cerca no la vean.

En México llevamos décadas negociando con los vecinos para que aprovechen la oferta pero ellos ven claro el peligro y se resguardan. Y en Europa, ahora que hay elecciones en España, el candidato de la derecha propone que se les haga un contrato, como si se tratara de iguales que pueden negociar; un contrato por el que se comprometan a aprender el idioma (hombre, pues si hay escuelas, si hay maestros, si hay tiempo para dedicarlo a aprender, ¿por qué no? Póngale usted que sí acepto. Qué más.), a respetar las costumbres españolas (¡qué extraña condición! ¿en qué consisten las costumbres y qué quieren decir con que las voy a respetar? No entiendo; ¿me lo puede explicar más despacito?) Y en estos despropósitos se va la saliva de lo que debería ser una conversación entre humanos. Y nos miramos al espejo. Qué extraña especie somos, qué incomprensible.

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Ronda de amor

Posted by aura en Jueves, 14 febrero, 2008

RONDA DE AMOR
A Paula de Allende

El colibrí

El colibrí que vuela en la huerta de mi amiga,
como sobreviviente de la belleza, va a morir.
Pero alguien se para frente al árbol padre y
aprieta el click que dejará vivos sus ojos.

El colibrí ni gana ni pierde; se detiene por
fin en la quietud de la copa, maravillado de sí mismo; cierra los ojos y se pone a soñar que recomienza.

El secreto

Hablemos bajo, como el que quiere preservar
algún misterio que juega entre los labios y el
caracol de la oreja.

Que lo que se diga regrese a la garganta
congestionada del que se atreva a hablar.

Un país que no inventó el amor en el momento
preciso, ¿qué bondad puede dar, qué generosidad?

Si el profeta lo dice el alba cae sobre él y
lo separa.

Tierra doblada en partes, tierra escondidiza,
lugar de puros ecos.

(¿Qué ha de decir uno, si entre su nombre y
su destino crece nada más que esta flor,
siempre, siempre a punto?)

Si la patria suavizada, tela de seda blanca
que hubiera de envolver al sol en su
descenso, cada vez que se hace verbo cae
más abajo, ¿para qué seguir sacando peces de
este río?

Hablemos bajo, hablemos horizontalmente,
hablemos como si sembráramos.

La virgen

El poeta escruta la telilla de la virgen,
tiembla, sabe tocarla y retirarse, tiembla,
se sabe hundir retrocediendo porque obedece
al clarín que le sangra los oídos.

El poeta abarca la cintura de la virgen con
una sola mano, y brama, y la otra la levanta
con el puño cerrado.

El poeta acaricia el pezón inmaculado –ay
poeta– y revienta su lascivia en cantos
celestiales.

Resonad, resonad bóvedas; que el más tímido
murmullo se reproduzca en la gran nave hasta
que el poeta ensordezca, hasta que aúlle como
los animales aúllan sin comprender. Que
aúlle hasta el infinito y sus ternezas se
desprendan con dolor de su alma y caigan
como gotas de licor dulce en el corazón
de los que aún esperamos el milagro.

La capitulación

Lo que nos mata no nos esclaviza, otra
cosa es lo que retiene nuestra libertad.

Por eso vámonos dejando arrastrar. Nosotros
no somos los mejores. Capitulemos. La
sangre está nada más para impulsar el
arranque del amor.

¿Quién metería la mano al fuego en contra
de esta pesadilla?

Dejemos dicho que los que tengan alcance
celestial no huyan, que se peguen a la
tierra como a la boca de una amada
insaciable.

Por eso vámonos dejando. Entreguémonos.

El cuerpo

Porque la última belleza, la belleza mayor
–así me muera yo de no serlo– está en el
cuerpo, donde el milagro que nos salva no
tiene el color y la textura de nuestra
imaginación.

El maestro

Ahora doblo la página en ocho partes y en
cada una de ellas pongo alternado su
nombre y el mío.

Se ve bien. Mi pulso anda tranquilo y la
piel de la palma de mi mano se vigoriza.

El maestro me dice que aunque, que la
patria no es esta mezquindad que
acostumbramos; que me asome más hondo.

El que cae de la palabra que usa, cae para
siempre; que me cuide.

Bajo su sombra, ya solo y sin libertad,
oigo pasar caravanas de camellos por mis
venas; ellos llevan la sal, la sorda envidia,
la canalla inclinación a la tristeza.

El sol les unta de manteca el pelo de las
gibas y les apesadumbra el paso. Ellos, con
su felicidad absurda, continúan.

Doblo la página en más partes y recomienzo
con antigua y mordaz caligrafía.

El colibrí

El colibrí oye de cerca el viento. Mientras
hay día hay colibrí. Y a pesar de la
imaginería constante de la naturaleza, a
los ojos del colibrí sólo importan las
flores.

Y canta. Y canta. Porque no tiene redes
con qué apresar la memoria.

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El estanque de los batracios

Posted by aura en Miércoles, 13 febrero, 2008

De todo hay en el estanque. De todo. Ninguna luz le es ajena, ningún matiz omite su secreto, sólo es saber buscarlo y ahí está, lo mismo de color que de tono, de duración que de volumen. Todas las cosas que atañen a los demás y a uno mismo tienen ahí punto de partida, resguardo y sugerencia. Asómate, no más. Has de ver que a veces hierve erizado de temas –seres de todas las dimensiones y condiciones posibles que ahí habitan con naturalidad multiplican el espacio hasta hacérnoslo ver monstruosamente inabarcable- y otras parece un caldo liso, carente de todo prodigio; da un poco de asco imaginarse a uno mismo chapaleando entre esos viscosos líquidos tibios para buscar un tema. Mejor el periódico, la memoria, el radio, la ventana o la incursión en los alrededores; mejor de plano la primera mentira que se nos venga a la cabeza y a desarrollarla como si tuviéramos elementos de sobra para conocerla y tratarla, antes que empaparnos en tales miasmas corruptos de los que no sabemos –aunque siempre parece que no- si saldremos con vida, con salud, con el cucurucho de alegría necesaria para conjurar adversidades y poder llegar al día siguiente.

Pero de algún lado tiene uno que sacar lo que escribe todos los días; ni modo. No siempre están los asuntos formaditos sobre la mesa para que escojas el que más te venga a mano cuando te dispones a trabajar. Ya sabes que tienes un stock de materiales recurrentes y que siempre puedes acudir a ellos, pero allá tú, porque hay cosas que están en juego: tu credibilidad, la simpatía, tu habilidad de encantador. La enfermedad, el clima, la campaña electoral, las bonitas ocurrencias del Papa. Hace mucho, por ejemplo, que no hablo de la cocina, pero si alguien revisa las páginas de las últimas dos o tres semanas se dará cuenta de que ha sido prácticamente imposible desempeñarme en esos menesteres. La vena no está para que corran esas sangres. Y ¿qué?, ¿voy a mentir? Pues mira, sí, si vale la pena, si te lo van a creer y van a ser felices; pero ponerme a mentir para contar de unas croquetas aguadas que no hice o de un champurrado insípido que no consumí no viene a cuento.

En todo caso, y lo dejo para después, tengo pendiente un tema que siempre pasa volando cerca de mí y se me escapa: quiero razonar acerca de la conveniencia de legislar sobre las relaciones familiares. Ahora que andan en la campaña electoral cómo han trapeado con el tema, cada uno asegura que defiende más a la familia. Y yo creo que hay que buscar su punto de desintegración sensata. Por supuesto que la relación padres reproductores-hijos en formación merece toda la atención política, económica y social del mundo, pero hay que ponerle un límite; no puede ser que un hijito que vive con sus papis a los treinta y ocho años decida matarlos porque le invaden su espacio vital, y cosas por el estilo de las que está llena esa prensa horrorosa que tanto aprecian los españoles. Padres, hijos, nietos, hermanos y demás deben tener fecha de caducidad en cuanto a las responsabilidades de parentesco. Otra cosa es el cariño que se tengan, las ganas de verse, el amor, que no tiene modos de medirse…

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Inopinado vasallaje

Posted by aura en Miércoles, 13 febrero, 2008

INOPINADO VASALLAJE

No encuentro dónde poner el grito, ni bote donde líquido echarlo,
ni cajón, ni hoyo de topo, ni capullo, ni bolsillo, ni confesonario;
abro una máscara atrevida que ni vista de cerca ni de lejos es serena;
doy un paso tras otro conteniendo la respiración a duras penas.
Me está ocurriendo todo, la vida y la muerte me suceden de pronto
como carros de heno, como pacas de algodón, todo inflamable, peligroso.
Ay de tantos días perdidos en buscar una campana con sonido brillante.
Ay de tanta molicie corrompida, tanto espérame tantito. Ay, carajo,
me están llegando a la garganta los clavos en que colgué mis años juveniles,
la cresta melindrosa de la fantasía, la purgadísima nostalgia.
Un seco escudo de cuero curtido con sangre, ajo, vinagre y agua sucia
cuelga tras de mi puerta y dice agarra, agarra, defiende tu casa,
tira, ataca, rompe, descuartiza, cava el pozo de limpias aguas,
talla tu cántaro, trenza tu cuerda, distribuye tus tiestos de malvones.

Un jueves me pongo a preguntar y me miro las manos, cabeceo y sudo;
me caen pesados los párpados y a golpes los levanto: ¡a mirar, a mirar!
La turbia, la enojosa mano derecha se me quiere esconder,
no quiere nada con la vida, ni acariciar muros, ni acariciar palomas,
ni acariciar el chorro del agua, ni la tela, ni el ladrillo, ni el musgo.
Mano de parafina, mejor que te derritas;
mano de humo, te soplo; manita consentida, huyo de ti.

La luz de mi señor está encendida; de seguro trabaja por salvarme;
está tallando madera, hilando lanas ásperas para envolverme,
cinglando duros fierros en la fragua de su potente humor,
haciendo, haciendo, con el sueño de mi grito en un ojo de su cara, por     salvarme.
Me asomo y la estufa que da ese calor me compromete, es combustible mi alma;
me voy, me voy; voy a ser llamita, canción con lumbre o fuego eterno.
Y otra vez abro la mano para ver si ya puedo con las duras uñas que me dejé crecer
desbaratar el nudo que tengo en la garganta.

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Sin apetito

Posted by aura en Martes, 12 febrero, 2008

Estoy sin ganas de nada. Desayuné un tazón grande de fruta picada y me lo comí con mucho gusto pero ahorita que me dijo Milagros que qué voy a querer para la comida, me quedé sin respuesta. Nada. No tengo ganas de nada. Apetito no tengo, claro, casi acabo de desayunar, pero deseo, ese animalito que se asoma siempre que hay oportunidad y mirando para todos lados escoge entre lo que se ve y lo que está oculto porque tiene una mirada más penetrante que la memoria, tampoco me da respuesta. ¡Caramba!, siempre hay algo formado en la cola del deseo, posposiciones, despropósitos, vergüenzas incluso, pero ahora no. La voluntad está seca y no lubrica el tubo por donde se asoma el deseo. Claro que me salen muchas palabras asociadas con cosas de comer que me gustan, que normalmente me provocan esa pequeña lujuria que desenvuelve toda su perversidad novelesca en la boca; pero hoy no. Las palabras me surgen, las imágenes, los cortes de carne, los mariscos, las verduras, las legumbres, y todo lo que evoco me resulta atractivo, pero no salen las antenas del deseo a estimular una decisión cualquiera.

Cuántas veces, sin hambre, uno diseña lo que va a querer comer más tarde y conforme se acerca la hora va produciendo esas gotitas ácidas que disuelven la espera; cuando llegan al bocado lo aderezan con la convicción de que se está comiendo lo mejor del mundo. Los incontables antojitos de la cocina mexicana que ya puedo pedirle a Milagros sin miedo de que no me entienda a qué me refiero y hasta de que le queden ajenos al gusto ortodoxo, tampoco son hoy el cuero del tambor que pudiera vibrar para entusiasmarme. ¡Válganme las ánimas del Purgatorio!, me he quedado sin apetito y sin deseo. Eso debe ser antesala de la muerte. Cuando ya la voluntad alza las patitas y se queda quieta esperando a que le acaricien la panza sin la excitación nerviosa que la tiene siempre en vilo. En ese estado en el que ya te da lo mismo la aseveración de este Papa que la del anterior: no hay Infierno, decía Wojtyla; el Infierno no es un lugar sino un estado de nuestra conciencia; no, cómo chingaos no, acaba de decir Ratzinger, me canso que hay Infierno, con llamas y castigos, como el de antes. A veces cierran las criptas y catacumbas secretas del Vaticano para que Papas vivos y muertos se trencen con inusitada violencia en discusiones tan trascendentes como esta. Es lo que mantiene viva la religión.

Pero la cosa es que yo sigo sin querer nada especial para la comida de hoy. Milagros no ha regresado del mercado; todavía falta el secreto estímulo de su intuición. Pero lo que me estoy sospechando, sobre todas las cosas, es que ya sin un mezcal o sin un tequila, sin un ron o un coñac, sin el pórtico sangrante del vino, todo ha perdido encanto, todo es paja y borra de relleno. ¿Qué voluntad, qué apetito, qué despliegue volitivo puede salirse del puro reino animal y entrar en la fantasía si están sustituidas en la dieta esas armas poderosas de guerrero vital por agüita de limón o de jamaica? El consuelo que me queda es que en dos o tres días, cuando haya pasado el efecto de la quimio, puedo volver a intentarlo como el alquimista que regresa una y otra vez a su laboratorio seguro de que encontrará algún día la piedra filosofal que lo convierta todo en oro.

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Causas y efectos de la dolorosa vaguedad

Posted by aura en Martes, 12 febrero, 2008

CAUSAS Y EFECTOS DE LA DOLOROSA VAGUEDAD

Estos fueron los hechos:

mi boca fue pulida para el martirio, como una virgen de mármol cuyos     dolientes senos debieran de servir de altar de sacrificios.

En ello mi voluntad no tuvo parte.

Muy corazón mío, dilo de frente: si voluntad tuvieras otras cosas harías y no versos.

Mi boca fue pulida para el sacrilegio. Da en inventar, inventa, como si faltara hegemonía en el grupo a que pertenece.

Y pulida fue también para la dicha: ábrase la puerta y aparezcan las damas de la corte todas vestidas de azul y rosa y en medio un arco de oro triunfal.

Estos fueron los hechos.

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